EL PAíS › GRANDES PRODUCTORES CORDOBESES ESCRACHARON A CARLOS ARMANDO

El pecado de disentir

El productor Carlos Armando admitió públicamente que, pese al nuevo esquema de retenciones, el negocio agrario sigue siendo un muy buen negocio. Esa sinceridad le costó el hostigamiento de otros productores.

 Por Cledis Candelaresi

El mismo día que el dirigente ruralista Alfredo De Angeli fue retirado de la ruta por la Gendarmería, una manifestación de productores agropecuarios recorrió tras apagón y a puro bocinazo las calles de la cordobesa San Francisco. El destino del escrache fue la casa de Carlos Armando, el agricultor que ganó notoriedad confesando que el campo, en esa rica región de la pampa húmeda, gana buena plata, aun con una suba de las retenciones. Los Audi y los Mercedes Benz que integraban la caravana de escrachadores, varios pertenecientes a adineradas familias del lugar, sirvieron para reafirmar sus convicciones y lo animaron a seguir defendiéndolas en público. De inmediato vino la otra embestida: bajo la consigna “vamos a fundirlo”, los “democráticos” grandes productores comenzaron a mejorar las ofertas a los propietarios de la decena de campos que alquila Armando, cuyo deseo es debatir con De Angeli.

Para Armando las cuentas son sencillas. Muchos sembraron con la soja a 650 pesos la tonelada y hoy “con 900, ganan igual”. Claro que menos que si la hubieran vendido los primeros días de marzo, cuando el valor de ese cultivo rozó los 1200 pesos: al igual que muchos de sus colegas, él mismo había acopiado esperando un precio aún mayor y hoy contabiliza 300 mil pesos “menos de ganancia” por esa maniobra especulativa. Pero, aun así, asegura que los números cierran, y bien.

Otra pauta es que el trigo, cultivo propio de la temporada invernal, está hoy a 220 dólares la tonelada, un valor record. Esto lo reconocerían los propios ruralistas de la zona, que sólo esperan la lluvia para tirar la semilla, animados por esos valores. En términos de quintales, la cuenta para Armando también cierra. “Producir soja cuesta 7 quintales por hectárea y por año pero, con el nivel de retención actual, recaudamos 30. Alcanza para cubrir cómodos el aumento de los costos”, explicó a PáginaI12.

Pero tener una posición diferente no le alcanzó para conseguir aún el debate público con De Angeli “de productor a productor”, como él anhela. Lo que sí parece haberle ganado es la furia de los “autoconvocados”, que iniciaron una sistemática campaña de desprestigio e intimidación. Armando explota doscientas hectáreas propias y otras mil alquiladas a productores chicos o medianos de la zona y por las que paga el equivalente a entre 10 y 12 quintales de soja por hectárea y por año. Animados por el buen rendimiento del negocio, estos valores están subiendo “entre un 20 y 30 por ciento”, lo que también apuntala la idea de que la producción agrícola sigue resultando atractiva.

Pero llamativamente la decena de propietarios de campos que alquila recibieron al mismo tiempo propuestas que mejoran notoriamente los valores que les paga Armando. Uno de ellos hasta fue alentado con efectivo para colocar un visible cartel en la ruta ofreciendo sus hectáreas en alquiler. Como si el convenio con el productor disidente no existiera. Salvo uno de los arrendadores que está en duda, el resto hasta ahora se inclinó por serle fiel a la familia Armando, a la que le arriendan su propiedad desde hace más de dos décadas.

Las doscientas hectáreas propias están a 2,5 kilómetros hacia el este de esta ciudad interprovincial, con parte de su trazado sobre territorio santafesino. Corazón de la pampa colonizada por piamonteses que consiguieron un buen pasar gracias a la actividad agrícola ganadera. En la década pasada, cuando aún apostaba al tambo, Armando consiguió un préstamo del Banco Nación que tuvo muchas dificultades para pagar, dato que en los volantes usados para escracharlo fue debidamente consignado para subrayar su presunta condición de deudor fundido. Sin embargo, en el 2004 obtuvo otro, que pagó puntualmente, hasta que la falta de comercialización de granos por el lockout lo obligó a atrasarse en las cuotas. Reivindica la banca pública tanto como las retenciones móviles como un instrumento de política económica que obligaría a reorientar el esfuerzo del campo hacia otros cultivos y otras actividades “por las que sí hay que pelear, como la carne y la leche”. Armando tiene en claro que no todos los rubros tienen la misma suerte, del mismo modo que no es igual explotar las 1200 hectáreas sobre las que él produce que hacerlo sólo sobre alguna de las unidades que alquila. O que forzar con soja a los pobres suelos que sólo podrían dar pastura para el ganado. También sabe que no es el único de su próspera zona que piensa que el negocio da, aunque el temor a la sanción social haga callar al resto.

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Para castigar a Armando, productores del lockout tentaron con más dinero a los arrendadores del disidente.
Imagen: Bernardino Avila
 
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