EL PAíS › REPORTAJE A RAUL ALFONSIN

“Renovar todos los mandatos es ilegal y peligroso”

Admite “errores” pero cree que “todos” lo respetan, aunque sabe del repudio a los políticos. Cree que la ola de rechazo a los partidos es un “modelo cultural neoliberal” que hay que derrotar e insiste en apoyar al Gobierno para que no haya “un putsch”.

 Por José Natanson

Fue blanco de un escrache en la puerta de su casa; sufre como pocos el clima antipolítico, y la influencia dentro de su partido, en otras épocas incuestionable, se ha debilitado como nunca. A pesar de todo esto (y de que ya tiene 75 años y que recién se recupera de una neumonía), Raúl Alfonsín recibió a Página/12 de inmejorable humor para la primera entrevista que concede a un medio gráfico desde su renuncia al Senado.
–¿Por qué renunció a su banca?
–Yo ya venía pensando que ésa no era mi misión en este tiempo. Yo he sido concejal, diputado nacional, diputado provincial, constituyente y ya estoy cansado de los cuerpos colegiados.
–¿Entonces por qué se candidateó?
–Porque prácticamente me lo exigieron, pero yo pensaba irme rápidamente, a los dos años.
–Unos días antes un grupo de diputados había firmado un documento cuestionando el apoyo de la UCR al Gobierno y poco después algunos senadores rompieron el bloque para formar una bancada propia ¿Eso lo molestó?
–Desde luego. Me dolió.
–¿El Gobierno está haciendo las cosas bien?
–El país está en una situación delicadísima, con una crisis enorme. En el campo social se han incrementado los problemas, el índice de desocupación ya supera el 21 por ciento, la pobreza ya supera el 50 por ciento. Pero podría haber un quiebre de la tendencia, porque hay algunos indicadores auspiciosos en el campo económico del mes de julio que estarían continuando en la primera quincena de agosto. Si damos vuelta la cosa, en poco tiempo se notará en el campo social lo que no significa que se vaya a resolver el problema. Es una crisis que va a tardar años en superarse. Pero ésta es la situación. En cuanto al Gobierno, yo creo que en algunas áreas está bien y en otras está mal. Vamos a ver también cuál es el apoyo que pueda brindar el Fondo Monetario, qué se intentará para reactivar la pequeña y mediana empresa. Y es muy positivo el apoyo a los jefes de hogar, que ya estamos cerca de los dos millones. Esto es muy positivo, aunque quizás no llegue a tener nunca el éxito del PAN (sonríe y guiña el ojo).
–Cuando asumió Duhalde usted impulsó el apoyo al Gobierno con el argumento de que había que evitar el riesgo institucional, ¿sigue pensando lo mismo?
–Sí, por supuesto. Hay que preservar las instituciones.
–¿Preservarlas de qué? ¿O de quién?
–No veo que estén en riesgo por un deseo de las Fuerzas Armadas, de ninguna manera. Pero sí frente a problemas que puedan suscitarse y que nos lleven a una suerte de desintegración nacional.
–Pero si usted mismo dice que las Fuerzas Armadas no amenazan la democracia, no se entiende de dónde puede venir el riesgo institucional.
–El riesgo institucional es que frente a un caos se tenga que actuar. No sé por dónde, ni quiero pensar. No quiero hablar de putsch ni de nada. Hay que hacer lo posible para que la gente entienda que hay que seguir con las utopías pero no convertirlas en quimeras. No traer aquello que ilumina el camino a lo presente, porque eso es una falacia. Pero sí hacer lo que se pueda para resolver los problemas, con una enorme austeridad.
–¿Cómo se siente ante este clima antipolítico que se ha instalado con tanta fuerza?
–Bueno, eso es algo que ocurre en cualquier país del mundo que tenga una crisis tan prolongada como la nuestra. Pero desde luego que uno se siente lastimado. ¿A quién le va a imputar la responsabilidad la gente por los problemas que no pueden resolver, si no es al que gobierna? Y el que gobierna es el político. Hay que admitirlo.
–¿Qué opina de las propuestas para renovar los mandatos legislativos?
–No estoy de acuerdo. Y se lo puedo decir con toda claridad porque renuncié a mi banca, así que no juego nada personal. Hay que respetar la Constitución y no andarla cambiando a cada rato por un problema de crisis. Hay que respetar la decisión que se tuvo anteriormente cuando se eligió a las autoridades actuales, que van a ser removidas en Diputados en un 50 por ciento y en el Senado en un tercio, más todos los gobernadores, legisladores provinciales, además del Presidente y vice de la Nación.
–¿No cree que podría producir una renovación y dar respuesta a los reclamos?
–Pienso que no. Al contrario, entrarían más dudas, habría problemas de juicios y problemas constitucionales. Ocasionaría más dificultades, aunque se daría satisfacción a algunos sectores que lo reclaman.
–¿Hay que hacer una reforma política?
–Yo he presentado un proyecto de ley facilitando la constitución de partidos políticos para evitar que se presenten candidatos independientes sin la responsabilidad que se exige a los partidos.
–¿Cuál es el peligro de que se presenten candidatos por fuera de los partidos?
–Que no tienen las garantías de que presenten su balance, no tienen una plataforma comprometida, una carta orgánica que asegura la democracia interna. Por eso en el proyecto bajamos las exigencias que la ley electoral reclamaba. Y lo hicimos frente a estos riesgos, que para mí eran muy graves y que generan una concepción antipolítica que existe en la Argentina. Es una batalla cultural que tenemos que ganar, contra la concepción neoliberal que no quiere intermediarios entre el poder económico y el Gobierno.
–Usted siempre habla de la ofensiva antipolítica, que es una de las características de la crítica desde la derecha, sobre todo de la derecha más economicista. Pero los cuestionamientos a la clase política, aquí y ahora, no parten sólo de la derecha. Es más: parecen ser más fuertes en la clase media y en los sectores más progresistas.
–Sin duda. A eso me refería cuando hablaba de las crisis permanentes. Frente a este problema de desocupación, la gente imputa responsabilidades a los políticos.
–¿Hay que bajar los gastos de la política?
–No creo que sea un tema importante comparado con otros países o con otros gastos. La importancia que tiene es lo ejemplar del asunto: hay que mostrar austeridad en todos los sectores. Tiene importancia desde ese punto de vista, pero no de la solución de los problemas del país.
–En su discurso usted subraya la necesidad de preservar la institucionalidad, pero al mismo tiempo se opone a la caducidad de los mandatos o a que los independientes se presenten por fuera de los partidos, ¿no cree que esa posición puede conspirar a la larga contra la democracia?
–Es que yo creo que la renovación es correcta. Hay medidas para tomar, pero no la caducidad de los mandatos, que es inconstitucional. Estoy a favor de que un diputado no pueda ser reelecto si no obtiene un 60 por ciento de los votos, por ejemplo.
–El jueves pasado se reunieron Elisa Carrió, Luis Zamora y Víctor De Gennaro, ¿qué opina de ese polo que está a la izquierda del escenario político?
–Zamora sí está a la izquierda, eso es indudable. Pero no he visto las propuestas del ARI. He visto una política de denuncia permanente, que además generaliza, lo que es gravísimo porque se desprestigia todo. Entonces, no sé qué va a pensar la gente: seguramente tengan algún apoyo porque esta situación de tanta pobreza y crisis hace que la gente procure alguna solución más o menos mesiánica, o trival.
–¿Cree que Carrió es peligrosa?
–No es esa la palabra. Pero no conozco lo que piensa y puede generar problemas mayores.
–¿Qué responsabilidad tuvo el radicalismo y usted, que era su presidente, en el final del gobierno de la Alianza?
–Yo me considero responsable. Cuando De la Rúa designa a Cavallo fui a hablar con él, le pregunté si iba a cumplir la plataforma del partido y me dijo que sí. El Comité Nacional sacó una declaración en la que no rechazábamos ni apoyábamos la designación. Si yo hubiera optado por alguna de estas cosas el partido se dividía. A mí no me gustó la designación, pero soy también responsable. No me gusta centrar todo el desastre en una sola persona y menos pegarle al árbol caído. Pero creo que si De la Rúa no hubiera apoyado a Cavallo todavía estaría en el gobierno. Es el miedo a la reacción de los mercados, en este mundo globalizado. Evidentemente, estamos perdiendo la batalla contra la reacción. Para colmo sufrimos al gobierno de Estados Unidos, que es el más reaccionario que recuerdo.
–¿Cómo imagina su futuro político?
–No voy a aspirar a ninguna candidatura ni voy a aceptar ningún cargo, ni partidario ni de ningún tipo. Pero tenga la seguridad de que escribiré. Y me moveré. Seguiré recorriendo.
–¿Usted percibe que la sociedad está enojada con usted?
–Yo pienso que no (piensa); qué sé yo, quizás es una vanidad.
–¿Siente que se debilitó influencia, dentro de su partido y en la sociedad en general?
–Lo que pasa es que procuro no influir. No sé si se ha debilitado. Desde luego, no me movilizo tanto como antes. Tengo 75 años, hay que dejar paso, pero lo que sí pienso es que todo el mundo me respeta.

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