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Críticas a la empresa por haber cortado el suministro sin avisar

El origen del corte de agua fue la presencia de fenoles en el río. Pero lo que irritó al Gobierno y al Etoss fue la decisión inconsulta de la firma. Las explicaciones de la concesionaria.

 Por Alejandra Dandan

Aguas Argentinas detectó los primeros problemas en la producción de agua potable el miércoles a las 7.30 de la mañana. El químico de guardia de la planta de San Martín, en Palermo, notó la presencia de olor en el agua cruda, un dato que mereció a lo largo del día los análisis que derivaron 14 horas después en el corte generalizado “repentino, abrupto y unilateral” de agua potable. Así consideró el corte el propio órgano de control del Estado. En esa línea, Julio De Vido, el ministro de Planificación, terminó “enloquecido –según sus voceros– con el nivel de procedimientos de la compañía”. Ese “nivel de procedimiento” incluyó las 14 horas que demoró la empresa en avisar al Etoss el estado de emergencia que terminó paralizando el suministro de agua en el 40 por ciento de la ciudad y la zona norte del Gran Buenos Aires: en total cinco millones de personas. A las 20.30 de la noche, los hospitales, los geriátricos y los domicilios particulares quedaron sin agua potable. Al Gobierno “le llamaron la atención” las explicaciones posteriores de la compañía, dijo Miguel Núñez, vocero del presidente Néstor Kirchner. Ahora evalúan “sanciones gravísimas” que podrían llegar hasta la suspensión de la concesión, una cuestión que ya se analizaba desde antes (ver nota central). Pero éste no es todo el problema de Aguas Argentinas: según fuentes del Etoss, la empresa cerró la canilla porque no tenía el carbono necesario para neutralizar los olores del fenol encontrados en el agua.
A las diez de la noche del miércoles, el Ente Tripartito de Obras y Servicios Sanitarios (Etoss) recibió la primera comunicación oficial del corte de agua. “Desde el más modesto usuario hasta el Presidente de la República se enteraron por las noticias que dio la televisión”, le decía anoche a este diario Carlos Vilas, director del organismo en representación de la Nación. El informe enviado a esa hora por Aguas Argentinas tenía los detalles que ayer le permitieron al Gobierno potenciar su nivel de crítica.
El informe estaba firmado por Juan Ignacio Recabeitia, de la Dirección de Agua y Saneamiento de la empresa. Estaba dirigido al licenciado Enrique Calderón, de Calidad de Servicio del Etoss. Página/12 reproduce a continuación algunos puntos sobresalientes del parte que sintetiza lo que hizo Aguas Argentinas ante los problemas advertidos en la calidad del agua cruda de la planta de San Martín:
- 8.30: el químico de guardia detectó presencia de olor en el agua.
- 9.00: el laboratorio central inspeccionó la cámara de carga, confirmó lo detectado por el químico de guardia.
- 18.30: se detectaron nuevamente los olores en la toma de la Planta de San Martín y en la cámara de carga.
- 19.30: se bajó un 30 por ciento la producción de agua. Los nuevos análisis detectaron “aumento de la intensidad del olor por lo que se tomó la decisión de parar preventivamente la producción”, dice el parte.
¿Qué hubo de cierto y qué no? La extraña presencia de olores mencionada por Recabeitia fue una combinación de distintas explicaciones dadas por la compañía a lo largo del día. Ante las consultas de los medios, Adriana Lauro –vocera de Aguas– indicó que el corte se decidió cuando “se detectaron sustancias orgánicas en el Río de la Plata que hubieran generado fuerte sabor y olor en el agua de consumo”. Más tarde, se habló de una segunda versión: nadie había decidido el corte por la presencia de sustancias orgánicas sino por “una bajante del río”.
Al final, durante un encuentro con miembros del Etoss y con Julio De Vido, apareció la última versión, aquella que derivó luego en una nueva investigación por la falta de insumos en la compañía: esa versión incorporó la presencia de “una concentración alta de fenoles en la cuenca del río más alta de lo habitual”. Una presencia que según Carlos Vilas “tendría origen industrial pero no es estrambótica: hay una situación de contaminación permanente a 500 metros de la toma de agua”. Sin embargo, ayer esa concentración “habitual y permanente” se desplazó hacia la toma porque, según Vilas, confluyeron otros dos factores: baja presión atmosférica que produjo una baja del río en esa zona.
¿Qué significa esto? ¿Era necesario el corte? Consultado por Página/12, Carlos Vilas lo explicó así: “El cambio de olor no habría afectado la salud de la población. Esta decisión –insistió– fue muy fuerte, unilateral”. En la reunión con los funcionarios, la empresa reconoció sus motivos del corte: “Hubiese suscitado una avalancha de quejas, y para anularlas o evitarlas –dijo una fuente que participó del encuentro– suspendieron el servicio”. Aguas Argentinas hizo su descargo. Para la empresa “el olor también forma parte de los estándares de calidad del servicio”, explicó a este diario Lauro.
Más allá de la decisión y de la dimensión del corte de agua, en el Etoss aseguran que la empresa cometió irregularidades que ahora podrían impulsar las sanciones que estudia el Gobierno: además de demorar 14 horas en comunicarse con el Etoss, Aguas perdió dos horas –siempre según una fuente del ente de control– porque no tenía equipos propios para llegar hasta la boca de la toma para la inspección. Recurrió a la Prefectura para retirar las muestras del análisis.
La gravedad de la situación se acentúa si se encuentran pruebas sobre las sospechas del ente de control: la falta de carbono para neutralizar el olor de la concentración de fenol hallada en el río. La neutralización de los olores es un procedimiento habitual que normalmente se hace con cloro y carbono. De acuerdo con una fuente calificada del Etoss, a Aguas le faltaba ese último elemento. Adriana Lauro, vocera de la compañía, no pudo explicar este punto: “No tengo esa información, lo que sé es que de acuerdo con los parámetros no iba a poder servirse”.
En tanto, el juzgado federal de Juan José Galeano abrió ayer un expediente para investigar con carácter “urgente” las causas del corte y de los olores en el río.
Mientras esto sucedía en el juzgado, Buenos Aires volvía lentamente a la calma. El corte dejó ayer a miles de estudiantes sin clases, alteró el funcionamiento de hospitales y provocó malhumor en la gente, especialmente entre los dueños de bares y restaurantes que vieron cómo se derrumbaban sus cuentas. “Imaginate, una confitería grande como ésta –le decía Roberto Peroni de El Griego a la agencia Télam–, sin agua para lavar los platos ni baños para los clientes.” Para Peroni, “fue terrible”: cerró antes y tuvo una recaudación 30 por ciento menos de lo habitual.
En la ciudad, buena parte de las escuelas primarias no tuvo clases por la falta de agua aunque en los niveles medios la cosa fue mejor: algunas escuelas estuvieron cerradas mientras que otras conseguían provisiones de agua de los camiones cisterna. Y los hospitales sólo atendieron urgencias.

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