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La historia de una mujer fatal o la de un hombre que no la escucha

En Carmen hay más buena música que en muchas otras óperas, todas juntas. Hoy vuelve al Teatro Colón, con puesta de Laura Yusem.

 Por Diego Fischerman

Carmen es una mujer fatal. O eso es lo que pensó Prosper Mérimée cuando escribió la historia, aparentemente autobiográfica (por lo menos en parte), acerca de cómo el deseo por una mujer puede perder a un hombre bueno. Nada muy distinto al memorable comienzo de Pacto siniestro, de Billy Wilder, cuando Fred McMurray dice “maté por una mujer y por dinero y no conseguí ninguna de las dos cosas”. En el libreto que, a partir de esa novela, escribieron Henri Meilhac y Ludovic Halévy para la ópera de Georger Bizet, Don José es un soldado, con madre y novia en su pueblo, que terminará desertando entre contrabandistas y, finalmente, envuelto en un crimen. Que Carmen sea gitana, en todo caso, no es un hecho menor.
Más allá de los contenidos racistas (y sexistas), esta ópera que funciona teatralmente como pocas y que tiene más buena música que gran parte de la historia del género toda junta, bien puede entenderse como un duelo entre dos concepciones dramáticas. Don José, en ese sentido, refleja las antiguas convenciones, aquellas que indican que basta la aparición sobre un mismo escenario de un hombre y una mujer para que se trate de amor eterno. Responde a ese modelo hasta tal punto que no puede escuchar lo que Carmen le dice. Cuando ella canta que el amor es un pájaro rebelde que nadie puede domesticar, dice exactamente eso que está diciendo. Y José, claro, no lo entiende.
Estrenada en 1875, Carmen pone en escena, además, una de las características esenciales de la música francesa (y tal vez de todo su arte), el gusto por el exotismo. Si los italianos escribieron óperas situadas en Egipto, China y hasta la América indígena sin que la música cediera un ápice de su italianidad, los franceses, desde Berlioz en adelante, supieron aprovechar las referencias a culturas exóticas (y España, en el siglo XIX, lo era) como pretexto para utilizar escalas poco usuales y, de paso, para escapar de la sensación de agotamiento de la tonalidad funcional producida por Richard Wagner. Carmen es, además, una ópera en que las escenas de masas son fundamentales. De hecho, no hay escenas privadas; todo transcurre, siempre, frente a testigos. Su estructura se corresponde con la tradición de la ópera comique, un género que, como es obvio, resultaba independiente de la comicidad. De lo que se trataba era de obras que tenían como protagonistas, en lugar de dioses o antiguos emperadores, a gente del burgo (inicialmente esos personajes eran, en efecto, cómicos).
La característica más importante de este tipo de ópera era la inclusión de diálogos hablados (igual que en el singspiel alemán, en la zarzuela española y, más tarde, en la opereta y la comedia musical). Sin embargo se hicieron adaptaciones en las que esos diálogos fueron convertidos en recitativos y ariosos, de manera de incluir el título en los repertorios serios (y de evitarles a los cantantes de otras nacionalidades tener que hablar en francés). La versión que hoy se estrenará en el Teatro Colón, en una puesta de la directora teatral Laura Yusem, será, en cambio, la original. Protagonizada por la excelente mezzo-soprano Cecilia Díaz (ganadora en 1994 del concurso Operalia patrocinado por Plácido Domingo, con quien compartió escenario en varios de los principales teatros del mundo) y por el tenor Gustavo López Manzitti, la escenografía es de Daniel Feijóo y el vestuario de Renata Schussheim. El diseño de iluminación corresponde a Mauricio Rinaldi y la coreografía, a Roxana Grinstein. Con la participación de la Orquesta Estable y el Coro Estable del Teatro Colón, dirigido por Alberto Balzanelli, y el Coro de Niños, con dirección de Valdo Sciammarella, la conducción musical será del suizo Christof Escher.
Habrá siete funciones y Díaz alternará su papel con Alejandra Malvino. La primera cantará hoy, el domingo 7, el martes 9 y el jueves 11, mientras que Malvino lo hará los días 6, 10 y 12. Los barítonos Luis Gaeta (5, 7, 9 y 11) y Enrique Gibert Mella (6, 10 y 12) serán Escamillo y las sopranos Virginia Wagner (5, 7, 9 y 11) y Mónica Philibert (6, 10 y 12) interpretarán el papel de Micaela. Actuarán también Hernán Iturralde alternando con Ricardo Ortale como Morales, Ricardo Yost y Juan Barrile ( Zuñiga), Carina Höx-ter y Cecilia Layseca (Frasquita), Susanna Moncayo y Alicia Cecotti (Mercedes), Omar Carrión (El dancairo), Rubén Martínez (El remendado), Gustavo Zahnstecher (Un bohemio) y María Amelia Alvarez (Una vendedora de naranjas).

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Cecilia Díaz será Carmen en la puesta que se estrena hoy.
 
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