ESPECTáCULOS

Guillermo López, el actor con un pasado de policía

Alguna vez llegó a sargento de la Federal, pero primero se dedicó a custodiar caras famosas y, desde 1992, comenzó a mostrarse ante cámaras. Actualmente se lo ve en “Rebelde Way”, “Rincón de Luz” y “Doctor Amor”, pero su historial incluye varias tiras en las que llevó presos a unos cuantos.

 Por Mariano Blejman

Su casa está en orden: tiene dos ambientes, un baño y una cocina pequeña sin ventilación. En una pared, el actor-policía Guillermo Gómez colgó su gorra azul de la Federal, un arma de juguete y otra reglamentaria en desuso. Viejas llaves de calabozo acompañan una máscara de El Zorro, un silbato de ronda y unas esposas de verdad. Gómez acaba de llegar de una recorrida por Pompeya donde vive, trabaja y se disfraza, cuando realiza “trabajitos” vinculados a la policía: hace movimiento de fondos entre comercios del barrio y cada tanto se pone un traje de pordiosero, de cartonero, de ciego, para capturar maleantes. Pero Gómez tiene otra pasión: hace de policía en televisión. Actualmente tiene papeles en “Rebelde Way”, “Rincón de Luz” (América) y “Doctor Amor” (Canal 13). Pero pasó por todos. Así como genera sus propios personajes para no parecer policía, en la ficción hace de sí mismo, llevando una confusa doble vida. Con los horarios se arregla, dice, e invita un mate y alfajores ante la presencia de Página/12 en su departamento.
Desde 1992 interpreta distintos papeles de ficción. Por lo general, se autointerpreta: “Buenas tardes, soy el Sargento Gómez”, se le escuchó decir por primera vez hace 11 años en “Amigos son los amigos”, con Carlín Calvo y Pablo Rago. La productora Eliana Monti lo llevó a la tele cuando Gómez era custodio de Xuxa, que estaba grabando en Telefé. “¿Se acuerda que le habían hecho un par de atentados en Brasil?”, inquiere Gómez. Tras la experiencia con la estrella brasileña, lo llamó Guillermo Francella y desde entonces no paró.
“Yo siempre fui cholulo”, asegura el sargento que fue retirado, podrá decirse, por la fuerza de los hechos. “Siempre hice custodias”, sentencia, recordando sus primeros años. En los ‘80, por ejemplo, fue custodio de Queen cuando tocó en Vélez. Saca una carpeta de recortes, muestra una bolsita con fotos y hace de memoria la lista de famosos con los que quedó inmortalizado. “Todos, prácticamente todos”, dice orgulloso: Diego Maradona, Susana Giménez, Mirtha Legrand (comió allí en una mesa de “seguridad”), Bernardo Neustadt, Arturo Puig, Carlín Calvo, China Zorrilla. “Durante la dictadura fui custodio de China”, recuerda. Es una extraña aclaración. “Durante la dictadura militar fui custodio de China”, repite. En esa época conoció “gente del ambiente”. Entró a la policía en 1973, con 23 años. “Quería hacerle el bien a la gente”, dice Gómez. Y decidió alejarse porque en la Policía lo miraban raro cuando empezó a hacerse conocido. “No me sentía cómodo, había un comisario que me hinchaba las pelotas”, recuerda. No da nombres. Pero su propia fuerza le quiere dar 45 días de arresto por una nota que le dio a “Kaos” de Juan Castro, donde habló de la corrupción policial.
En el otro ambiente de su casa, una pieza de cama de una plaza, tiene una prolija colección de perfumes, junto a una colección de corbatas estiradas. Adentro del placard cuelgan trajes de diversos tipos de policía (bonaerense, federal, gendarmes, trajes antibalas) “por si me piden distintos papeles”, dice Gómez. “Siempre me llamó la atención el tema de los disfraces. Siendo policía me disfrazaba para andar por la calle: me vestía de mujer, de Rey Mago, de Papá Noel, de ciego, de pordiosero. Y tengo otros que mejor no los cuento”, dice. “La TV me dio más satisfacciones que la policía”, reflexiona. “¡Qué bien hace de policía!”, habría dicho Guillermo Francella hace una década para llevarlo a “Brigada Cola”. Por ese entonces, Gómez era una curiosidad en los pasillos de Pavón. Así pasó por “Grande Pa” y “Mi cuñado”. Más tarde fue a Canal 13 para hacer un rol en “Montaña Rusa”, con Gastón Pauls, Nancy Dupláa y otros. Siguió en “Amigovios” alternando con su trabajo de guardián.
Pero su rol como policía también estuvo detrás de cámara: “Los productores me pedían asesoramiento: ¿por qué los ladrones salen esposados?, ¿por qué se les tapa la cara?, ¿cómo se desenvuelve unsecuestro?”. Pero no siempre fue azul en la ficción: le tocó hacer de guardiacárceles en “Archivo negro”, con Julio Chávez y Rodolfo Ranni, entre otros. “Ahí hacía de hijo de puta”, recuerda Gómez, que sigue dándole al mate mientras habla y ofrece más alfajores. “Siempre nos hacen parecer coimeros, chorros, mafiosos. Y los policías no somos todos así”, dice Gómez. Su doble rol no parece generarle contradicciones.
En una mesita de la entrada tiene revistas de actualidad: Pronto, Veintitrés, TXT, Noticias, Poder, El Guardián. “Che –pregunta–, ¿El Guardián es de Moneta? Porque se la pasa hablando de Mendoza.” Al lado de las revistas hay una pila de películas. Uno de los títulos dice Nadie vive demasiado, otro Duro de matar. Al lado, un documental del Che. “Mire”, muestra. Es curioso: ¿por qué tiene ese documental? Gómez se reclina en la silla ubicada contra la pared, piensa unos segundos en silencio y aclara: “¿Se refiere a lo que hicieron los milicos...? No, yo no estoy en ésa. Nunca estuve en ésa. Nunca estuve en el bando contrario al Che”, responde. ¿Dónde trabajó durante la dictadura? “En el Departamento de Investigaciones, robos y hurtos y homicidios”.
Gómez metió presos a casi todos los actores de la televisión. También sacó esposadas a niñas de “Chiquititas” de Cris Morena, cuando detuvo a las menores que se escapaban del orfanato. Pasó por “Gasoleros” y “Campeones”, del 13. Curiosamente, no trabajó en “099 Central”. Hizo de fiscal en “Los buscas” y también de secuestrador. En la vida real se sigue disfrazando: “Lo hago por hobby. Me divierto atrapando delincuentes”. Los trajes incluyen oficios de heladero, barrendero, mujer y travesti (con el arma bien escondida). “¿Sabe lo que es llevar a un chorro a la comisaría vestido de mujer?” Dice que nunca detuvo a nadie que robara para comer. “Siempre agarro a mecheros, arrebatadores, punguistas”, puntualiza. Gómez cuenta una anécdota navideña, cuando disfrazado de Papá Noel agarró a un dúo que intentaba asaltar a una mujer y los tiró al suelo para detenerlos. La gente pensó que él era chorro y estaba asaltando a los asaltantes. Se le tiraron encima, mientras otros vecinos lo defendían. Hasta que llegó la policía. “¿Sabe qué le dije al chorro después? ‘El resto de tu vida te vas a acordar que en una Navidad te detuvo Papá Noel’.”
Gómez dice que en 1986 participó de una investigación con el FBI sobre robo de tarjetas de crédito, trianguladas entre Puerto Rico, Estados Unidos y Argentina. Desde esa época tiene un artefacto colocado sobre el televisor que le permite agrandar la pantalla para observar un video en detalle. También escribió una carta a un diario donde pedía “perdón” por la policía por los asesinatos del 19 y 20 de diciembre.
Había vivido en el Gran Buenos Aires, pero volvió a Pompeya cuando se separó de su mujer. Alquiló un dos ambientes, a la espera de irse de nuevo al Gran Buenos Aires. “La ciudad no es lo mío, necesito verde”, dice. Pompeya lo conocía: estuvo cinco años de guardia en la esquina de Traful y Sáenz. Mientras baja las escaleras para abrir la puerta de calle, Gómez larga una perorata sobre la honestidad de la Fuerza y asegura no tener problemas si tuviera que apresar a un compañero corrupto. Gómez sale a la puerta, saluda a un par de vecinos que caminan por ahí y antes de despedirse ofrece: “Cualquier problemita me llaman, ¿eh?”.

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Gómez siguió revistando en la Federal hasta que su empleo célebre lo obligó a retirarse.
 
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