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El otro Chaco: una gran galería a cielo abierto

El boliviano León Saavedra Gueuer ganó el primer premio en la Bienal Internacional de Escultura, un encuentro ya clásico en Resistencia, que volvió a vivir diez días de pasión artística.

Por Karina Micheletto
Desde Resistencia

Después de diez días que transformaron a Resistencia en un gigantesco taller escultórico al aire libre, donde artistas de toda Latinoamérica crearon sus obras desde cero en la plaza 25 de Mayo, a la vista de todos, terminó la Bienal Internacional de Escultura. Hace tiempo que este acontecimiento, que se repite en esta ciudad cada dos años desde 1988, logró dotar a la capital chaqueña de un sello distintivo: ser la “Ciudad de las Esculturas”. Organizada por la Fundación Urunday, una institución integrada en su mayoría por escultores chaqueños, y con el apoyo del gobierno provincial, la Bienal es aquí una especie de ceremonia largamente esperada. Este año el certamen estuvo a punto de suspenderse. Finalmente se hizo, pero adecuado a las nuevas reglas: los premios –que llegaron a 20.000 dólares en ediciones anteriores– no superan ahora los mil dólares, los grandes bloques de mármol de Carrara con los que se trabajaba antes fueron reemplazados por la austeridad de la madera y el metal, y los escultores deben costear sus pasajes, entre otros ajustes. Por eso, además de la selección rigurosa que se realiza entre todos los artistas que envían sus proyectos, este año operó el filtro económico: por primera vez desde que la Bienal adquirió el status de internacional, los participantes son todos latinoamericanos. “Lo importante es que se hizo, nos endeudamos, trabajamos el triple, pero se hizo. Esta Bienal ya ganó un lugar en el circuito escultórico mundial, y eso no se puede perder”, dice Fabriciano Gómez Lollo, escultor miembro de la Fundación Urunday.
Un jurado integrado por la escultora china residente en Brasil María Cheung, el argentino Alfredo Portillos y la crítica de arte chilena María Carolina Abell Soffia otorgó el primer premio al escultor boliviano León Saavedra Gueueuer, por su obra Fusión. La medalla de plata fue para el peruano Aldo Shiroma, por la obra Hermandad, y la de bronce para el paraguayo Gustavo Beckelman, por Carga compartida. Los premios decididos por el voto del público y de los niños fueron para el argentino Guillermo Gaggini, por Juana sin techo; el premio otorgado por los escultores para el paraguayo Beckelman, y el premio Osde para el brasileño Marco Antonio Rocha, por El sol sale para todos. Para el ganador del premio mayor, Saavedra Gueueuer, la experiencia de trabajo fue lo más valioso. “Fue fantástico recibir muestras de afecto y de interés, la gente se acercaba a hacerme preguntas, me pedían autógrafos, me trataron como a una estrella de Hollywood. Y también descubrieron que el trabajo del artista es el de un simple mortal. Aquí no hay ninguna musa salvadora, el 99 por ciento es trabajo, y el otro 1 por ciento, más trabajo”, definió el boliviano.
La importancia de la Bienal de Escultura no radica sólo en que las obras realizadas quedan expuestas en las calles, plazas y paseos de Resistencia, algo que transforma a la ciudad en una gran galería a cielo abierto, por lo que la Unesco está evaluando declararla Patrimonio de la Humanidad. El movimiento generado por este epicentro escultórico revitalizó a esa actividad como disciplina en la Argentina, y generó un circuito con experiencias similares en Misiones, Córdoba, Mar del Plata y Avellaneda, una bienal de esculturas en nieve en Ushuauaia y, próximamente, una de esculturas sonoras en Santa Cruz.

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Artistas y público convivieron en la Bienal de Resistencia.
El encuentro se hizo con menos presupuesto que otros años.
 
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