EL MUNDO › SANGRIENTA RECONQUISTA POR EE.UU. DEL PRINCIPAL BASTION DE LOS REBELDES EN IRAK

Cayó Faluja, la pena es que ya no existe

Organizaciones humanitarias advertían de una situación de catástrofe en Faluja, retomada a sangre y fuego tras una ofensiva norteamericana y combates casa por casa que duraron seis días. Mil rebeldes habrían muerto y se temen gravísimas bajas civiles.

Por Kim Sengupta y Raymond Whitaker *

La victoria de la batalla por Faluja estaba siendo declarada ayer con informes de 1000 rebeldes muertos, cientos de detenidos y espectaculares tomas de televisión mostrando a los marines entrando a barrios desiertos. “Son como esas fotos del avance sobre Bagdad”, dijo un televidente mientras la cámara mostraba la vista por encima del hombro de un tanquista y el fuego de las armas caía sobre una calle vacía. Pero ese comentario inconscientemente identificaba el problema verdadero: más de un año después de que George Bush declarara el fin de las grandes operaciones de combate en Irak, el ejército norteamericano, apoyado por fuerzas británicas e iraquíes, está peleando la guerra de nuevo.
Ayer, mientras las fuerzas norteamericanas se embarcaban en lo que fue descripto como operaciones de limpieza en Faluja –a pesar de que todavía se informaba de que había disparos de artillería pesada–, organizaciones humanitarias advirtieron de un desastre humanitario en la ciudad. “Las condiciones en Faluja son catastróficas”, dijo Fardous al-Ubaidi, de la Media Luna Iraquí. El ministro de Salud iraquí, Alaa Alwan, dijo que las ambulancias habían comenzado a transferir “cantidades significativas” de civiles heridos a hospitales de Bagdad, aunque no dijo cuántos. Washington y el gobierno interino iraquí podrían argumentar que los civiles en Faluja tuvieron muchas advertencias de lo que iba a ocurrir. Más del 80 por ciento de una población de 200.000 a 300.000 personas habría huido antes del asalto del lunes. Pero bastantes informes que salieron con cuentagotas de la ciudad sitiada demuestran que muchos habitantes se quedaron, a pesar de ser invisibles para las cámaras de televisión, y que su situación es muy difícil.
Aamir Haidar Yusouf, un comerciante de 39 años, sacó a su familia de Faluja, pero se quedó para cuidar su casa, no solamente durante los combates, sino también por los saqueos que invariablemente ocurren después. “Los norteamericanos disparan a los edificios aunque solamente vean pequeños movimientos”, dijo. “También destruyeron autos, porque piensan que cualquier auto tiene una bomba adentro. La gente se ha mudado de la periferia de la ciudad al centro y se está quedando en las plantas bajas de los edificios. No quedará nada en Faluja para cuando terminen. Ya han destruido tantas casas con sus bombardeos aéreos, y ahora tenemos esto desde tanques y armas pesadas.” Los comandantes norteamericanos insisten en que las bajas civiles en Faluja han sido pocas, pero el Pentágono, como es tristemente sabido, dice que no las está contando. Los habitantes que escaparon describieron incidentes en los que no combatientes, incluyendo mujeres y niños, murieron por metralla o fueron alcanzados por bombas. Se informó de un caso esta semana de un niño de nueve años que fue herido por metralla en el estómago. Sin poder llegar a un hospital, murió desangrado horas después.
“Es probable que cualquiera que sea herido se muera, porque no hay medicamentos y no se puede llegar a los médicos”, dijo Abdul-Hameed Salim, un voluntario de Media Luna iraquí. “Hay francotiradores por todos lados. Si salís te disparan.” Sami al-Jumaili, un médico del principal hospital de Faluja que escapó de ser arrestado cuando fue tomada la instalación, dijo que la ciudad se estaba quedando sin insumos médicos y que solamente quedaban abiertas unas pocas clínicas. “No hay un solo cirujano en Faluja”, dijo. “Una ambulancia fue atacada por fuego norteamericano y un médico resultó herido. Hay cientos de civiles heridos en sus casas que no se pueden mover. Un niño de 13 años acaba de morir en mis brazos.”
Alrededor de 10.000 personas se refugiaron en Habbaniya, 20 kilómetros al oeste de la ciudad, y tenían muchas historias trágicas que contar. “Hubo mucha gente inocente que murió”, dijo Suleiman Ali Hassan, quien perdió a su hermano. “Los norteamericanos dicen que solamente apuntan sus tanques y aviones a los mujaidines, pero yo sé de al menos otras ocho personas quemurieron junto a mi hermano.” Samira Sabbah llegó al centro de refugiados ayer con sus tres hijos, pero su marido se quedó en Faluja. “La gente está viviendo como animales”, dijo. “No hay electricidad, no hay comida ni agua. Teníamos mucho miedo de irnos porque hay disparos por todos lados. No sé cómo viviremos ahora.” Rasoul Ibrahim, padre de tres, huyó de Faluja a pie con su esposa e hijos. “No hay agua”, dijo. “La gente está tomando agua sucia. Los niños se están muriendo. La gente come harina porque no hay comida.” Mohammed Younis, un ex policía, contó: “Los norteamericanos y Allawi (Iyad Allawi, primer ministro interino de Irak) están diciendo que Faluja está lleno de combatientes extranjeros. Esto no es cierto, se fueron hace mucho tiempo. Los podrás encontrar en otros lugares, en Bagdad”. La veracidad de sus palabras fue confirmada por nada menos que el asesor de seguridad nacional de Allawi, Qassem Daoud, quien dijo que más de 1000 “saddamistas y terroristas” murieron en la batalla por Faluja y que 200 fueron capturados. De esos 200, sin embargo, se cree que solamente 14 no son iraquíes, en su mayoría iraníes. ¿Y qué pasó con Abu Musab al Zarqawi, el cuco más grande de Washington en Irak, el architerrorista de Al Qaida cuya supuesta presencia en Faluja fue una de las principales justificaciones para el asalto? “Escapó”, dijo Daoud.
Esta es la primera admisión oficial de lo que prácticamente todo el mundo en Irak notó hace tiempo: que Al Zarqawi, aun si alguna vez estuvo en Faluja, no iba a quedarse a esperar que los norteamericanos lo arrestaran. Cada vez que el gobierno interino pedía que los líderes del clero de la ciudad lo entregaran, ellos insistían en que no tenían el poder de entregar a extremistas extranjeros y que ni siquiera sabían dónde estaba el jordano.
Volvieron a repetirlo después de un ultimátum final del propio Al Allawi el fin de semana pasado. El asalto siguió adelante de todas maneras, como todos sabían que ocurriría, a pesar de que un alto oficial norteamericano dijo mientras comenzaba que era probable que la mayoría de los “combatientes extranjeros” ya se hubieran ido. ¿Entonces contra quién combatieron los norteamericanos? Según Daoud, casi todos serían “saddamistas” –en otras palabras, iraquíes cuyo principal motivo es luchar contra la ocupación, y no “terroristas”, que presumiblemente venían de afuera para forzar a los habitantes a cometer actos de resistencia en contra de su propia voluntad–.
A pesar de que oficialmente el gobierno interino iraquí fue el que ordenó el ataque, la estrategia militar todavía está a cargo de una Casa Blanca obsesionada con “sacar a los terroristas de sus agujeros”. Faluja ha sido víctima de este concepto erróneo de lo que está ocurriendo en Irak, pero otras ciudades seguirán –tal vez Mosul, que ayer se informó que estaba en parte bajo control de los rebeldes, o Ramadi, donde están muchos de los duros que huyeron de Faluja–.
Estados Unidos simplemente no tiene suficientes fuerzas para pacificar todo el centro sunnita de Irak a la vez, lo cual explica por qué se le solicitó a Gran Bretaña que enviara su regimiento Black Watch al norte. “En cuanto apretamos en un lugar, aparecen en otro lugar”, se quejó un oficial, hablando de una serie de ataques a pequeña escala ayer en lugares donde había menos tropas norteamericanas por el asalto a Faluja.
Sin dudas, la ciudad fue la base para muchos de los coches bomba y combatientes que llevaron a cabo ataques en el centro de Irak en los meses recientes, pero la principal razón por la que se convirtió en esto fue por el resentimiento causado por el intento previo de ganar los corazones y las mentes por medios militares –el asalto norteamericano que salió mal en abril–. En términos militares, esta operación ha sido más exitosa, pero políticamente será tan desastrosa como la anterior, que alimentó la actual insurgencia.
Uno de los principales grupos populistas sunnitas, el Partido Islámico Iraquí, ha renunciado al gobierno, en protesta por la batalla de Faluja. “El ataque norteamericano a nuestra gente en Faluja ha llevado y llevará a más muertes y genocidio sin piedad de los norteamericanos”, dijo su líder, Mohsen Abdel-Hamid. La Asociación de Académicos Musulmanes, un grupo influyente de clérigos sunnitas, está llamando a un boicot a las elecciones planeadas para enero, diciendo que serán celebradas “sobre los cadáveres de los muertos en Faluja y la sangre de los heridos”.
Incluso el presidente Bush admite que la violencia probablemente aumente en vez de declinar a medida que se aproximan las elecciones. Pero mientras las fuerzas norteamericanas contemplan lo que queda de Faluja, algunos recordarán las palabras de un oficial norteamericano parado entre las ruinas de Hue en Vietnam una generación atrás. “Para salvar la ciudad –declaró sin un dejo de ironía– tuvimos que destruirla.”

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.
Traducción: Ximena Federman.

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Marines estadounidenses con los cadáveres de dos presuntos combatientes en Faluja.
Más del 80 por ciento de una población de 200.000 a 300.000 personas habría huido antes del asalto.
 
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