EL PAíS › QUé HACER PARA COMBATIRLA

“Inflación inercial”

 Por Tomás Lukin

–¿Qué evaluación hace sobre la dinámica de precios actual?

–Es necesario bajar los niveles de inflación. En primer lugar hay que aclarar que la inflación que tenemos ahora no tiene nada que ver con los registros históricos. Nosotros tuvimos el siglo pasado el record mundial de inflación como consecuencia de la inestabilidad institucional y los desórdenes macroeconómicos. Esos dos factores no existen en la actualidad. Lo que hay es básicamente una inflación inercial. La sociedad incorporó la idea de que los precios suben el 20 por ciento y sobre ese nivel se discute la distribución del ingreso. Eso da ajustes de salarios promedio del 25 por ciento que llevan la inflación a niveles semejantes. Por eso una mesa de diálogo continúa en el marco de señales contundentes que puede contribuir para desactivar la inflación inercial. No hay riesgos de desborde hiperinflacionario.

–¿Cuál es la causa de los aumentos de precios inerciales?

–Se basan en la memoria histórica de un país que vivió con condiciones de alta inflación e incorporó esos niveles de aumentos como un piso. Hay que desactivar esa base. No hay exceso de demanda, tampoco hay restricciones severas de oferta ni hay un abuso de las posiciones dominantes. No operan condiciones tradicionales de inflación y los precios internacionales pueden incidir pero son controlados a través de las retenciones.

–¿Desactivar esa inflación que usted considera inercial es neutral en materia de salarios y distribución del ingreso?

–Creo que sí, puede serlo. Hay que intentar que la puja distributiva sea sobre distribución de riqueza real, donde se reparten los frutos de los aumentos de productividad. Pero la equidad social se basa en el reparto de incremento de riqueza y la política de redistribución que debe seguir siendo un instrumento activo como lo fue hasta ahora a través de la AUH, el salario mínimo y las jubilaciones. Hay que transmitir señales contundentes de una economía ordenada y sólida y avanzar en un pacto social para desactivar el elemento inercial de la inflación.

–Distintos economistas y políticos afirman que se debe imitar el modelo de metas de inflación de Brasil para mantener a raya los aumentos de precios.

–Lo peor que podés hacer para controlar la inflación es apreciar el tipo de cambio y ofrecer altas tasas de interés para que ingresen capitales de corto plazo como sucede en Brasil. La estrategia ortodoxa de las metas de inflación es fatal para los sectores populares y la industria. En cambio, beneficia a las elites financieras. El esquema de metas de inflación forma parte del equilibrio político brasileño. El gobierno de Brasil tiene objetivos muy parecidos a Argentina en materia de inclusión social, redistribución y soberanía. Pero en materia cambiaria y monetaria son ortodoxos y eso afecta a su crecimiento y a la industria. Ese esquema le otorga estabilidad de precios pero muy malos resultados en materia de desarrollo.

–¿Esa situación tiene algún impacto sobre la economía argentina?

–La falta de crecimiento de Brasil afecta a Argentina. Es nuestro principal socio comercial. Argentina y Brasil tienen una relación muy buena en términos de empatía política. Hay aspectos positivos y dificultades, pero más allá de todo se trata de una alianza importantísima para el desarrollo de los dos países y su posición a nivel internacional. En virtud del proceso de desindustrialización argentino persiste una división del trabajo regional donde nos especializamos en productos primarios. Esto debe modificarse integrando cadenas de valor de distintos sectores dinámicos donde las filiales de empresas multinacionales juegan un rol predominante. Las empresas en esos sectores deben ser orientadas con decisión política para corregir los desequilibrios.

–¿Es necesario avanzar en un acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea como el que están negociando entre los bloques?

–Las relaciones entre países en desarrollo con un núcleo desarrollado hay que manejarlas con mucho cuidado. Con un acuerdo como ése no sólo buscan la baja de aranceles para el comercio, también quieren meter reglas para disciplinar la orientación del gasto público hacia la industria nacional y controlar cuestiones vinculadas a la propiedad intelectual. Los países centrales buscan fortalecer su posición dominante aun cuando están en crisis. Un acuerdo de esas características no te permite hacer política de desarrollo. Nos quieren vender espejitos de colores diciendo que el acuerdo va a abrir mercados, aumentar la inversión y otros beneficios. Es lo mismo que pasa con los tratados bilaterales de inversión que se firmaron en los noventa con el cuento de que iban a venir inversiones y lo único que generó fueron los pleitos en el tribunal del Ciadi por millones de dólares. La época de hegemonía neoliberal dejó ataduras muy fuertes. Consolidar el Estado nacional y la soberanía es fundamental.

–¿El endeudamiento externo es necesario para facilitar ese proceso?

–La política de desendeudamiento le permitió al Estado recuperar soberanía necesaria para fortalecer el Estado. El endeudamiento para cerrar desequilibrios macroeconómicos conduce a una crisis. Pero tomar deuda para hacer una central nuclear donde haya una fuerte participación de la industria local es un recurso legítimo.

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