EL MUNDO › OPINION

El plan de los sunnitas

 Por Robert Fisk *
desde Beirut

Por primera vez, uno de los principales grupos insurgentes de Irak estableció los términos del cese del fuego que permitiría a las fuerzas estadounidenses y británicas dejar el país que invadieron hace cuatro años. Los actuales términos serían imposibles de cumplir para cualquier administración de Estados Unidos, pero las palabras de Abu Salih Al Jeelani, uno de los líderes militares del Movimiento de Resistencia Iraquí Islámico sunnita, demuestra que los grupos que se han cobrado más de 3000 vidas estadounidenses están discutiendo activamente la apertura de contactos con el ejército de ocupación.

El grupo Al Jeelani, que también se llama a sí mismo “Las Brigadas de la 20ª Revolución”, es el ala militar de la original organización insurgente que comenzó sus feroces ataques a las fuerzas estadounidenses poco después de la invasión de 2003. La declaración por lo tanto es de gran importancia, aunque claramente representa sólo la opinión de los combatientes musulmanes sunnitas. Las exigencias incluyen la cancelación de toda la Constitución iraquí –seguramente porque este documento les da las áreas petroleras a los chiítas y a los kurdos, pero no a la comunidad sunnita, que es minoría–. Pero los sunnitas siguen siendo los principales enemigos de Washington en la guerra iraquí.

“Las discusiones y las negociaciones son un principio en el que creemos para superar la situación de sangría que hay en Irak”, dijo Al Jeelani en una declaración al The Independent. “Si los estadounidenses quisieran negociar su retiro de nuestro país y dejar que nuestra gente viva en paz, entonces negociaríamos sujetos a condiciones y circunstancias específicas”. Al Jeelani sugiere que las Naciones Unidas, la Liga Arabe o la Conferencia Islámica podrían dirigir esas conversaciones y deberían garantizar la seguridad de los participantes. Luego vienen las condiciones:

1) La liberación de 5000 detenidos en prisiones iraquíes como “prueba de buena voluntad”.

2) Reconocimiento “de la legitimidad de la resistencia y de la legitimidad de su rol para representar la voluntad del pueblo iraquí”.

3) Un programa internacionalmente garantizado para todos los acuerdos.

4) Las negociaciones tendrán lugar en público.

5) La resistencia “debe estar representada por un comité formado por los representantes de todas las brigadas yijadistas”.

6) Los estadounidenses serán representados por su embajador en Irak y el comandante estadounidense de mayor rango.

No resulta difícil ver por qué los estadounidenses objetarían estos términos. No querrán hablar con hombres a los que describieron como “terroristas” durante los últimos cuatro años. Y si alguna vez concedieran que la “resistencia” representaba “la voluntad del pueblo iraquí”, entonces su apoyo al gobierno electo iraquí habría sido inútil. Por cierto, el líder insurgente específicamente llama a la “disolución del actual gobierno y la anulación de las elecciones espurias y de la Constitución”. También insiste en que todos los acuerdos hechos previamente por las autoridades iraquíes o las fuerzas estadounidenses deberían ser declarados nulos.

Pero hay otros puntos que muestran que debe haber habido una considerable discusión dentro del movimiento insurgente –posiblemente involucrando al rival del grupo, el Ejército Islámico iraquí–. Piden, por ejemplo, el desbande de las milicias –algo que el gobierno de Estados Unidos le ha estado rogando al primer ministro iraquí Nouri al Maliki que haga durante meses.

Los términos también incluyen la legalización del antiguo ejército iraquí, un compromiso anglo-estadounidense para reconstruir Irak y reconstruir todo el daño causado por la guerra –algo que las potencias ocupantes dicen que han estado tratando de hacer por mucho tiempo– e integrando a “los combatientes de la resistencia” en el ejército recompuesto.

Al Jeelani describió los nuevos planes del presidente George W. Bush para contraatacar a los insurgentes como “chicanería política” y añadió que “en el campo de batalla no creemos que los estadounidenses sean capaces de disminuir la capacidad de los combatientes de la resistencia para continuar la lucha para liberar a Irak de la ocupación. Los grupos de resistencia no están cometiendo crímenes para obtener el perdón de Estados Unidos, no estamos buscando pretextos para cesar nuestra Yijad. Luchamos por un objetivo divino y uno de nuestros derechos es la liberación y la independencia de nuestra tierra de Irak. No habrá, dice el grupo, negociaciones con el gobierno de Al Maliki porque “lo consideran cómplice en la matanza de los iraquíes a manos de las milicias, del aparato de seguridad y de los escuadrones de la muerte”. Pero piden la unidad para Irak y dicen que “no reconocen las divisiones entre el pueblo iraquí”.

No es difícil adivinar la respuesta estadounidense a estas propuestas. Pero los contactos del FLN con Francia durante la guerra de independencia de 1954-62 comenzaron con una serie de exigencias igualmente imposibles de cumplir pero que eventualmente se convirtieron en propuestas reales para una retirada francesa. Lo que no resulta claro, por supuesto, es hasta qué punto la declaración de Al Jeelani representa las ideas colectivas de los insurgentes sunnitas. Y ninguna mención se hace de Al Qaida.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

Traducción: Celita Doyhambéhère.

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