EL PAíS › PABLO SCHOKLENDER SE DIFERENCIó DE SU HERMANO ANTE LA JUSTICIA

“Me imputan cosas que hizo él”

En un escrito, Schoklender aseguró que las maniobras con fondos públicos por las que está acusado fueron responsabilidad de su hermano Sergio. También cargó contra Bonafini. El abogado de las Madres señaló que los presuntos desvíos se hicieron a espaldas de ellas.

“Quiero dejar en claro algo que parece obvio pero no lo es: yo no soy mi hermano. Es cierto que durante años permití que se hablara de los hermanos Schoklender como si fuésemos siameses, pero no lo somos”, advirtió Pablo Schoklender en un escrito que su defensa presentó ante el juez Norberto Oyarbide. No era sólo una expresión simbólica, sino una referencia a la causa sobre el desvío de fondos para viviendas sociales por la que está preso: según Pablo, lo acusan de manejos económicos que corrieron por cuenta de su hermano Sergio, en los que también involucra a la presidenta de la Fundación Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini. Una de las cuestiones que más complican al menor de los Schoklender es que por su cuenta bancaria personal pasaron cifras millonarias de cheques para el plan habitacional. El dice que se lo pidieron las autoridades de la entidad. El abogado de la querella de las Madres retruca que todas las maniobras se hicieron a espaldas de ellas.

Pablo Schoklender debía continuar ayer con su indagatoria, pero pidió postergarla por problemas de salud, a los que sumó que quiere estudiar todas “las constancias” en que se basa la acusación en su contra. Igual, presentó un escrito para marcar su posición. Dos cuestiones objeta: que el juzgado lo imputa como organizador de una asociación ilícita (que habría desviado 280 millones de pesos) desde el año 2005, pero él dice que recién en 2009 se sumó al programa Sueños Compartidos, que se ocupaba de construir las casas con paneles móviles. Antes, señala, trabajaba en la creación de una biblioteca de las Madres; se queja, además, de que Oyarbide le negó la excarcelación por actos cometidos por su hermano, como las amenazas contra trabajadores de las obras de la fundación.

“Mi hermano comenzó su relación con la Sra. Hebe Pastor de Bonafini hace casi 20 años, viajó junto a ella por todo el mundo –llenando varios pasaportes– y compartieron infinidad de proyectos y actividades en las que yo jamás participé. Recién hace dos años empecé a tener un papel de relativa importancia dentro de la fundación Madres de Plaza de Mayo”, dice la presentación de Pablo, representado por el abogado Pablo Slonimsqui. “Parece sumamente injusto que se pretenda responsabilizarme por todo el funcionamiento, desde su creación, de la fundación Madres de Plaza de Mayo, cuando está muy claro, pero muy claro, quiénes han sido los protagonistas de esa historia”, agrega. Puntualiza que él no trató con funcionarios, y que sólo se reunió con Cristina Kirchner cuando era senadora y con Daniel Filmus por la creación de la biblioteca. Niega haber firmado convenios o haber gestionado subsidios, algo que trasladó a Sergio y a Bonafini, quienes –dice– firmaron “los primeros contratos con el Gobierno” para construir las viviendas sociales.

Uno de los puntos centrales por los que se acusa a Pablo es porque a su cuenta en el Banco Credicoop llegaron más de 20 millones de pesos que eran para las viviendas. Según su versión, su cuenta fue usada por “expreso pedido de las Madres” ante el cierre de la única cuenta de la fundación, en el mismo banco, frente al “rechazo de 400 cheques por falta de fondos” lo que “derivó en un caos administrativo”. Dice que todo consta en un acta y que se trataba de “evitar” el “colapso” de la entidad. Apuntó a Hebe al decir que hizo una “gestión personal” “ante las autoridades del Banco Central” para abrir cuentas en “los bancos Provincia y Nación”.

De su cuenta, argumentó Pablo en una presentación anterior, se extrajo dinero esencialmente para poder pagar sueldos, ya que el Estado pagaba las obras certificadas. “Todo el dinero que pasó por mis cuentas se aplicó a los destinos que me indicaron expresamente las autoridades de la fundación”, asevera. El abogado de la querella de la fundación, Eduardo Fachal, sostiene que toda la operatoria y el uso de cuentas “se hizo a espaldas de las Madres”. “¿Adónde fue a parar esa plata?”, pregunta Fachal. “En la ruta del dinero los únicos que aparecen son Sergio, Pablo y Alejandro Gotkin, o empresas que ellos formaban. Los cheques los endosaba y depositaba Pablo. Los tres hacían retiros o transferencias o cambios en financieras. ¿Por qué razón las Madres le pedirían a Pablo utilizar su cuenta si ellas podían abrir otras? En ningún lado surge que estuvieran inhibidas. Es que les ocultaron el manejo”, señala. Los juicios ejecutivos y pedidos de quiebra de proveedores, sostiene, también son un legado de la administración en manos de los Schoklender.

Algunos de los cheques fueron depositados en cuentas de las empresas Meldorek y Antártica, utilizadas como pantalla según el juzgado. Hoy tienen que declarar como imputadas dos chicas (de unos veinte años) que trabajaban para Meldorek y que cobraron por ventanilla cifras superiores al millón de pesos. El mismo mecanismo de cobro, dice Fachal, se usó con gente que tiene domicilio en un inquilinato y un comedor comunitario.

Pablo Schoklender cuestionó el modo en que Oyarbide conduce la causa, con un gran cúmulo de documentación sin analizar, lo que le impide –se quejó– defenderse. E insiste en que “el tribunal no ha sabido distinguir” entre él y su hermano. Aunque aclara que la Justicia dirá si Sergio es “penalmente responsable de algo”, insiste en cuestionar: “Me imputan a mí cosas que ha hecho él”.

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Por la cuenta bancaria de Pablo Schoklender pasaron unos 20 millones de pesos que eran para viviendas.
 
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