EL PAíS › CHACHO ALVAREZ ANALIZA LA INTERNA CON DUHALDE Y HABLA DEL FIN DE LA TRANSVERSALIDAD

“Confrontar en la provincia no es algo aislado”

El ex vicepresidente está trabajando en un foro que reúna a los mandatarios latinoamericanos afines con economistas disidentes del mundo. Ve la pelea entre Kirchner y Duhalde en el marco del territorialismo del PJ, un problema para construir instituciones.

 Por José Natanson

Carlos “Chacho” Alvarez llega al bar apurado, pide un yogur y habla entusiasmado de su último proyecto: un Foro por la Democracia, el Desarrollo y la Justicia Social que reúna a Néstor Kirchner, Ricardo Lagos, Luiz Inácio Lula da Silva y Tabaré Vázquez, junto a técnicos e intelectuales progresistas de otros países. “Es un momento oportuno”, sostiene el ex vicepresidente en un reportaje con Página/12, donde también analizó la situación del Gobierno, la muerte de la transversalidad y la interna caliente de la provincia de Buenos Aires.
–Uno de los ejes de su planteo es que las democracias latinoamericanas tienen que construir mejores instituciones. ¿Cree que Kirchner quiere construir institucionalidad? Algunas medidas van claramente en este sentido, como el juicio a la Corte, pero también se lo ha cuestionado por el decisionismo, los superpoderes, el estilo personalista.
–A mediano plazo, Kirchner apunta a algo en lo que no puede incidir mucho, pero que es clave: que la Argentina reformule su sistema político. Kirchner no está cómodo con el Partido Justicialista.
–¿No?
–Yo creo que hay una convivencia forzada, porque tiene que tener un partido que lo apoye. Por otro lado, hay un PJ que, independientemente de cuál sea la identidad programática o ideológica del líder, se verticaliza, siempre y cuando el líder sea exitoso. Es una relación de conveniencia recíproca. Kir-
chner se sentiría más cómodo con una identidad que no se plantee en lo que fue la historia política, sino que dé cuenta de una realidad hacia adelante. Que sintetice tradiciones y divida mejor entre una visión de centroizquierda y otra de centroderecha.
–¿La transversalidad?
–Sí, pero no en términos de articulaciones forzadas para resolver una coyuntura específica, electoral. Una transversalidad en términos de que las ideas organicen conductas. Ese es el gran desafío: si en el mediano plazo el debate de proyectos, la discusión estratégica, de ideas, puede ayudar a sincerar mejor la realidad argentina, hacerla más entendible.
–Que se reformule el sistema de partido y se rompa el peronismo.
–Por ejemplo. En algunas provincias quizás el Presidente tiene más afinidad con un gobernador radical que con el PJ local.
–Pero igual apoya al PJ, como en Santiago del Estero.
–Porque no se le puede pedir al Presidente que tome como principal tema de su agenda el cambio del sistema de partidos. La gente está esperando otra cosa, que mejore la economía, que cree más trabajo. Es difícil. Tiene que hacer equilibrio apoyándose en la base del partido que lo llevó al gobierno y al mismo tiempo tratando de darle una impronta propia. Hay una intención de que dentro del peronismo haya una corriente más visible, más clara, con una mirada distintiva, que contribuya a construir una democracia mejor, con mejores instituciones. Es un proceso abierto.
–¿Cómo van a influir en este proceso las elecciones de octubre?
–En primer lugar, creo que el Presidente va a tratar de garantizar un bloque de diputados más propio y demostrar que no es un presidente de poder prestado, terminar con la idea de falta de legitimidad. En este sentido, octubre corona una etapa de transición. Y luego seguramente tendrá que poner una agenda fuerte, que tiene que ver con la idea de hacia dónde va a la Argentina.
–¿Enfrentar al duhaldismo no es una manera de marcar mejor este horizonte, de acelerar las rupturas, de redefinir mejor el campo político?
–Hay formas. Lo que pasa es que ahí no sólo juega la confrontación política para mejorar la calidad de la fuerza propia, sino también las derivaciones que puede tener esa confrontación. Eso hay que medirlo. Una confrontación en la provincia de Buenos Aires no es algo aislado. Tiene derivaciones, impacta en todos los ámbitos. El Presidente tiene una posición dominante en la provincia porque hoy, por más importante que sea una estructura, si uno tiene un candidato como Cristina domina la situación. El escenario electoral exhibe una debilidad del duhaldismo. Una posibilidad es que eso lleve a la ruptura. La otra, que el Presidente demuestre que tiene el liderazgo sin llegar a una ruptura, que puede tener consecuencias negativas en otros ámbitos del Gobierno. Eso lo tendrán que medir los actores. El Presidente tiene una posición ventajosa. Hay que ver si la hace jugar llevando la tensión al máximo o demostrando que lidera la renovación.
–¿Por qué fracasó la transversalidad?
–Era muy difícil. Tomemos el caso de Hermes Binner, una de las figuras más importantes de ese proceso. Binner puede tener algunos acuerdos con el Presidente, pero a la hora de discutir el poder, que se dirime en las elecciones, tiene que enfrentar al partido del Presidente. La política está muy territorializada. Antes uno podía decir que se sacrificaba tal rivalidad provincial por una estrategia nacional, pero eso implicaba debates nacionales, proyectos nacionales y liderazgos nacionales. Hoy no hay nada de eso. La transversalidad era una confederación de líderes de centroizquierda sumables a un conjunto de liderazgos radicales y peronistas que estaban por fuera de la estructura.
–¿El centroderecha está desaprovechando la oportunidad que abrió el giro del peronismo al centroizquierda?
–La vacancia política aparecería en un proyecto que podría denominarse liberal-democrático. Lo que pasa es que los que lo protagonizan no tienen un compromiso fuerte con las instituciones. El descubrimiento de la institucionalidad por parte de la derecha es tardío. Y además hay una interna no resuelta. No están intentando ser actores de este proceso. Están mirando lo que hace Kirchner desde la tribuna. Comentan las iniciativas del Presidente y esperan el momento electoral para ver quién, de los pequeños grupos constituidos, tiene unos votos más que el otro. Después aparece la crítica por la hegemonía del Gobierno. Claro, eso es así porque no aparece nada del otro lado. Hay un hemisferio no peronista importante, al menos un 30 por ciento, que no se articula. No hay un PRI mexicano que impida construir, que arme una dictadura de partido único. Ese es el discurso entre el lloriqueo y la impotencia de algunos opositores.
–Lo que pasa es que el PJ se fortalece e incluso en algunas provincias se presenta dividido, como oficialismo y oposición.
–Bueno, pero nadie puede creer que si va Kirchner por un lado y Duhalde por otro es porque lo pactaron. O que Rovira y Puerta pactaron su ruptura.
–Pero, aún sin pactarlo, el peronismo es un campo político que se amplía. ¿No hay riesgo de que ocupe todo el espacio?
–Eso dependerá también de si hay sectores que no son del justicialismo con capacidad para articular un proyecto. Esto habla de un sistema político que garantiza gobernabilidad, pero que también se abre. Creo que son datos positivos, no negativos. Esas rupturas no son pactadas para llevarse todo, son conflictos reales.
–El tema es si esas rupturas son consecuencia de una división programática o si son, en cambio, sólo posicionamientos electorales.
–Bueno, quizás en un primer momento sean cuestiones de candidaturas que luego se estabilicen en divisiones más definidas.
–¿Se puede construir un proyecto común en Latinoamérica o la situación actual es sólo la coincidencia de algunos presidentes que se llevan bien?
–Hay un acuerdo genérico, de valores, que se podría situar en el horizonte del centroizquierda. Respetando las realidades nacionales, eso tiene que intentar transformarse en una visión común del desarrollo de la región. Así como la derecha en los ’90 en América latina estableció un horizonte, planteó una utopía, un lugar hacia donde ir, una visión sobre la modernización, el centroizquierda tiene que construir un relato propio. Eso es lo que vamos a tratar de discutir en el foro que estamos tratando de organizar. La idea es hacer una reunión preparatoria este año para que empiece el que viene. Vamos a juntar a Kirchner, Lula, Lagos y Tabaré, traer economistas heterodoxos de Europa y Estados Unidos.
–¿Y eso qué significa?
–No una ontología latinoamericana, como dicen los filósofos, un sujeto latinoamericano, sino un modelo de desarrollo. En los ’60 la Cepal logró construirlo. Y hoy se puede hablar del modelo de desarrollo europeo, del modelo del Sudeste Asiático. Atravesamos una crisis de paradigma y es un momento oportuno para discutir todo esto. Hay buenas condiciones para hacerlo en términos de los cuatro presidentes, de una región en la que una mayoría busca una alternativa que construya mejores instituciones, crecimiento económico sostenido y una mejor distribución del ingreso.
–Esas tres condiciones –solidez institucional, desarrollo económico y mejoras en la redistribución del ingreso– rara vez se dan juntas.
–Nunca se dieron juntas en ningún país de Latinoamérica. Hubo procesos de reformas sociales fuertes, como el peronismo, con déficit institucionales, falta de pluralismo, una república de baja intensidad. Hubo procesos de democracia y crecimiento económico pero con una mala distribución del ingreso, como en Chile. En Brasil hubo desarrollos económicos muy fuertes, pero es el sexto país más injusto del planeta. Es necesario buscar un horizonte para la región, que no está claro: en Brasil, el último PT descansaba en una visión neodesarrollista, de capitalismo industrial, y hoy tienen una discusión abierta. En Chile hay una necesidad de pasar de un Chile confiable y predecible a uno justo. Argentina resolvió heterodoxamente cómo enfrentar el tema de la deuda pero, solucionado eso, empiezan a aparecer los problemas recurrentes de la economía, que se suman a las demandas reprimidas y al debate en torno de cómo se redistribuyen los frutos del crecimiento. Es un centroizquierda que ayuda a construir mejor democracia y mejores instituciones. Y no es sólo una cuestión formal. La construcción institucional es clave para lograr que las reformas se vuelvan perdurables.

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Alvarez ve a Kirchner intentando reformular el sistema político porque “no está cómodo en el PJ”.
 
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