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Representaciones sobre la violencia política

Marcos Muñoz expone los primeros resultados de una investigación respecto de las representaciones sobre la violencia política construidas en 1974 por el diario Sur Argentino, controlado entonces por la familia Sapag.

 Por Marcos Muñoz *

El diario Sur Argentino fue propiedad de la Editorial Sur Argentino Sociedad Anónima, ubicada en la ciudad de Neuquén e integrada por los hermanos Sapag: Felipe, Elías Cannán, Amado y José. Se publicó desde el 12 de septiembre de 1970 hasta 30 de julio de 1978.

Publicaciones periodísticas y diversos trabajos de investigación surgidos desde diferentes vertientes, entre ellas de las universidades, han dado cuenta del grado de complicidad que tuvieron medios de alcance nacional con la dictadura. En este caso y en relación con el mismo tema, se busca compartir los primeros avances de un trabajo que forma parte de un proyecto de investigación más amplio que dirige la Dra. Beatriz Gentile en la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Comahue.

Gran parte de los trabajos abordados en relación con la prensa y la dictadura analizan el rol de la prensa “porteña”. Este artículo pretende responder a la pregunta: ¿Qué representaciones construyó sobre la violencia política el diario Sur Argentino en 1974? El clima de violencia política, ya para 1974, no es una novedad. Y es el propio Sur Argentino quien detalla cronológicamente los diecisiete asaltos a guarniciones militares. Además, para los primeros meses de ese año se observa como natural en la tapa de los diarios como tema central diciendo “Extremistas muertos”, como también se presenta recurrentemente en ciudades como Córdoba, Tucumán, La Plata, Capital Federal, Mendoza, Rosario la ola de violencia política.

Cuando las Fuerzas Armadas realizan procedimientos denominan al “otro” como elementos subversivos, naturalizan el uso de la fuerza por parte del Estado como forma de solución final hasta provocar la muerte del extremista.

Días más tarde al intento de copamiento a la guarnición militar por parte del ERP en Azul, en enero de 1974, el dueño del diario y senador nacional por Neuquén (MPN), Elías Sapag, más otros referentes políticos se pronunciaron al respecto en una nota de opinión publicada en Sur Argentino, utilizando expresiones tales como “ellos no tienen patria ni cabida en nuestro país”, “atentado terrorista”, “minoría apátrida”, “se benefician los intereses antinacionales”, “darles un castigo merecido y terminar con esas bandas de salvajes”. De esta manera ubican a esos actores en el mismo bloque ideológico de las declaraciones formuladas en el mes de junio por el general Otto Paladino cuando las define como “organizaciones terroristas trosko-marxistas”.

Las declaraciones de los referentes políticos como el general Paladino, comandante de la IV Brigada de Infantería de Montaña (con asiento en Neuquén capital), proponen un mismo hilo conductor para su análisis: las organizaciones armadas son un problema, representan la violencia y practican la violencia. Además, se deja entrever que la violencia sólo proviene del accionar de las organizaciones armadas.

La construcción de representaciones sobre la violencia política en el diario Sur Argentino durante los meses previos al golpe de 1976 ubica al ejército y al MPN como un nosotros y a las agrupaciones armadas como otro. La voz oficial, a la que el diario le otorga legitimidad, pertenece a ese campo del “nosotros”. Los “otros” representan el caos, la violencia a la que hay que frenar como sea. Esos “otros” son los portadores de una violencia que merece la acción combinada de la policía y el Ejército para batallar contra la guerrilla, pero sin explicar a la sociedad cómo se piensa hacer eso. Los portadores de la violencia son los “otros”, los portadores de la solución a esa violencia “nosotros”, aunque eso implique la derrota de extremistas como si se tratara de titular un resultado deportivo.

Podría decirse que el clima de época es el trato preferencial de las noticias a las versiones en las que se ubica a las organizaciones armadas como los únicos violentos y, por lo tanto, responsables del clima social y político (tensión y miedo). Producto de esto, Sur Argentino marca una distancia sobre el rol de la prensa como instrumento de diálogo social inclinándose bajo una lógica en la construcción del lenguaje (y, por lo tanto, disputa los sentidos y las claves de ese presente histórico), que busca justificar la metodología empleada por las Fuerzas Armadas y/o la Policía Federal.

* Licenciado en Comunicación Social. Integrante equipo de investigación- Humanidades. Universidad Nacional del Comahue.

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