ESPECTACULOS › ENTREVISTA A MARTA LUBOS, UNA DE LAS ACTRICES EMBLEMATICAS DE LA NUEVA ESCENA

“Hay que ver la realidad desde otro lugar”

Empezó a actuar a los 39 años, pero desde entonces no perdió el tiempo, convirtiéndose en una artista requerida para las obras más experimentales. Protagoniza Kadish y pronto será Gertrudis en Hamlet, dirigida por García Wehbi.

 Por Cecilia Hopkins

Desde 1999, el trabajo de la actriz Marta Lubos comenzó a cobrar mayor visibilidad. Fue en ocasión del estreno de Teresa R, la valiosa versión escénica de Teresa Raquin, novela de Emile Zola, escrita y dirigida por Luciano Suardi. A partir del personaje que interpretaba –una madre que respondía a un comportamiento mecánico y obsesivo–, la actriz dejó por sentado que maneja los recursos expresivos que se adecuan a las nuevas propuestas autorales. Iniciada en la actuación recién a los 39 años, a sus espléndidos 60 Lubos asume el rol de mujer madura en las puestas de directores cuyo trabajo se perfila hacia la experimentación. Así, casi siempre interpreta el personaje de madre, según se la vio en Lengua madre sobre fondo blanco (2001) de Mariana Obersztern, Temperley (2002), del mismo Suardi y Alejandro Tantanian, En casa (el último día que los vieron vivos) (2003), también de Suardi, y Kadish, basada en la novela homónima de la rosarina Graciela Safranchik, con dirección de Silvio Lang, obra que continúa en cartel en El Excéntrico de la 18a.
Desde el mes pasado, Lubos se encuentra ensayando en el Teatro Sarmiento una versión de Luis Cano de Hamlet, de Shakespeare, bajo la dirección de Emilio García Wehbi (se estrenará a fines de este mes), en la cual –y no podía ser de otro modo– interpreta a Gertrudis, madre del protagonista. Además, comenzó a ensayar bajo la conducción de Daniel Veronese, quien llevará a escena durante la segunda mitad del año una singular versión de Las tres hermanas, de Chéjov. Allí la actriz no asume el rol de marras: los sexos de los personajes están invertidos y le tocó en suerte interpretar a Chebutikin, un médico escéptico y atormentado por la muerte de una de sus pacientes.
Lubos era una destacada ejecutiva hasta que se decidió a tomar clases de teatro, una de sus asignaturas pendientes: había estudiado piano desde muy chica, danza, escultura y dibujo, pero su puesto de gerente de comercio exterior de una empresa, la casa y los hijos no le dejaban demasiado margen como para intentarlo antes. “El trabajo me atrapaba cada vez más –recuerda en la entrevista con Página/12– y cada vez que quería renunciar me aumentaban el sueldo y me ascendían.” Hasta que su marido, considerando que necesitaba realizar un cambio radical, le hizo la pregunta (“¿dónde está tu verdadera vida?”) que la animó a dejar su puesto con una excusa cualquiera, para optar por un trabajo administrativo menos absorbente que le permitiera ingresar a la escuela de actuación que dirige Alejandra Boero. Estrenó sus primeras obras junto al ya fallecido Eduardo Riva, como integrante de la cooperativa Serio o no Serio. “A partir de entonces, no paré más”, recuerda. Seguía trabajando en su oficina, hacía funciones, daba clases en Andamio 90 y dormía muy poco. Ante una nueva intervención de su marido, Lubos optó por un retiro voluntario y se dedicó de lleno al teatro. “De pronto, tuve que aprender a administrar el tiempo libre –apunta– acostumbrada como estaba a sacarle jugo al tiempo acotado.” Pero las oportunidades se multiplicaron: además de teatro hizo televisión, bajo la dirección de Alejandro Doria, participó en cortos y largometrajes, entre otros, Quiero volver a casa, ópera prima de Albertina Carri y La niña santa, con dirección de Lucrecia Martel.
Del hecho teatral, Lubos disfruta con “la posibilidad de dar cuerpo a incontables personas y crear situaciones: aun cuando me toca el rol de madre, puedo hacerle infinitas variaciones al papel, lo que las hace siempre diferentes”. Acerca de la función de su tarea, ella estima que “uno destina su trabajo al espectador, para que vea la realidad desde otro lugar, con cierta distancia, para que recapacite, reflexione, sin que importe que sea un drama o una comedia lo que está viendo. Con el cine pasa lo mismo: una película puede modificar tu vida profundamente”. La actriz valora los beneficios de una vocación que tardó en imponerse: “Mi formación es contemporánea a la de Luciano Suardi, estoy en una camada diferente a la que, por edad, me correspondería y creo que por eso no tuve una formación conservadora. Me gusta estar abierta, libre, hacia las búsquedas expresivas que intentan conseguir, sin mirar para afuera, un lenguaje auténtico, que nos pertenezca”.
A la hora de hacer un balance del teatro porteño, Lubos distingue “una gran cantidad de obras, de formas y grados de profundidad muy diferentes, muchas de las cuales valen la pena solamente por sus búsquedas”. De sus ensayos para la puesta de Hamlet, la actriz deja entrever muy pocas cosas: “La adaptación es muy fuerte, quebrada, con referencias a temas de nuestra propia historia”, pero detiene su discurso porque, según considera, no se siente segura al momento de explicitar en qué aspectos se basa la singularidad de la versión de Cano. Solamente atina a subrayar que “los clásicos tienen núcleos tan valiosos intrínsecamente que esto permite encontrar una recreación válida, sin que se pierda la esencia del original, igual a algunos temas musicales que sin dejar de ser los mismos pueden ser recreados infinitamente”. En cuanto a Kadish, la actriz cuenta todavía asombrada que Lang le envió el texto para conocer su opinión: si a ella no le interesaba, él no pensaba hacerla porque no estaba dispuesto a buscar otra actriz. “El kadish es una plegaria por los muertos que consiste en una sucesión de voces –explica Lubos– y la propia obra tiene esa misma característica atrapante: es una sucesión de voces que corresponden a aquellos familiares que vuelven a la casa, luego del entierro, con los interrogantes propios del inicio de una nueva vida.” La obra es, según ella, “una apuesta al valor de la palabra, un texto poético exigente para el espectador que, a pesar de no incluir interacción entre los personajes, es capaz de despertar intensas emociones”.

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Marta Lubos, o la historia de una mujer que dejó su puesto de gerente para dedicarse a la actuación.
 
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