EL PAIS › LOS CASOS DE CORRUPCION CONTRA SKANSKA EN EUROPA, ASIA, AFRICA Y AMERICA

Una empresa por el mundo

De Dinamarca a Colombia, de India a Ghana, de Sri Lanka a Argentina, la empresa sueca deja una estela de denuncias de corrupción y problemas legales. Represas que cuestan demasiado y no funcionan bien, obras a cambio de campañas publicitarias, trámites legales “olvidados” y un solemne “código de honor”.

 Por Sergio Kiernan

En Suecia el aire es fresco, el campo limpio y el tránsito ordenado. Como en todos lados, hay pulsiones más oscuras –como puede explicar largamente cualquier árabe inmigrante– pero el país se complace en su imagen de legalidad y honestidad. Y sin embargo, Suecia tiene un jefe anticorrupción, Christer van der Kwast, que resulta un hombre ocupado. Empresas bajo su vigilancia, como Volvo, Atlas Copco y Scania, fueron investigadas por hacer negociados petroleros con Saddam Hussein. Saab fue acusada de ofrecer comisiones a las autoridades checas para venderles cazabombarderos Gripen. Y, claro, además está Skanska, acusada en Dinamarca, Ghana, Colombia y un largo etcétera donde brilla Argentina.

Según Transparency International, Suecia es el sexto país más honesto del mundo, superando hasta a modelos como Noruega. Pero la metodología “local” de TI hace que los negociados que impliquen a empresas suecas en otros países se cuentan como corrupción en esos países. Un escándalo de corrupción sueco termina siendo algo como el que involucró al Systembolaget, el curioso monopolio estatal de venta de licores, donde varios ejecutivos acabaron presos por cobrar por poner ciertas marcas en lugares privilegiados. Lo que no aparece en el índice es la convicción, común a tantos ejecutivos y CEO de grandes compañías, de que la corrupción es parte del mundo de los negocios fuera de casa. Este “realismo” se agrava en economías industriales exportadoras, como la sueca.

Skanska tiene 120 años de historia, es una de las mayores empresas del mundo y opera en decenas de países, sola, asociada a firmas locales o comprando una para entrar en el mercado, como hizo en Argentina. Aquí compró SADE, la rama constructora del grupo Pérez Companc, crecido en dictadura a costa del Estado y reforzado durante el menemismo con las privatizaciones. Ya son conocidos los casos de Chile y Perú, mencionados en la célebre grabación del caso, donde menciona al primer país como conducto de dineros y al segundo como destino, involucrado en la obra de un acueducto. Pero hay muchos más, en una vuelta al mundo.

Asia y Africa

Entre empresas de esta escala, un encargo común es el de la construcción de represas. La firma sueca tuvo una larga serie de problemas con este rubro. Por ejemplo, en 1996 los indígenas embera de Colombia terminaron ocupando la embajada sueca para detener a Skanska, que construía la represa de Urra 1, un contrato de 320 millones de dólares que inundaba 7000 hectáreas de bosque que daban hogar a la tribu. Entre 1996 y 2001, durante los trabajos, cinco líderes indígenas fueron asesinados o secuestrados-desaparecidos.

En Malasia, Skanska apareció como contratista especializado para la represa de Pergau, financiada con ayuda económica británica, Otro escándalo, ya que para recibir los 500 millones del dique, Malasia tenía que comprar 2000 millones en armas inglesas. El proyecto estaba tan mal concebido que hasta el Banco Mundial lo criticó, ya que genera electricidad unas horas al días y habría sido más barato hacer centrales convencionales.

En Sri Lanka, Skanska construyó el dique de Kotmale, que terminó en escándalo porque fue prácticamente financiado con fondos de ayuda económica sueca y fue adjudicado a la constructora sin licitación. Para mejor, se empezaron las obras en un lugar con subsuelos llenos de cavernas, por lo que hubo que parar todo y correr el dique 200 metros, lo que costó muchos millones extra. Pese a todas las macanas, Skanska ganó otro contrato para reparar filtraciones que aparecieron apenas se llenó el dique. Una de las tres turbinas generadoras nunca funcionó, ya que la represa no se llenó al nivel prometido.

En Uganda, los problemas de la compañía fueron tales que terminó retirándose del proyecto de la represa de Bujagali, pero al parecer no por razones éticas. Skanska era nuevamente contratista especializada, junto a la noruega Veidekke, de la norteamericana AES, adjudicataria del proyecto. Los norteamericanos resistieron el aluvión de denuncias de corrupción, que llegaron al Banco Mundial con “abajo firmados” de cientos de ciudadanos ugandeses y decenas de ONG. Veidekke se fue cuando se reveló que su filial británica le había pagado 10.000 dólares a un funcionario ugandés de alto rango, Richard Kaijuka, representante de Ugando en el Banco Mundial y promotor del financiamiento del proyecto. Finalmente, Skanska se retiró de la obra cuando se encontró con una campaña internacional para detener la represa de Bujagali, criticada por su impacto ecológico y porque iba a costar la notable cifra de 550 millones de dólares. Los suecos, sin embargo, afirmaron que se iban solamente porque AES no les había pagado una deuda.

Fútbol e irrigaciones

Hace cinco años, el intendente de Copenhague Peter Brixtofte se encontró en el centro de un encantador escándalo múltiple de corrupción en el que se investigaban diversos negociados, contratos y favores políticos que involucraban cientos de millones de coronas. El corazón del lío era el club de los amores de Brixtofte, el Farum Boldklub, también presidido por el intendente. Brixtofte admitió “errores” como comer cada día en su club con vinos franceses raros y caros, a cuenta de los socios, pero se resistió a pedidos como que presente una contabilidad cara de la maraña de préstamos, pagos, “atenciones” y contratos cruzados realizados por y con el club, entre el club y empresas, y entre el club y la municipalidad. El hábil político –parece que de verba interminable– se terminó quedando sin palabras cuando le mostraron la fotocopia de un abultado cheque que le emitió a un viejo amigo. El silencio continuó cuando le preguntaron en detalle sobre Skanska.

Sucede que la empresa recibió un contrato de nueve millones de coronas danesas justo antes de transformarse en sponsor del club, un contrato en el que la Skanska ponía diez millones. Los socios del club, ya bastante enojados, se preguntaron por qué un sponsor terminaba recibiendo publicidad y la plata de vuelta, y quiénes se habían quedado con el millón de diferencia.

Hoy en día, en la isla de Malta también se están preguntando cosas, como el precio real de los hospitales. Este mes de mayo de 2007, el gobierno de la isla festeja la inauguración de un hospital nuevo, el Mater Dei. Pero el primer ministro maltés, Lawrence Gonzi, también anunció una investigación interna por las denuncias de grandes comisiones realizadas por diputados de la oposición. El nuevo hospital, construido por Skanska, parece haber traído prosperidad a ciertos funcionarios locales, que compraron departamentos y casas de veraneo nuevas, pese a que los sueldos oficiales malteses no son muy altos. La oposición hasta se molestó en encontrar una clínica equivalente en Europa y preguntar cuánto costó: la erigida por la empresa sueca cuesta el doble.

Skanska parece no ser indiferente a la felicidad de los tan maltratados funcionarios estatales. A fines de 2002 ya había sido denunciada en Ghana por una extraña maniobra: funcionarios de la Autoridad Aérea Civil local le habían pagado por abajo de la mesa casi dos millones y medio de dólares. Los suecos trabajaban en la rehabilitación y ampliación del aeropuerto internacional de Kotoka, y nunca se terminó de saber cuál fue la contraprestación.

Los favores quedaron más en claro en la provincia de Andhra Pradesh, en la India, donde Skanska participó en un amplio proyecto de irrigación. Según probó la oposición local, los suecos nunca se molestaron en registrarse apropiadamente y no probaron que tenían experiencia en obra hídricas –-algo más que simple, en su caso– porque en India sólo habían trabajado en rutas.

Los principios

Algo llamativo es cómo se lleva todo esto con el Código de Conducta de Skanska, un documento interno muy solemne que dice que “la corrupción y las coimas” son elementos que “distorsionan los mercados y frenan el crecimiento económico, social y democrático. Skanska se compromete a evitar esas prácticas”.

El código prohíbe a los miembros de la empresa quebrar las leyes de competencia, ofrecer o dar “cualquier pago indebido o cualquier beneficio a cualquier persona o entidad con el propósito de inducir a esa persona o entidad a cometer un acto contrario a sus deberes explícitos, para obtener o mantener un negocio para Skanska”.

Esta declaración es una de las bases para insinuar que los gerentes en Argentina fueron “infieles”, figura que permite culpar a personas individuales. Pero como se explica en la nota adjunta, la simple escala de los contratos por estas pampas hace más que difícil que un grupo de gerentes actuara a solas, quebrando el famoso código. Gerentes que no fueron castigados por Skanska.

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Imagen: Ana D´Angelo
 
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