ESPECTáCULOS › PRESENTACION DEL FILM “FAMILIA RODANTE”

Destino de película

Los pueblos de San Javier (Misiones) y Yapeyú (Corrientes) vivieron con intensidad el preestreno del último largometraje de Pablo Trapero. Los vecinos participaron del rodaje.

 Por Mariano Blejman

Una mujer camina con un niño cargado en un brazo y en el otro un termo, y en la mano un mate, y con unos dedos que le quedan libres lleva una silla plegada. El grupo de changuitos puja por un lugar bien adelante, pero algo más que una película está por ocurrir en San Javier, Misiones. Frente al complejo Juan D. Perón de este pueblo cañero, una cola de deseos de verse en una de ficción se agolpa por entrar a ocupar espacio. Todavía faltan dos horas para la presentación del film Familia rodante de Pablo Trapero (que un día después se dará también en Yapeyú), pero apenas caben unos asientos más en los pasillos. El film relata la historia de una familia que viaja de Buenos Aires a San Javier, Misiones, para un casamiento. Una historia simple, contada a la manera de Trapero, como hizo con Mundo grúa, con El bonaerense.
Cerca de 2500 espectadores se terminan de agrupar para ver esa película que, dicen, ha capturado a los personajes del pueblo de 15 mil habitantes. Ellos dicen que el film –que mañana, pasado y el martes se verá en Venecia y a fines de septiembre se estrenará en Buenos Aires– ha hecho mucho por San Javier; el diario de Misiones opina que es el evento cultural del año para la provincia. Unas 500 personas quedan afuera por falta de espacio. Hugo Castro Fau, productor del film, socio de Trapero, observa el ingreso de los últimos al predio y le dice a Página/12: “Esto es para la gente de Buenos Aires que dice que los argentinos no quieren ver cine nacional. Habría que mostrarles lo que pasa acá”.
La cantidad de público y el entusiasmo que muestran los habitantes de San Javier llevan a Trapero a decir: “Nunca pensé que una emisión de cine pudiese ser tan parecida a un recital de rock”. Había prometido volver a mostrar la película en los dos lugares donde estuvo rodando Familia rodante. Todos en San Javier sabían hacía meses que esto iba a pasar en septiembre, pero “por suerte”, dicen ahora, se adelantó unos días. Cuando Trapero aparece ante el público, se desata una ovación que lo convierte en una especie de pastor: “Cuánta gente que hay...”, parece paralizado. “Les pido un poco de paciencia –se adelanta el director ante un público inquieto por verse–, San Javier viene recién al final”, aclara. El aplauso abierto cae desde el fondo de una tribuna y se expande como una ola de orgullo sobre el pueblo. San Javier se da cuenta de que existe porque está en una película. En la escena final del casamiento, donde llega la familia, participó un puñado de extras. Casi la mitad de los presentes, cuentan los organizadores, no vio cine en su vida, y vaya a saber cuándo van a volver a ver.
Entonces se apagan las luces, Trapero toma en sus brazos a su hijo Mateo y se sienta en la primera fila, junto a Martina y Castro Fau. El cinemóvil del Incaa ya tiene todo listo. El film comienza en Buenos Aires, con una familia que se va hacia el norte. Y San Javier se convierte en destino de película. Las escenas subidas de tono se llevan los primeros aplausos y agitación en las tribunas, pero el éxtasis sucede cuando el cartel de San Javier, la dulce, se hace presente. Es dulce porque su principal fuente de trabajo es la de la caña de azúcar, pero también porque la gente así debe querer su destino. Y todo se desbanda, a pesar de que el sonido no ayuda. San Javier ya no mira el film sino que se mira como objeto de pantalla. Cobra un protagonismo no realmente consciente.
Algo pasa después del film: cuando se prende la luz, las caras tienen pintadas sonrisas indelebles. No se ríen sólo del film sino de haberse visto. O de haber visto al vecino, al muchacho de apodo “Café” que se lleva una de las chicas de Buenos Aires, por ejemplo. Aunque la mayoría se ríe “de contentura”, dicen. De haber visto cine. A sala llena. “Podrían volver prontito”, opina un protagonista. Un día después, la entrada a Yapeyú, en Corrientes, donde se rodó buena parte de la película, dista bastante de ser la recreada por Trapero. La del film es más bien la Yapeyú del Billiken, de gauchos y chinas bailando por ahí, de caballos y facones, en el medio de una parada de urgencia de la Familia rodante en busca de un dentista. El dentista es el intendente. El pueblo del general San Martín, libertador de América, tiene la mesa servida cuando llega la comitiva. El intendente espera con la ensalada en la mesa. “Calculamos unas 800 personas”, dice uno de los que reciben a Trapero, en un pueblo de 2500 personas. Martina, mujer de Trapero y productora ejecutiva del film, busca al Gauchito Gil; le prometió que volvería si el film se terminaba de hacer. No vaya a ser cosa...
A diferencia de San Javier, Yapeyú vive la proyección de Familia rodante con cierta tranquilidad. Porque son menos y porque el conductor del evento (designado por el intendente) pide que haya mucho silencio. Trapero suplica de nuevo paciencia por el lugar que Yapeyú ocupa en el film. Y se alegra con cada ocurrencia del público. “Hay algunas escenas donde la gente se ríe siempre, más allá del nivel cultural”, cuenta mientras toma una cerveza. Los del local de choripanes ubicados en el fondo no quieren apagar la luz, recién cuando Trapero les implora –porque da sobre la pantalla– se dan por vencidos. Una plaga de niños repartida por el club espera la aparición del pueblo en celuloide, pero antes aparecen los chiflidos por las escenas calientes y algún que otro padre grita como si quisiera que no pasen nada. Casi sobre el cierre, uno de los habitantes de Yapeyú se pregunta si no falta todavía la mitad del film: es que parece que no pusieron casi nada. Hasta que aparece en pantalla el intendente, devenido odontólogo. “¡Qué hiciste!”, le grita alguien desde la tribuna cuando lo ve sacándole la muela a una de las actrices. Pero ya es tarde, la carcajada se ha desparramado. Los granaderos que cuidan la “cuna” de San Martín finalmente han esbozado una sonrisa.

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El film narra un viaje familiar desde Buenos Aires hasta San Javier.
 
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