EL PAíS › RUEDA Y MOYANO, UNA RELACION QUE NACIO COMPLICADA

Como en la guerra de los Roses

 Por Laura Vales

No se habían cumplido dos meses de la asunción y ya los diarios decían que el triunvirato estaba en “su peor momento”. Las amenazas de ruptura acompañaron a la CGT unificada desde su nacimiento. Llegaron a ser, en rigor, el elemento más constante en la vida de la central obrera. De julio pasado a hoy, una vez al mes en la CGT estalló alguna pelea que parecía advertir que se venía la fractura, aunque al final siempre todo se resolviera en una escena de vodevil.
Uno de esos primeros episodios ocurrió en septiembre. Susana Rueda estaba en México. Unas cuarenta mujeres entraron al edificio de Azopardo para impedir que el consejo directivo sesionara en su ausencia. Las mujeres –casi todas del Sindicato de la Sanidad de Santa Fe que encabeza Rueda– dijeron en la entrada que iban a las oficinas de la dirigente, ubicadas en el quinto piso. Desde ahí bajaron por las escaleras hasta el cuarto y se metieron en el salón donde estaba por sesionar el consejo directivo. Una vez en el lugar se negaron a retirarse.
El taxista Omar Viviani, enemigo histórico de Rueda, fue comisionado por los caciques sindicales para convencer a las mujeres de que dejaran libre el salón. Sólo lo consiguió tras una discusión interminable, luego de aceptar como condición que antes de iniciar el debate, el consejo directivo iba a leer un comunicado de prensa enviado por Rueda. En él se señalaba que la reunión no tenía “validez decisoria formal” y debía ser considerada como una cosa “absolutamente informal”.
La dirigente ya había tenido un choque con Hugo Moyano cuando el camionero recibió a Raúl Castells en la sede de la central sindical. Rueda se quedó sin respaldo interno y terminó fuera del Consejo del Salario. A su regreso de México, se enteró de que no sólo había sido excluida por los otros triunviros, sino que además ellos habían tramitado a sus espaldas una audiencia con el Presidente. Rueda reaccionó con indignación. Y en un reportaje le devolvió el alfilerazo a Moyano: “Yo nunca levanté un paro por lluvia”, sostuvo, en alusión al más “combativo” de sus compañeros. El nunca se lo perdonó.
Los moyanistas acusan a Rueda de dar una falsa imagen. “Es una gorda encubierta”, dicen. Apuntan a que la dirigente tiene “un discurso de renovación sindical, pero ha sido parte de la dirigencia que negoció todo con Menem”. Sostenida por figuras como Armando Cavalieri (Comercio), Carlos West Ocampo (Sanidad) y Oscar Lescano (Luz y Fuerza), la cara femenina de la CGT expresa a los sectores que en los ’90 acompañaron sin ningún disimulo la flexibilización laboral.
“Conseguimos la unidad el 14 (de julio) y el 15 empezaron los problemas con ella”, dijo a Página/12 uno de los hombres del camionero. “Ese día hicimos la reunión del nuevo consejo directivo. De entrada, ella se sentó en el sillón del medio, dejando a Moyano y Lingeri los del costado. Teníamos el acuerdo de que el triunvirato gobernaría por un año y, cumplido ese plazo, Moyano iba a quedar al frente de la CGT como único titular. Pero ella lo desconoció. ‘No sé de qué están hablando’, dijo, como si hubiera bajado de un plato volador. Se negó a poner el acuerdo por escrito. Al rato pidió la palabra y nos prohibió fumar. Cayó mal.”
Desconocida en el plano nacional, Rueda supo sacar tajada de esos enfrentamientos. Cada vez que los jefes sindicales la torearon, su figura creció. En enero, en medio de una nueva disputa, dijo que quería “gremialistas sin autos blindados ni guardaespaldas”. Lingeri salió a contestarle: “Estoy cansado de las estupideces que dice y de sus permanentes declaraciones en los medios creyéndose erudita”, se quejó. La acusó además de querer convertirse “en la única kirchnerista que hay en el país”. Viviani lo acompañó: “Estamos hartos”, sintetizó.
El siguiente capítulo se desarrollaría en el Ministerio de Trabajo. Moyano, Lingeri y Juan Manuel Palacios se reunieron con el ministro Carlos Tomada, sin avisarle. Rueda se presentó en la antesala del despacho y dijo que quería participar del encuentro. Sus compañeros se negaron y se retiraron del lugar, dando por terminada la conversación. Pasaría lo mismo con Roberto Lavagna. El titular de Economía debió recibir a los integrantes del triunvirato por separado.
La disputa llegó a tal nivel que el consejo directivo pasó los primeros tres meses de este año sin reunirse. El detonante de la última pelea fue el reencuadramiento de los empleados de logística de Coto, conflicto todavía en curso. Los “gordos” acusaron a Moyano de manejarse de manera autoritaria. Volvieron a hablar de ruptura, aunque a esa altura más que a una amenaza la frase sonó como un conocido mecanismo para negociar el poder interno en la central sindical.

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