EL PAíS › CHAVEZ ACUSO A URIBE DE “DINAMITAR” EL RESCATE DE LOS REHENES DE LAS FARC

Cómo se derrumbó el operativo

Kirchner volvió al país luego de la frustrada operación. Las reuniones. El rol de Uribe. El de Chávez. La “bomba” sobre el supuesto paradero del niño Emmanuel. Los familiares. La comisión colombiana que llegó ayer a Venezuela para hacer el ADN.

 Por Fernando Cibeira

Néstor Kirchner no comenzó el año en Colombia sino que lo hizo a bordo del Tango 01, y ayer ya descansaba en El Calafate junto a su esposa, la presidenta Cristina Fernández. La comisión internacional que encabezaba decidió la “suspensión provisoria” de su permanencia en la ciudad de Villavicencio debido a las “dificultades” que impedían la liberación de tres rehenes de las FARC. En tono bélico, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, acusó a su par colombiano Alvaro Uribe de “dinamitar” el operativo y lo cuestionó por haber lanzado “la bomba” –en referencia a la hipótesis de que el niño Emmanuel se encontraría en un hogar de Bienestar Familiar en Bogotá bajo un nombre falso– recién el lunes, sin haber tratado de comprobar antes con exámenes de ADN. “Debe asumir su responsabilidad ante el mundo como presidente de Colombia, porque no tengo la menor duda de que son su gobierno y sus acciones las que están tratando de abortar este procedimiento”, sostuvo Chávez. En el Gobierno argentino jamás lo admitirían en público, pero en privado deslizaban un pensamiento similar.

Oliver Stone se quedó sin su documental sobre la liberación de los rehenes, pero a cambio se llevó registrado en sus cámaras de acceso privilegiado un guión acerca de una encarnizada pelea por el poder en acento caribeño, donde poco parece importar el calvario de tres personas –Clara Rojas, su hijo Emmanuel y Consuelo González– y sus familias, finalmente convertidos en objeto de disputa.

Uribe se lo había planteado a la presidenta Cristina Fernández la semana pasada, en el mismo diálogo en que quedó resuelto que Kirchner viajara a Colombia. “Esto podría no funcionar”, le había advertido, lo que a oídos argentinos sonó a expresión de deseos. En términos gruesos, si se concretaba la liberación era un triunfo para Chávez y también un punto a favor para la imagen de las FARC, que habían decidido entregar a los rehenes como “gesto de desagravio” al venezolano luego de que Uribe diera por concluida una gestión anterior de mediación.

Cerca de Kirchner comentaban que el domingo 30, un día de reuniones continuadas y extensos llamados telefónicos en la finca donde habían alojado al ex presidente, Colombia había intentado dos veces forzar la salida anticipada de los garantes internacionales. Primero, cuando el alto comisionado por la paz, Luis Carlos Restrepo, advirtió a los delegados que él no iría a la entrega de los rehenes y que aconsejaba al resto imitarlo porque no podrían garantizar la seguridad de ninguno, especialmente la de Kirchner y la del brasileño Marco Aurelio García, presentados como blancos apetecibles para los guerrilleros. Segundo, cuando al estirarse el plazo empezó a jugar la impaciencia lógica porque la gestión se resolviera antes del fin de año.

Los comisionados, tras una extensa reunión que concluyó con amplio consenso, decidieron que se quedarían a pasar el 31 en Villavicencio, a la espera de que llegaran las coordenadas con la ubicación exacta donde se produciría la liberación.

Fue el comienzo del rápido final, pero no precisamente el esperado.

Maduro

“Al otro día llegó Uribe dispuesto a hacer saltar todo por los aires”, graficaban en la comitiva.

No fue el primer movimiento en el ajetreado aeropuerto de Villavicencio. Temprano había aterrizado, en uno de los pequeños aviones Falcon que destinó para la misión el gobierno de Venezuela, el canciller Nicolás Maduro, tomando la conducción de la “Operación Emmanuel” en reemplazo del menos consistente ex ministro del Interior, Ramón Rodríguez Chacín. La participación de Maduro había sido una de las condiciones pautadas por los comisionados con Chávez para continuar con la gestión.

En forma reservada, desde hacía días, los venezolanos venían advirtiendo que desde las FARC aseguraban que el ejército colombiano los atosigaba con operativos con bombas y demás, impidiéndoles fijar un lugar seguro para la entrega. Chávez tenía cortado el diálogo con el líder histórico de la guerrilla, Manuel Marulanda, por temor a que aviones espías interceptaran la comunicación. Pero estaba estableciendo un contacto con la conducción por otro canal. Las fuentes argentinas con las FARC aseguraban que las gestiones estaban encaminadas.

Los hechos sucedieron rápidamente. Maduro recibió un llamado –el canciller pasa la mayor parte del día con el celular pegado a la oreja– y transmitió a los comisionados lo que Chávez le leía: una carta de las FARC anunciando la suspensión de la entrega debido a “los intensos operativos militares desplegados en la zona”. “Insistir en ello sería poner en grave riesgo la vida de las personas a liberar, del resto de los prisioneros de guerra y de los mismos guerrilleros designados para cumplir esta misión”, argumentaban.

Se habían planteado diversas soluciones que el gobierno colombiano, según aseguraría luego Uribe, había aceptado. Por ejemplo, que las FARC transmitieran las coordenadas cuando los comisionados ya se encontraran en vuelo en helicóptero hacia la zona de la liberación. También que se fijara un “corredor seguro” en los kilómetros en que se hallaran en ese momento los rehenes hasta el lugar donde serían entregados. Ahora, Chávez añadía la necesidad de un cese unilateral del fuego de “dos o tres días” de parte del ejército colombiano.

Mientras estas cuestiones se discutían, Uribe llegó a Villavicencio.

Uribe

El presidente colombiano se encontraba de vacaciones en su hacienda del departamento de Córdoba, en el noroeste colombiano. Decidió viajar sin previo aviso y aterrizó en la Base Aérea de Apiay, vecina a Villavicencio. Bajó vestido a la usanza de Juan Valdez, con sombrero blanco de ala ancha y ruana al hombro con vivos con colores colombianos. Todos sus pasos sonaron ensayados. Primero se reunió con los comisionados y adelantó un discurso que luego repetiría –”palabra por palabra”, comentaban los argentinos– en público. Una de las pocas diferencias fue que en el encuentro privado practicó algunos ejercicios de elongación moviendo el cuello hacia un costado y al otro mientras interrogaba al jefe de sus fuerzas armadas sobre si era cierto lo que decían las FARC acerca de operativos en la selva.

Transcurría el encuentro en la base aérea cuando Maduro salió por una puerta lateral y puso al tanto a Chávez de lo que Uribe les había comentado. Guayabera blanca, pantalón negro, el canciller se veía a la distancia muy preocupado.

Uribe montó luego un escenario donde se mostró como dueño absoluto de la situación. Una rueda de prensa en la que interpeló a los periodistas, dio instrucciones a sus funcionarios y órdenes a los militares. “Las FARC mienten, el gobierno cumple, Dios premia la buena fe”, fueron sus latiguillos.

Fue patente el gesto de los comisionados de pasar indiferentes por detrás de Uribe, a poco de iniciada la conferencia de prensa. El colombiano explicó por qué Restrepo había advertido que la seguridad de los comisionados corría peligro si participaban de la liberación de los rehenes, relatando casos en los que las FARC supuestamente habían faltado a su palabra. El repaso fue truculento. Dio lugar a la intervención del comandante de sus fuerzas armadas para que asegurara que “no ha habido combate en dos semanas” en el área en que la guerrilla hablaba de hostigamiento. En la comitiva argentina destacaban que Uribe hubiera hablado de “combate” y no de operativos, que es lo que denunciaban las FARC.

Luego lanzó “la bomba” a la que hizo referencia Chávez. Uribe advirtió que era sólo “una hipótesis”, pero ocupó el núcleo de su presentación. Sostuvo que la guerrilla no entregaba las coordenadas porque no tenía en su poder a Emmanuel. El niño, explicó, se encontraría en un hogar de Bienestar Familiar en Bogotá bajo el nombre de Juan David Gómez Tapiero. El supuesto Emmanuel habría sido entregado en la localidad de San José de Guaviare en julio de 2005, desnutrido, con una fractura en un brazo, con signos de maltrato, afectado de paludismo, diarrea y leishmaniasis. Uribe ensayó un paso de tragicomedia con el comisionado Restrepo, a quien le hizo leer la ficha social del niño, obligándolo a parar, repetir algunas frases y responder preguntas.

Emmanuel tendría ahora 3 años y seis meses, estaría en buen estado de salud, aunque presenta un retraso motriz y aún no puede caminar. “Durante la noche suele llamar a su madre una vez y luego sigue durmiendo”, leyeron.

Uribe sostuvo que la información había llegado a su gobierno el 28 de diciembre. Y que ese mismo lunes 31, la persona que entregó al bebé en 2005 asegurando que era su tío abuelo ahora lo había ido a reclamar presentándose como el padre. El colombiano explicó que dado a lo reciente de los hechos no habían podido verificar el ADN con sus familiares. Pese a eso, le dedicó la mayor parte de la conferencia de prensa y hasta dio a conocer a todo el mundo la identidad del menor.

Kirchner

“Sos un audaz”, le dijo Kirchner al colombiano cuando lo fue a visitar a la finca donde se alojaba luego del encuentro con la prensa.

–¿Por qué? –le preguntó Uribe.

–¿Cómo decís algo así sin tenerlo certificado? –le preguntó Kirchner.

–Nosotros compartimos la información que está en nuestro poder –le explicó.

–Pero, por ejemplo, se le podría haber hecho el ADN al hombre que lo reclama diciendo que es el padre –dijo K.

–¡Muy buena idea! Hagan la prueba de ADN a ese hombre –ordenó entonces Uribe.

La intervención del colombiano, evaluaron los comisionados internacionales, echaba por tierra cualquier resolución inmediata, por lo que resolvieron suspender su gestión. Kirchner encabezó el recorrido por la pista del aeropuerto de Villavicencio hasta donde estaban las cámaras y micrófonos. “Los comisionados consideran conveniente la suspensión provisoria de su presencia en territorio colombiano. Cuando estén dadas las condiciones para la entrega de Clara, Consuelo y Emmanuel, la comisión inmediatamente continuará con su misión”, leyó un comunicado. A modo de propuesta, los comisionados instaron al gobierno colombiano a crear “un espacio seguro” para el traslado de los rehenes, y a las FARC a “abstenerse de realizar operaciones”.

De inmediato comenzaron a despegar los aviones llevando a cada comisionado a su destino. Sin su habitual turbante tropical, la senadora colombiana Piedad Córdoba rumiaba su bronca sobre la pista. “Uribe volvió a repetir lo que nos había hecho a Chávez y a mí en la anterior gestión. Primero obliga estirar todo lo posible la entrega con el ejército y después busca algún motivo para hacer saltar todo”, decía.

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El ex presidente Néstor Kirchner y el canciller Jorge Taiana, con el presidente de Colombia, Alvaro Uribe.
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