EL PAIS › JAVIER AUYERO, SOCIOLOGO

Elogio del piquete

 Por Irina Hauser

“Lo que han demostrado más de cinco años de actividad piquetera es que ésta es útil no sólo para satisfacer demandas, sino para recrear, en parte, la trama social en la vida de los sectores populares”, dice el sociólogo Javier Auyero, profesor de la Universidad del Estado de Nueva York, donde está instalado. “La clase media debería estar agradecida”, agrega. Auyero es autor, entre otros libros, de La política de los pobres, que analiza prácticas clientelistas del peronismo.
–¿Cómo interpreta las contradicciones del Gobierno en relación con los reclamos piqueteros?
–Es bastante común que los Estados no reaccionen como un todo coherente y monolítico. El Estado argentino, como la mayoría de los estados democráticos, tiene distintos actores en su seno, representando distintos intereses. Sus diferentes ministerios no responden con la misma lógica.
–¿Cómo definiría, en este contexto, la relación entre el estado y los piqueteros? ¿Podemos hablar de cooptación, represión, disciplinamiento?
–Como otros casos de relación Estado-movimientos sociales, las relaciones entre el Gobierno y las organizaciones piqueteras se transforman en el tiempo, pasando por momentos de confrontación y otros de negociación. Hablar de cooptación implica muchas veces un juicio de valor, algo supuestamente malo, que no da cuenta de lo que en realidad está sucediendo: la satisfacción, siempre parcial, siempre incompleta, de algunas demandas piqueteras. Darles lo que reclaman no es cooptarlos.
–¿La represión puede llegar ser política de Estado o es asunto de los gobiernos provinciales?
–Creo que obedece a la interacción dinámica entre cuatro lógicas distintas: la de los gobiernos provinciales, las tensiones al interior del gobierno nacional, la autonomía que han logrado las propias fuerzas represivas, y las acciones de distintas organizaciones piqueteras.
–¿Qué papel juegan los planes sociales en estos tironeos?
–Son parte de las demandas de las organizaciones piqueteras al Estado, pero también parte de las demandas que quienes hacen escuchar sus demandas en las calles y en las rutas tienen para con sus organizaciones. No nos olvidemos que las organizaciones piqueteras no hacen lo que quieren sino que tienen que responder a sus propios miembros. Dentro de ellas hay tensiones. Pero yo no creo que haya clientelismo piquetero. Lo que hay son organizaciones colectivas negociando sus recursos.
–¿Coincide con la teoría de que los planes fomentan la vagancia, como dijo monseñor Jorge Casaretto, el titular de Cáritas?
–Esa supuesta teoría mezcla elitismo con estupidez. ¿Usted cree que alguien se puede acostumbrar a vivir con 150 pesos ? Lo que está por detrás de esta pseudo-teoría son dos acusaciones veladas: una, que los desempleados están sin trabajo porque no quieren trabajar. Nadie puede tomar en serio eso. Dos, que la protesta no sirve. Lo que han demostrado más de cinco años de actividad piquetera es que ésta es útil no sólo para satisfacer demandas, sino para recrear, en parte, la trama social en la vida de los sectores populares.
–¿Habría que dejar de dar planes? ¿Alcanzaría con proyectos cooperativos y comunitarios de trabajo? ¿Qué propondría usted?
–Si usted dejara de dar los planes o, para decirlo de otra manera, si el Estado deja de asistir a los millones de argentinos que dependen de ellos para sobrevivir, lo que va a tener es muerte, violencia y muerte (sic).
–¿Por qué hay tantas divisiones y enfrentamientos entre los grupos piqueteros? ¿Algunos, por ejemplo, buscan poder más allá de los reclamos?
–Habría que ver cuán reales son esas divisiones más allá de las voces de sus dirigentes. No creo que existan entre los desempleados. Pero es lógico que en un movimiento social existan posiciones diferentes.
–¿Y es real el distanciamiento entre la clase media y los piqueteros?
–Las encuestas dicen que a la clase media le molesta que corten las rutas. Eso es superficial. Es mejor que haya más piqueteros, al menos están contenidos en organizaciones recreando lazos sociales y no en la esquina del barrio. Ausentes del mercado de trabajo y la escuela, las organizaciones piqueteras los integran. La clase media debería estar agradecida.
–¿Cree que habrá más represión?
–Si los piqueteros se aíslan de otras organizaciones, incluso la de las clases medias, es probable que haya represión. También está en juego su capacidad de articular con grupos políticos.

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