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Qué es de la vida de... Susana Decibe

La ex ministra de Educación del gobierno de Carlos Menem hace nueve años que está alejada del poder pero no puede, ni quiere, alejarse de la política: está escribiendo una non fiction sobre las reformas de los ’90. Habla habitualmente con el polémico secretario de Comercio, Guillermo Moreno, y alguna que otra vez con el ex presidente Néstor Kirchner.

 Por Alejandra Dandan

Hace tiempo que está tratando de convertir al menemismo en una novela, como si allí se le jugara algo. Como enfrascada en uno de sus temas de educación, ahora estudia la non fiction, consulta a Vicente Batista y entrevista a antiguos compañeros detrás de diálogos, climas y escenas que le permitan hablar en carne viva, dice, de las reformas menemistas de los noventa.

“Siento que es una deuda que tengo”, dice Susana Decibe, ex ministra de Educación. “Todo el mundo me decía que tenía que escribir algo y eso me alimentó una especie de deuda: sé que debo dar testimonio de esa gestión y pensé que iba a hacerlo con una novela para que cualquiera sienta que la gente que está ahí adentro también es de carne y hueso, con sus fracasos y miedos.”

Decibe dejó el Ministerio de Educación en 1999, en el siglo pasado, para situarlo claramente. Aun así, todavía se horroriza ante la sospecha de que cualquiera pueda poner su nombre en una especie de antología menemista donde sólo abundan los malos. Decibe renunció a su cargo cuando Carlos Menem hizo un recorte del presupuesto para Educación destinado, según la ex ministra, a los fondos provinciales y pensados para financiar las reformas de la entonces nueva Ley Federal de Educación. La ley duramente criticada y cuestionada por vastos sectores de la comunidad educativa para la ex ministra aún es un instrumento insuperado. Y cuyo principal problema fue, justamente, la falta de tiempo.

“En realidad, mi renuncia era la manera de demostrarle a la comunidad educativa –dice– la seriedad y el compromiso que teníamos con la reforma y renunciamos cuando el gobierno nos dejó desfinanciados. Todavía cuando lo pienso, me parece una película: porque yo pensaba en esta cosa heroica de la renuncia, heroica también porque nos sosteníamos en un gobierno donde nos costaba bastante sostenernos porque yo no compartía la política económica y se los decía abiertamente. Pero fue un acto de heroísmo que con el paso del tiempo me di cuenta que era muy ingenuo.”

Como desde hace 26 años, Decibe vive en la casa de Martínez, pero a lo mejor es una de las pocas cosas que no cambió. Hace seis años se divorció del padre de sus cuatro hijos, y para la misma época abandonó las escapadas a la casa del Tigre. Sumó tres religiosas clases de yoga semanales a sus metódicas tres rutinas semanales de arobics. Hace tenis, aprende tango, estudia acordeón, cocina dulce de zapallo. Habla con Guillermo Moreno, el iracundo secretario de Comercio, cuando está enojada con algo del Gobierno, le escribió una carta a Néstor Kirchner y alguna vez también lo llama por teléfono. En las últimas semanas sus interlocutores no fueron distintos. Pero a la lista le agrega sus más conocidos: Julio Bárbaro, Jorge Sarghini.

Cada una de esas cosas profundizan como un juego los canales fuera de la política que la ex ministra se propuso para estos años, como una tarea irredenta, como un camino imposible.

“Estoy tratando de hacer cosas, pero no dejo de ser un bicho político”, dice. “Puedo trabajar como consultora, como lo hago, pero no es mi vocación: la política cruza todo mi vida y ahora en realidad estoy sufriendo.”

Decibe nació en Bragado un 7 de agosto, 59 años atrás. Hasta la vuelta de Perón de 1973 era parte de la Juventud Peronista y montonera cuando la organización todavía no había pasado a la opción de la vía de las armas. Como trabajaba de administrativa en la obra social del gremio de la carne, buscó la forma de crearse una figura gremial como para poder fogonear desde adentro la construcción de una federación capaz de disputarle el poder a los “malos” como Lorenzo Miguel. En ese momento militaba en la JTP, y cuando llegó el golpe de Estado la secuestraron en la ESMA.

El menemismo la expuso ante la opinión pública, en ocasiones para sus peores recuerdos. Primero estuvo como asesora, luego como viceministra del ministro Jorge Rodríguez y luego como ministra en un gabinete en el que Daniel Filmus ofició como jefe de sus asesores. Entre 1999 y el presente hizo de todo para no volver a la política y antes del primer año de ocio se abrió una vía de trabajo con la creación de la Fundación Gestar, una ONG dedicada a estudios, investigaciones y consultorías en las áreas de educación, ciencia y técnica, capaz de haber horrorizado a varios maestros.

“Lo gracioso fue cómo el equipo de las reformas de los ’90 tuvo un rol muy fuerte en el país mientras se daban procesos parecidos en Latinoamérica, y el caso argentino fue paradigmático en ese sentido, fue muy fuerte porque esas políticas hicieron impacto en la región y otros países empezaron a llamarnos.”

Lo gracioso en todo caso es que mientras el país comenzaba a mirar a las políticas de los ’90 y sus ejecutores como a los huevos de la serpiente, varios de los equipos especializados en áreas como descentralización, educación y salud aún eran aclamados en el resto de Latinoamérica. Ella viajó a Paraguay, Bolivia antes de Evo Morales y a Perú, en la debacle del gobierno de Fujimori. En el país, en cambio, intentó diseñar políticas para implementar la ley de educación en Santa Cruz y San Luis, entre otros lugares, pero esa vía de trabajo se le cerró con la crisis.

Como le había sucedido en aquel período de obrera de la carne, antes de la Alianza también formó parte de una de las agrupaciones que se armaba para combatir dentro del peronismo al menemismo. El espacio Nuevo Pensamiento Peronista sumaba por entonces a segundas líneas de gobiernos provinciales y futuros cuadros de Nación. Desde Felipe Solá, Alberto Abad, Hernán Patiño Meyer, Juan Pablo Lolhé, Osvaldo Devries, Juan Carlos Bello y hasta un desconocido Guillermo Moreno. “Vino a la única reunión que se hizo de apoyo a Kirchner, pero se quedó enganchado –dice ella–. La agrupación era un espacio de disidencia con Menem, de discusión, nunca pensamos que la Alianza iba a terminar mal, estuvimos totalmente en contra de la caída de De la Rúa y luego viene el escenario de búsqueda de candidatos nuevos y a mí me gustaba Kirchner, porque me parecía que era el que más respondía a nuestra generación.”

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