ESPECTáCULOS › UNA RETROSPECTIVA DEL CINEASTA GEORG WILHELM PABST

Para descubrir a un talento

La muestra que empieza hoy en la Sala Lugones fue concebida para presentar al público local la obra del factótum de la gran Greta Garbo.

“Nadie como Pabst ha sabido reflejar la promiscuidad de los cuerpos, un erotismo extremo, sin sombras de vulgaridad”, escribió la célebre historiadora alemana Lotte Eisner. Según el maestro Jean Renoir, “Pabst sabía cómo crear un mundo extraño a partir de elementos tomados de la vida diaria”. En palabras del escritor británico Graham Greene, “es posible resumir todo el apogeo y la caída del cine de la primera posguerra europea en la obra de este hombre”. Y, sin embargo, el alemán Georg Wilhelm Pabst –descubridor de Greta Garbo y Louise Brooks, precursor del cine moderno, cineasta de una deslumbrante exquisitez visual– es casi un desconocido en la Argentina. Hasta ahora. El Teatro San Martín, el Goe-the-Institut y la Fundación Cinemateca Argentina organizaron una muestra denominada Pabst: una retrospectiva, que se llevará a cabo a partir de hoy y hasta el viernes 12 de abril, en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín, para culminar a toda orquesta el sábado 13 y el domingo 14 en el Teatro Colón.
Formado en la Academia de Artes Decorativas de Viena, Georg Wilhelm Pabst (1885-1967) fue actor y director teatral. Reveló su talento como cineasta en El tesoro (1923), un film que “abunda en imágenes maravillosas, que la luz esculpe en las tinieblas”, en palabras de Lotte Eisner. Reconocido a partir de entonces por su excelencia visual, Pabst fue probando distintos caminos, siempre ligados al realismo, del que trascendía con su estilización plástica. “El realismo es un medio, no un fin”, decía Pabst, quien con Lulú o la Caja de Pandora (1928) descubrió al mundo la belleza intemporal de Louise Brooks, como antes lo había hecho con Greta Garbo en La calle sin alegría (1925). En su paso al cine sonoro, probó las distintas formas de la dramaturgia musical, particularmente en su versión de La ópera de tres centavos (1931), de Bertolt Brecht y Kurt Weill, protagonizada por Lotte Lenya. El exilio lo hizo probar suerte en Francia y Estados Unidos, para volver finalmente a Alemania. “El espíritu de su tiempo habla a través de su obra”, señaló el cineasta y escritor Edgardo Cozarinsky.
La agenda completa del ciclo, realizado con copias nuevas enviadas especialmente por el Filmmuseum Berlin-Deutsche Kinemathek, es la siguiente. Hoy se verá El tesoro (Alemania, 1922-1923), una leyenda de amor y codicia desarrollada en escenarios naturales, que anuncia el talento de Pabst para manejar la materia visual. “Pabst supo aprovechar toda la maquinaria expresionista”, escribió Lotte Eisner en La pantalla diabólica. Mañana irá Misterios de un alma (Alemania, 1925), ilustración pionera de las teorías psicoanalíticas que se popularizaban fuera del círculo de la burguesía ilustrada. El resultado es visualmente cautivante en las secuencias oníricas y muestra a un Pabst ya lejos del expresionismo.
Pasado mañana se proyectará La calle sin alegría (Alemania, 1925), con Asta Nielsen y Greta Garbo, crónica de la decadencia de la clase media vienesa en la primera posguerra mundial, que abre el camino a la llamada “Nueva Objetividad” (Neue Sachlichkeit), la vanguardia alemana que rompe con el expresionismo. Pabst arranca los mejores acordes del enfrentamiento entre una madura Asta Nielsen, en el ocaso de su carrera, y la jovencísima Greta Garbo, en su primer film fuera de Suecia. El sábado está programada El infierno blanco de Piz Palü (Alemania, 1929), codirigida por Georg Wilhelm Pabst y Arnold Fanck y protagonizada por Leni Riefenstahl, cumbre del “cine de montaña” que practicaban el Dr. Fanck y Frau Riefenstahl, antes de que ella dirigiera el tristemente célebre documental El triunfo de la voluntad. La joven Leni, como siempre poseída por la montaña, desafía todos los peligros para salvar a su amado, prisionero del Mont Blanc. “Visualmente sorprendente”, escribió Pauline Kael en las páginas de The New Yorker. El período mudo de su obra concluye el domingo con Diario de una perdida (Alemania, 1929), con la bellísima Louise Brooks. La hija de un farmacéutico es seducida y abandonada por un rufián. La familia le da la espalda y sólo le queda refugiarse en un prostíbulo. “Pabst insiste hasta tal punto en la inmoralidad de la clase media que hace aparecer al burdel casi como un lugar saludable”, señaló el crítico cultural Siegfried Kracauer en su libro De Caligari a Hitler.
El martes 9 se verá Cuatro de infantería (Alemania, 1930), el primer film sonoro de Pabst, que sigue los caminos de cuatro soldados durante la Primera Guerra Mundial. “Un film antibélico sólo comparable a Vergüenza, de Bergman”, según Nora Sayre en The New York Times. Para Jim Hoberman, de The Village Voice, “es una película tan innovadora en su uso del sonido como M de Lang”. El miércoles 10 va La ópera de tres centavos (Alemania, 1931). La obra musical de Weill y Brecht había causado sensación desde la noche de su estreno en Berlín, en 1928, y su paso al flamante cine sonoro era lógico. Hoy el film resulta imperdible por la posibilidad de ver y escuchar (en su versión alemana) a intérpretes legendarios como Lotte Lenya y Ernst Busch.
“Del film se desprende hoy ese pathos indefinible de los objetos que, con el tiempo, el espectador sabe condenados por la Historia”, escribió Alberto Tabbia. El jueves 11 se exhibe una curiosidad, De arriba hacia abajo (Francia, 1933), con Jean Gabin y Michel Simon, un film casi desconocido de Pabst, con un elenco predominantemente francés (salvo un cameo de Peter Lorre) para dar vida a un drama vienés. Y el viernes 12 el ciclo se cierra en la Lugones con El secreto de una noche (EE.UU., 19331934), con Richard Barthelmess y Florence Eldridge. El único film que rodó Pabst en Hollywood tuvo fama de desastre, pero es uno de los descubrimientos de la retrospectiva. En pleno optimismo del new deal rooseveltiano, esta fábula de ascensión social de un inmigrante culmina con el desdén del protagonista hacia todo lo que el modo de vida norteamericano puede ofrecerle. (Todas las funciones en la Sala Lugones a las 14.30, 17, 19.30 y 22 horas.)

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La bella Louise Brooks, en una escena de “Diario de una perdida”.
 
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