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Duhalde candidato en la mesa de arena

Dos altos funcionarios analizaron ayer la posibilidad de postular al Presidente, como una alternativa más. Las encuestas.

 Por Sergio Moreno

Los funcionarios desmenuzaban las encuestas dato por dato. Cruzaban los números con los indicadores económicos de octubre y traspolaban escenarios según haya acuerdo con el Fondo Monetario o no lo haya. José Pampuro, secretario general de la Presidencia, y Juan Carlos Mazzón, jefe de la Unidad Presidencial, estaban más que conformes y hasta envalentonados con los números que tenían enfrente. Lo suficiente para que surgiese en la conversación la posibilidad de postular a Eduardo Duhalde como candidato. Sabedores de los empecinamientos del Presidente y de su negativa a quedarse en Olivos después del 25 de mayo, los hombres del bonaerense comenzaron a pergeñar una solución que ayer no había cobrado forma definitiva: que Duhalde cumpla su palabra y renuncie y, habida cuenta de que –están convencidos en el Gobierno– la Justicia terminará impugnando el llamado a elecciones del 30 de marzo, el bonaerense deje pasar un tiempo prudencial para luego presentarse como candidato.
La posibilidad –que, tal como lo viene anunciando este diario desde hace 20 días, va cociéndose en el caldero de varios (cada vez más) integrantes del gabinete– es otra más en un abanico de hipótesis cuya chance principal es, por ahora, la integración de una fórmula entre Néstor Kirchner y José Manuel de la Sota para enfrentar a Carlos Menem. Las variantes también contemplan interpolaciones de cualquiera de los dos gobernadores mencionados con diversos dirigentes del peronismo bonaerense, desde Hilda “Chiche” Duhalde, pasando por los intendentes Alberto Balestrini o Julio Alak, hasta el ministro de Justicia, Juan José Alvarez.
No obstante, ayer, en el despacho de Mazzón, se debatió sobre la posibilidad de que el Presidente sea su propio candidato.
“Ahora Duhalde empieza a pensar los tiempos políticos”, dijo Pampuro en un pasillo de la Casa Rosada antes de partir hacia el Congreso del PJ. Salía de la reunión citada anteriormente, donde junto a Mazzón y al sociólogo Artemio López analizaron una encuesta de la consultora Equis, que dirige este último, de la cual Página/12 dio cuenta el domingo pasado. Del trabajo surge que los consultados –unos 960 casos en la ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires– consideran que solamente un hipotético gobierno de Kirchner u otro de Adolfo Rodríguez Saá serían mejores (en distinto grado) que el actual, mientras que los que pudiesen formar –siempre como hipótesis– Ricardo López Murphy, De la Sota, Elisa Carrió y Menem salen peor parados que la actual administración. Un supuesto gobierno de Menem es el peor ponderado por los consultados (ver cuadro adjunto).
“La comparación es la mejor manera de medir el grado de aceptación o rechazo de una administración –explicaba López a sus contertulios–; de lo contrario, sólo surgiría la bronca de la gente contra la dirigencia.”
Los funcionarios analizaron, además, otros guarismos, tales como intención de voto de los principales candidatos. Evaluaban que, excepto Kirchner, el resto de los aspirantes, del PJ o de otros partidos, están en baja. Particularmente Rodríguez Saá y Menem, que han comenzado a descender en los sondeos. “Al Presi en 15 días lo ponemos en los 15 puntos que tienen éstos”, dijo uno de los funcionarios en la reunión de marras, al destacar que “Duhalde puede atravesar horizontalmente a un electorado mayor que Menem”.
Con o sin Fondo
Los movimientos en la mesa de arena de Pampuro y Mazzón contemplaron, va de suyo, la situación económica y sus posibles variaciones a futuro. No hay funcionario en la Rosada que no considere al ministro de Economía, Roberto Lavagna, como una especie de héroe nacional, solamente empardado en la mesa chica del Gobierno por su par de Salud, Ginés González García, por su exitosa y laboriosa faena con los medicamentos genéricos. En el gabinete los lamentos se echan a rodar cuando recuerdan el tiempo perdido (y la credibilidad) en el interregno de gestión de Jorge Remes Lenicov.
La tarea de Lavagna ha llevado a la administración del bonaerense a un remanso de tranquilidad económica que, hoy por hoy, podría convulsionar la ausencia de acuerdo con el FMI. No obstante, el propio ministro de Economía dijo que, si bien la falta de acuerdo podría generar un cimbronazo, “hay vida sin el Fondo”. Y dicha frase genera esperanzas en el gabinete. “Llegamos hasta acá sin crédito, sin ayuda externa; cruzamos el desierto sin agua, y llegamos. ¿Alguien lo hubiese imaginado en enero?”, suele preguntarse, retóricamente, el ministro del Interior, Jorge Matzkin.
A fuer de calma, Lavagna ha preparado a sus pares y al Presidente para enfrentar la posibilidad de vivir sin el trajinado acuerdo. “Si hay acuerdo, bárbaro; si no lo hay, será porque Duhalde y Lavagna se plantaron y no acceden a aumentar impuestos ni tarifas. En definitiva, es una muestra de soberanía y dignidad, una decisión que la sociedad, tal como está hoy, no va a ver mal”, conjeturaba un ministro ante Página/12. Este análisis, concepto más o menos, era similar al que hicieron ayer los contertulios del secretario general de la Presidencia. Si la economía no se convulsiona, la mesa está servida para intentar hasta la candidatura del Presidente.
Dura lex
Más por información que por intuición, en el gabinete están convencidos de que la participación de la Justicia en la resolución del cronograma electoral tendrá una incidencia crucial en el diseño de la institucionalidad del país en los próximos meses. Para empezar, en la Rosada circula la versión de que la Cámara Federal Electoral rechazará la decisión de la jueza María Servini de Cubría, que suspendió las internas abiertas obligatorias para todos los partidos, con padrón universal. La Cámara, que podría fallar la semana entrante, dispondrá además un nuevo cronograma, no necesariamente coincidente con el establecido ayer por el congreso nacional del PJ (ver aparte).
Por otra parte, queda pendiente de resolución judicial de la constitucionalidad del llamado a elecciones generales del 30 de marzo. Es más que probable que también esa convocatoria sea revocada por la Justicia, con lo cual quedarían vigentes los plazos de final del mandato que originariamente debía completar Fernando de la Rúa, verbigracia, el 10 de diciembre de 2003.
La chance que se evaluó ayer en el despacho más cercano al Presidente es que, cumplidos estos presagios leguleyos, Duhalde presentaría igual su renuncia para irse el 25 de mayo, por lo que la Asamblea Legislativa debería elegir un reemplazante interino. Y, tras un plazo prudencial (¿un mes?), Duhalde volvería a la carga, esta vez como candidato.
Así dicho, el plan –uno más entre varios– tiene varios inconvenientes. Para empezar, el presidente designado por la Asamblea en reemplazo de Duhalde debería mantener a todo el gabinete del bonaerense o, en su defecto, a los funcionarios estrella. Para ello, el duhaldismo debería cerrar un acuerdo parlamentario no menor, de difícil factura en los actuales fragores intestinos del peronismo.
Pero acaso el obstáculo mayor no es visto con claridad por las mesnadas oficialistas, obnubiladas por algunos –módicos– indicadores económicos y por el notable triunfo político obtenido en los dos congresos peronistas: el divorcio entre la dirigencia y la sociedad sigue aún intocado y dicho quiebre puede enviar a Duhalde, en caso de salir a competir, a engrosar el pelotón de los aspirantes que no pasan el 15 por ciento de las adhesiones.
Pero ese es otro cantar.

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