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Charly cumplió el sueño de ser Rey de la Rosada

La estrella de rock se reunió con Néstor Kirchner y le agradeció el respaldo del Gobierno a los artistas. Después ofreció un recital en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno y brindó una conferencia de prensa cargada de ironías y buen sentido de humor.

 Por Diego Schurman

–Idolo –lo recibió con los brazos abiertos desde el otro extremo de su despacho.
No es fácil sacarle esas palabras a Néstor Kirchner. Pero Charly García logró emocionarlo.
–Me va a venir a escuchar cómo toco el Himno ¿no? –lo invitó el músico con movimientos eléctricos, mientras acercaba su desgarbada humanidad hacia la del mandatario.
Y ahí nomás, los dos flacos, uno elegido Presidente y el otro autoproclamado Rey de La Rosada, se fundieron en un abrazo. Fue el preámbulo de un recital de una hora y media, en el que el máximo exponente del rock nacional deleitó a un público en un escenario por donde nunca había transitado: la Casa de Gobierno.
Charly llegó en una limusina blanca conducida por Roberto Edgar, del grupo Volcán, aquel que popularizó “que llore, que llore, esa malvada...”. En la explanada de la Casa Rosada lo recibió Miguel Núñez, el vocero presidencial y organizador del ciclo Música en el Salón Blanco.
Hubo un muy breve encuentro con Kirchner, donde intercambiaron saludos afectuosos. Y a pesar de la invitación de Charly, el mandatario desistió de presenciar el recital para que nadie lo confunda con propaganda política. El jefe de Gabinete, Alberto Fernández, testigo del diálogo, tomó la misma decisión.
Entonces Charly enfiló hacia la sala de conferencias. Con saco y pantalón negro y una camisa blanca coloreada con pintura, se sentó delante de los micrófonos, puso cara de pícaro y susurró ante los periodistas: “Muchachos, entremos por abajo, en el sótano, que ahí está la caja fuerte”.
–¿Qué le dijo K? –le preguntaron.
–Es un fan mío. Ese es un karma nacional. Soy un icono. Yo soy parte de la generación de él, por algo es fan de mi himno. Pero que yo esté acá habla bien de un gobierno que tiene la humildad de reconocer que la historia la hacen los artistas.
Aseguró que le regaló a K un brazalete con la S de “Say No More” dorada, “el Say No More presidencial”, diferente a las rojas con vivos blanco y negro que suele utilizar en todas sus presentaciones. Se trata del slogan “No digas nada” de su cofradía artística.
–¿Sos menemista? –lo apuró un periodista, recordando sus visitas al ex presidente en la residencia de Olivos.
–No, yo no soy menemista, soy radical. Yo creía que K era radical ¿No es radical?
Se rió con ganas, entrecerrando los ojos, que resguardaba detrás de unos anteojos rectangulares de carey. “Después de los militares –se vio en la necesidad de aclarar– considero que mi contribución está hecha y soy mucho mejor.” A los saltos partió hacia el Salón Blanco.
Pidió de beber. Le acercaron agua y otro líquido color té. “Señor Presidente...ministros...alumnos”, arrancó con voz engolada, simulando un discurso protocolar. Al costado del teclado una imagen de la Gioconda con la inscripción “Kill Gil” (una deformación de Kill Bill, la película de Tarantino), el sobrenombre con el que se presenta en sus giras por el interior.
Con los primeros acordes de “Estaba en llamas cuando me acosté” comenzaron los aullidos. Siguieron: “Y el amor espera”, “Desarma y sangra”, “Demoliendo hoteles” y “Promesas sobre el bidet” y “Aledonia”. Casa tanto, Charly levantaba un cartel y todos lo festejaban. Escrito con marcador, decía, sencillamente, “aplausos”.
En primera fila, lo aplaudió emocionada Estela de Carlotto. La presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo después le hizo llegar un mensaje revelando la devoción de su hijo por él. Muy cerca del escenario también se vio a Fabián Falco, vocero de YPF. Ambos se pusieron de pie con el riff de “Rock and roll yo”.
De la hiperkinesis a la serenidad. “Permiso”, dijo Charly, quitándose el saco. Y trocó teclado por guitarra. “No seré Beethoven pero ando bien ¿no?”, buscó complicidad. En el fondo del salón, Celeste Carballo le festejó la ocurrencia. Y lo acompañó tarareando, como casi todos los más grandecitos presentes, la letra de “Confesiones de invierno”. Faltaban los encendedores.
–¿Menem no era peronista igual que ustedes? –aportó más humor en el escenario K. Charly no podía estar exento de la interna del PJ. Aunque rápidamente pasó a interpretar la deliciosa “Cuchillos”, dedicada a Mercedes Sosa “la más grande cantante nacional”.
Siguió con “Fax U”, “Los Fantasmas” y “Loco, no te sobra una moneda”, que enloqueció a viejos y jóvenes por igual. A un costadito, en el Salón Norte, lo esperaba un servicio de catering, con canapés, sandwichitos y gaseosas. Además de un JB y un Chivas Regal, que esta vez el músico evitó saborear.
La gente lo vivó y retornó al escenario con su banda, la que alterna los típicos instrumentos rockeros con violines. Núñez, en su papel de anfitrión, le agradeció y le entregó un busto de La República. Aplausos y el primer bis: “Alicia...”
Otra vez partió hacia el camarín improvisado. “Humillé”, dijo jugando con su ego. Pidió un cigarrillo. Se sacó fotos, firmó autógrafos a los que lograron colarse y volvió para el verdadero final. “Nos siguen pegando abajo”, que hizo bailar a más de uno.
Otra vez al camarín, en el Salón Norte. Besos, abrazos. Alguna entrevista que otra con el canal oficial y con su amigo Tom Lupo, y más pitadas de cigarrillo, abrazando y saludando a sus afectos. “La verdad es que me invitaron con muy buena onda. Me trataron bien. Me hicieron sentir lo que soy. O sea el Rey, el Rey de la Rosada.”

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Charly García dijo que él es el poder y que por eso suele ser invitado a la Casa Rosada.
 
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