ESPECTACULOS › LUIS MARIA PESCETTI Y SU NUEVO LIBRO DE RELATOS INFANTILES

“El lenguaje es como un juguete”

El autor de “El pulpo está crudo”, que es también un magnífico compositor y juglar, como lo prueban sus discos “Vampiro negro” y “Cassette pirata”, acaba de publicar en Alfaguara “Historias de los señores Moc y Poc”, sobre dos caballeros de pulcro estilo británico que entablan diálogos tan imprevisibles como las conversaciones entre dos chicos.

 Por Silvina Friera

Hace años que Luis María Pescetti dejó de ser el “profe” de música, que compartía cuentos del escritor Italo Calvino y canciones propias y ajenas con sus alumnos, en clases poco convencionales y bien eclécticas. Sin que estuviera en sus planes, empezó a cantar en público y las paredes de las aulas se fueron ensanchando hasta fundirse en múltiples escenarios. Con un oído fiel al tono en el que hablan los niños, este juglar, conductor radial y escritor apela al humor como herramienta para desacralizar los principios de la experiencia vital. Aunque nació en el tranquilo pueblo de San Jorge (Santa Fe) y vive en Buenos Aires, él se siente un “nómade por naturaleza”: varios meses al año ofrece shows en México –ciudad en la que estuvo residiendo durante diez años–, en otras ciudades latinoamericanas y en España, porque sus libros y discos “viajan” de un lugar a otro, tan movedizos como su creador. “Estoy con un pie en casa y otro en el avión, por eso me duele la entrepierna”, bromea el escritor en la entrevista con Página/12. Autor de Caperucita roja (tal como se lo contaron a Jorge), El pulpo está crudo, ¡Buenísimo Natacha! y Frin, entre otros destacados libros para chicos, Pescetti acaba de publicar Historias de los señores Moc y Poc, editado por Alfaguara.
“Todo lo que se hace en relación con los chicos está tan idealizado que me gusta buscar títulos que rompan con esa lógica tan almidonada”, señala Pescetti, que lleva editados cinco CD: Vampiro negro (el mismo nombre del programa radial para chicos que se emite los domingos a las 11 por Radio Nacional), Cassette pirata, Boca sucia, Qué público de porquería y Antología. Los protagonistas de Historias de los señores Moc y Poc (libro recomendado para niños a partir de los 10 años) son dos caballeros pulcros y mesurados, que entablan diálogos descabellados, tan imprevisibles como las conversaciones entre dos chicos y se enredan en una saga de conversaciones telefónicas disparatadas.
–Usted juega mucho con el equívoco y la polisemia de las palabras. ¿Este registro está presente en sus demás libros para niños?
–Sí. Todo lo que se puede hacer con el lenguaje me divierte. Para mí el lenguaje es un juguete, disfruto cuando juego con las palabras y el absurdo. La vida está llena de afirmaciones o frases hechas que rozan el absurdo o rompen la lógica y terminan siendo graciosas, divertidas y otras veces hasta torpes. Me gusta señalar ese estado de sorpresa que implica desplazar al mundo cotidiano de su eje normativo.
–¿Este desplazamiento es una forma de definir el humor?
–Exactamente. El humor es mi primera forma de viajar, me permite tomar distancia de las cosas y ver todo de una manera distinta. La mirada se transforma, se extiende, tanto desplazamiento da una perspectiva panorámica. Decir que a alguien le gusta jugar con las palabras, es casi el equivalente a perder el tiempo, en su connotación negativa. Pero en mi caso es algo muy vital: juego con el lenguaje como el escultor juega con la piedra o la arcilla. No me pongo a explorar el lenguaje como el que se pone a revolver la comida que ya no tiene ganas de comer.
–¿Le gusta aplicar en lo que escribe las formas de razonar de un chico?
–¿Qué preguntaría si no tuvieras vergüenza de preguntar, si no dieras por supuesto que hay determinadas cuestiones que no se preguntan? Moc y Poc no dan por sentado nada, igual que un niño, y a la vez son personajes sumamente correctos y contenidos, como Buster Keaton.
–Moc y Poc, ¿manejan un estilo de humor similar al inglés?
–Es el efecto que produce la combinación del absurdo con personajes contenidos. Nunca están llamando la atención ni se ríen de lo que dicen. No se burlan de sí mismos ni de los otros. Este estilo de humor es el que más admiro. En Argentina, especialmente en Buenos Aires, hay formas de humor muy caníbal, que siempre terminan comiendo los restos humanos dealguien. Prefiero explorar formas de humor que no necesitan cascotear a nadie.
–¿Por qué en los últimos años creció tanto la literatura infantil?
–En general, los libros infantiles abordan prácticamente todos los temas de la vida, ya no quedan cosas por ser contadas, relatadas o nombradas, desde las emociones más simples a las más complejas. Incluso hay literatura juvenil que refiere a madres que no pueden con su propia maternidad y dejan a sus hijos a cargo de los abuelos. En la literatura infantil hay una cercanía con la vida común, que no existe en la destinada para los adultos, que se ha convertido en una literatura de las “vidas excepcionales”.
–¿Qué libros no deberían faltar en la biblioteca de un chico?
–Harry Potter...
–¿Es una respuesta en serio o un chiste de Pescetti?
–(Risas) Es muy en serio, pero es provocadora al mismo tiempo. Es en serio en cuanto al contenido del libro y como estamos en un reportaje me permito hacer la broma porque se supone que un autor de literatura infantil no debería contestar Harry Potter. Es un relato entretenido, que está bien escrito. Creo que se armó tanto debate más por envidia a la fama y al éxito que por el contenido del libro.
–¿Cómo percibe a los niños argentinos de este siglo?
–Los adultos vemos a los chicos como niños que quemaron etapas. Sin embargo, si rascás un poco encontrás a los niños. Hay un fenómeno de “adultización” de los chicos, que se asemeja a una “adulteración”, porque se los vuelve adultos en el microondas, se los adultera. Pero en los chicos sigue presente la misma ingenuidad, sólo que hay que llegarles de una manera que no sea ingenua. En los más grandes, especialmente los adolescentes, me preocupa la falta de entusiasmo, es como si se hubieran quedado sin vocación, como si tuvieran anestesiado el deseo.

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“Disfruto jugando con las palabras y el absurdo”, dice Pescetti.
 
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