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Periodismo

Federico Corbière sostiene que, impulsado por el desarrollo de nuevos dispositivos tecnológicos, el periodismo transita por una evolución hacia otras formas de contar historias atractivas que, sin embargo, conservan el lugar tradicional de servir de lugar de encuentro en la sociedad.

 Por Federico Corbière *

Días atrás un periodista y amigo que prefiere los mensajes directos (DM) de Twitter me llamó al celular. Algo estaba pasando en el mundo real y era urgente. “Tengo un hacker –me dice–. Lo voy a entrevistar en una hora, ¿venís?”

Hicimos una micropausa. “Mejor andá sólo. No le cambiemos las reglas de juego a la fuente”, le contesté. “Sí, sí, lo pensé... Voy a llevar grabador a cinta” (se ríe).

El hacker estaba jodido. Era un pibe sub-20 investigado por el supuesto delito informático de intrusar claves bancarias y quedarse con una pila de plata.

Después, esa misma noche, hablamos sobre cómo sería la nota, el proceso de chequeo de la información –a una semana del cierre– y de la extraña situación del hacker.

Así, mi colega eligió un soporte analógico, una interfaz tradicional (un bar) y un contacto interpersonal para conocer al protagonista de la historia. Esa rutina profesional de la vieja escuela cedió ante la fascinación del objeto: un saqueador informático.

Por supuesto, las nuevas herramientas digitales son útiles para resolver cómo contar la historia. Los procesos de filtrado de información en buscadores como Google y la recolección de rastros en redes sociales –para establecer el perfil del hacker– harían del relato una pieza aún más interesante.

Carlos Scolari lo advierte en su teoría sobre las hipermediaciones: la interfaz es la unidad mínima, pero no sólo se restringe a los soportes digitales. Así, los detalles de una investigación periodística aparecen en un ecosistema de medios complejo y multicausal.

El periodismo cohabita en ese medioambiente con: TweetDeck, Facebook, YouTube, Instagram, Reddit, Verite.co, Paper.li, Scoop.it, Prezi, Stotify, Tableau Public, Flipboard, Issuu, Livestream, CoveritLive, Skype, Pinterest y la lista sigue.

Fenómenos que permiten experimentar una “realidad aumentada”, como los anteojos Google Glass o la geolocalización en dispositivos móviles, aumentan la precisión. Pero la velocidad de la circulación informativa en redes distribuidas (persona a persona) desafía a diario a quienes eligen el maravilloso –y violento, según Rodolfo J. Walsh– oficio de escribir.

Estas alternativas digitales de acceso a las fuentes no suplantan las prácticas profesionales adquiridas con el bloc de notas y los soportes analógicos, que aún conservan la memoria de archivo del siglo XX.

Por estos días aún se debate sobre la caracterización de periodismo crossmedia (una misma historia en muchos soportes) o su naturaleza transmedia (historias autónomas interrelacionadas). Ese fue uno de los ejes por el que transitó en octubre de 2013 la 6ª Edición del Foro de Periodismo Digital (UNR), en donde académicos como Denis Reno Porto invitaron a pensar qué es esto de las narrativas transmedia o storytelling.

Una discusión aparte corresponde al uso periodístico de grandes bancos de datos (Big Data). Estas bases pueden ser vulneradas, como ocurriera con los escándalos del espionaje norteamericano. Curiosamente, Edward Snowden ya no es noticia. Tampoco los crímenes de guerra en Afganistán revelados tras las primeras filtraciones de Wikileaks.

Para sociólogos urbanos como Manuel Castells o Pekka Himanen, el protagonista del reportaje, lejos está de mantener una cultura hacker. Se trataría de un simple cracker sin ética ni valores comunitarios, dedicado al fraude. Alguien que desencripta claves y manipula grandes conjuntos de datos para beneficio personal. El colega que entrevistó al presunto delincuente analizó perfiles de Twitter, compartió en privado la primicia –algo poco habitual– e incorporó al modo de producción actual un razonamiento artesanal del trabajo en redacción.

Esa voracidad por conocer a las fuentes para verificar el dato por más extra small que parezca es tal vez el principal atractivo y el elemento excluyente de una práctica periodística, que lejos está de ser reemplazada por las herramientas digitales y el mal llamado periodismo ciudadano, que nada tiene de transparente.

Antes que una revolución, el periodismo transita por una e-volución hacia otras formas de contar historias atractivas, bajo el debido chequeo. Los dispositivos tecnológicos afectan con rediseños (remix) constantes prácticas y saberes culturales. Incluso, el teórico de los medios digitales Lev Manovich ha provocado con El software toma el mando (2013) atractivas reflexiones teóricas acerca de un cambio en el modo de producción infocomunicacional.

¿Quieren saber qué pasó con el hacker? Yo también, más allá de Google y el Big Data. Por eso, el periodismo y sus crónicas siguen ocupando un lugar de encuentro en nuestra sociedad.

* Docente en Legislación Comparada y el Seminario de Periodismo Digital, Facultad de Ciencias Sociales (UBA).

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