EL PAíS › EN EL GOBIERNO LANGUIDECE LA POSICION ACUERDISTA

Con Menem, ni a la esquina

Después de la acusación de “The New York Times”, quienes planteaban consensuar con el riojano bajaron el tono. Los mensajes siguen.

 Por Fernando Cibeira

El primer golpe fue la deserción de Carlos Reutemann. El segundo, la reaparición de Carlos Menem con posibilidades de ganar la interna. El unodos, combinado, dejó al Gobierno groggy y ante el intríngulis de cómo plantarse ahora frente al enemigo renacido. Como el presidente Eduardo Duhalde nunca bajó una línea clara, los hombres de la Rosada se dividieron en tres: están quienes sólo piensan en cerrarle los caminos al menemismo, quienes imaginan un diálogo civilizado de acá a las internas y hasta quienes sueñan con un acuerdo que permita fijar ciertas parcelas de poder. “Pero cuando llega ‘Chiche’ se termina todo”, explicaba ayer un funcionario con despacho en la Rosada. Dicen que si el duhaldismo llegara a un arreglo con Menem, Chiche pediría el divorcio. “No nos podemos unir al enemigo que tuvimos durante 10 años”, la justificaba un duhaldista.
La leyenda del pacto Menem-Duhalde dice que los términos se conversaron en la trastienda de aquel escenario que compartieron en La Rioja. Básicamente, sostendría que la Rosada no pondría obstáculos a las ambiciones re-re-presidenciales de Menem mientras que a Duhalde le quedaría la provincia de Buenos Aires toda para él. Además, ni uno ni otro se importunarían con enojosas investigaciones judiciales sobre sus respectivas gestiones.
Junto a los rumores de pacto surgieron otros paralelos que le daban forma concreta. Por ejemplo, se hablaba de la fórmula Menem-Felipe Solá para la presidencia, mientras que a la provincia iría un duhaldista pura cepa –Chiche o el propio Duhalde–. Entre quienes barajaban esta alternativa –se rumoreaba– se encontraban los funcionarios a quienes suele vincularse con el ex ministro y operador todoterreno José Luis Manzano, como son el ministro del Interior, Jorge Matzkin, o el jefe de la SIDE, Miguel Angel Toma.
Pero llegó el artículo de The New York Times que reprodujo la declaración de un testigo iraní que acusó a Menem de cobrar un megasoborno y todo el bordado se deshizo en un segundo. Hoy, ni en la SIDE ni en Interior se animan a hablar de la posibilidad de un acuerdo más allá de los estrechos límites de una mesa de café. “En voz alta nadie se anima a decir nada más”, respondía ayer un funcionario que trabaja por aquellas áreas. “Como es lógico, el ministro no tiene una postura política personal. Hoy nuestra preocupación es limpiar de trabas el camino hasta las elecciones y conversamos con todos los que sea necesario”, respondían cerca de Matzkin.
Hoy son mayoría quienes se muestran en una postura intermedia, en la que admiten diálogo con el menemismo pero jamás la posibilidad de un acuerdo. El jefe de Gabinete, Alfredo Atanasof, o su segundo, Eduardo Amadeo, o el secretario general de la Presidencia, Aníbal Fernández, no tienen problemas en admitir que conocen desde hace años a los operadores históricos del menemismo como Alberto Kohan, Eduardo Bauzá o Carlos Corach, y que suelen conversar con ellos. “Yo ni loco aceptaría arreglar con ellos, pero no sentarme a charlar también es ilógico”, explicaba uno de ellos. “Si somos un poco responsables con la marcha del país, tenemos que crear un marco de convivencia dentro del peronismo”, agregaba.
El Gobierno no se inclinará por ningún candidato pero –lo dice el menemismo y con algunas reservas lo admiten los duhaldistas– su corazoncito está con el cordobés José Manuel de la Sota. Por ejemplo, Aníbal Fernández como secretario de la Presidencia no expresará su apoyo a nadie pero su agrupación de Quilmes estuvo presente en el lanzamiento de De la Sota el fin de semana pasado.
Hasta Amadeo, a quienes los menemistas señalaron como uno de los responsables del artículo de The New York Times, se inclina por no romper lanzas con el menemismo. “Seguir en la postura de Montescos y Capuletos nos perjudica a todos”, explicó el ex vocero. Es que si bien para muchos duhaldistas el retorno del menemismo al poder sería la materialización desu peor pesadilla, también evalúan que una lucha sin códigos contra el ex presidente sólo significaría daños para ambos bandos.

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Hilda “Chiche” Duhalde ha sido la principal antiacuerdista.
 
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