ESPECTáCULOS › SUSANA GIMENEZ, UN REGRESO PARA CONSERVAR EL TRONO

Con apoyo hasta de Roviralta

A la señal de largada, Susana Giménez y Marcelo Tinelli salieron al trote con pura artillería. Ella, que ganó en el rating por ínfimo margen, tuvo el respaldo del staff de Telefé y hasta de su ex marido golpeado. El mostró lo mismo de siempre pero con alarde tecnológico. Pretendido glamour de un lado y gritos pelados del otro. Cada cual fiel a sí mismo.

 Por Emanuel Respighi

“Sabe que la lucha es cruel y es mucha / pero lucha y se desangra / por la fe que lo empecina... / Uno va arrastrándose entre espinas / y en su afán de dar su amor / sufre y se destroza hasta entender / que uno se ha quedao sin corazón...” La letra del tango Uno, escrita por Enrique Santos Discépolo, sirve para hablar con certeza de lo que la guerra entre los canales ha generado. Y la lucha es tanta y tan cruel que, en su regreso a la TV, Susana Giménez no sólo desplegó su habitual fasto sino que hasta apeló a una extraña “sorpresa” en vivo, en busca de algunos puntos extra de rating: la presencia en el estudio de... ¡Huberto Roviralta! La visita de su ex esposo al comienzo de la decimoséptima temporada de Susana Giménez (lunes a viernes a las 21, por Telefé) no sería tan rara para propios y extraños si no fuera porque entre ambos medió, además de un cenicero, un divorcio despiadado, donde el ex polista ganó el juicio por 10 millones de dólares. Está claro que, en la TV 2005, cualquier recurso es válido a la hora de acaparar audiencia. Ni siquiera “la Nº 1 de la TV argentina”, como la presentaron en las promociones.
Vestida con un ajustado vestido largo y blanco, de tajo profundo, la diva hizo su aparición en cámara exactamente a las 21. Como es habitual en cada uno de sus retornos, Susana eligió hablar de su vida privada, sólo que en esta ocasión lo hizo a través de la apertura anual que precedió a su entrada a una escenografía imponente. Abrió el año simulando un juicio que la tenía a ella en el banquillo de los acusados por tomarse “cuatro meses de vacaciones”, “infringir el código del conductor diciendo lo primero que se le viene a la cabeza” y por ser “rubia y despampanante”. Apertura que luego dio pie al clásico musical –de dudosa calidad, pero mejor que cualquiera de los que el año pasado se vieron en Dominico– en el que Susana se defendió de todas las acusaciones. “No me ha ido mal, jamás voy a cambiar”, entonó, como nueva-vieja máxima.
Susana comenzó el ciclo hablando sobre la muerte de Juan Pablo II. Y lo hizo a su manera, claro. “Se fue el Papa más importante de los 4, 5 siglos”, “un amoroso”, “... la vida tiene que continuar”, fueron algunas de sus frases. Luego del recordatorio, la diva hizo alusión a la guerra de los canales, pero prefirió el lenguaje indirecto, sin acudir a nombres propios. “¿Cuántas flores tengo hoy? Más que nunca”, se preguntó y, sorprendida ante tanto ejecutivo junto detrás de cámara, espetó: “Me cuidan mucho este año porque soy la única que les queda”. “Están todos acá, ¿venían los años anteriores, también?”, lo interrogó a Luis Cella, su productor, detrás de cámara. El silencio ofició de respuesta.
Tras los títulos, la conductora presentó las “perlitas” surgidas de las grabaciones de la apertura. Allí, entre bloopers y torpezas, se filtraron –no involuntariamente, claro– las presiones a las que se tuvo que someter Susana para aceptar ir a las 21, dejando su clásico horario de las 20. Se pudo ver cómo ella se negaba a atender las llamadas de Claudio Villarruel, director artístico de Telefé, para persuadirla del cambio de horario. “No lo voy a aceptar de ninguna manera”, le decía Susana a su productor en un alto de la grabación previa al debut del ciclo. A la vuelta, la imagen se posó en Villarruel, juntando sus manos en señal de perdón.
Finalizada la etapa de las chicanas sobre el horario y la competencia, Susana recibió a Diego Torres, el primer invitado del año. En un set intimista y relajado, el músico entonó Usted, Tal vez y el hit Color esperanza. El ingreso de Mamá Cora (el personaje de Antonio Gasalla) le otorgó algo de frescura al ciclo, cuyos dardos se centraron fundamentalmente en la presencia de Roviralta en el piso (“me parece que se quedó sin cambio”, “te viene a devolver el cenicero”, “dale una oportunidad al Huberto, pero agarrá bien el monedero”).
La otra sorpresa fue la presencia en el programa de todas las figuras de Telefé, quienes entraron al estudio en riguroso smoking, ellos; y vestidos largos, ellas. Desde Guillermo Francella y Florencia Peña, hasta JuliánWeich y Pablo Echarri, pasando por Marley y ¡Maru Botana!, se hicieron presentes en una charla desordenada. Autorreferencial como siempre, la estrella de Telefé se despidió brindando con champagne junto a sus colegas, mientras una copiosa lluvia de papelitos invadía el estudio. La frase “Siempre juntos”, titilando en color dorado sobre la base de la pantalla, pareció ser un mensaje indirecto al desertor Marcelo Tinelli más que el recuerdo del slogan del canal coronando la velada.

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Todas las “estrellas” de Telefé se sumaron para respaldar el plato fuerte.
 
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