PSICOLOGíA › EL “EJE DEL MAL” Y EL SUJETO DE LA CRUELDAD

Humanos reducidos a cero absoluto

A propósito de la guerra en Irak, una vuelta de tuerca sobre la noción de crueldad, en sus diferencias con el sadismo, con el odio y en su relación con la idea del mal. “Si la crueldad es condición misma de lo humano, ello no excluye la responsabilidad de quienes, cada vez, la ponen en acto.”

Por Daniel Waisbrot *

Asistimos a la primera gran catástrofe internacional del nuevo milenio. Quienes creemos en la importancia del trabajo intersubjetivo en la elaboración de situaciones de catástrofe social, pensamos en la necesidad de recuperar las distintas voces que atraviesan y organizan el discurso. Apostamos a poner en relato ecos de lo acontecido, y hacerlo entre unos y otros, quienes somos, afectados, espectadores o testigos, participantes o ajenos, recuperando versiones de este momento actual.
El viernes 28 de marzo de 2003, el capitán británico Al Lockwood resumió en una frase lacónica lo que muchos medios de prensa nominaron como la mayor batalla de tanques desde la Segunda Guerra Mundial: describió el enfrentamiento como “la bicicleta contra el vehículo de motor” y culminó su relato: “El resultado fue 14 a 0”.
14 a 0. Este curioso modo de referirse a un episodio de la guerra en el que ha muerto gente puede servir como introducción a la noción de crueldad.
La crueldad es un rasgo exclusivo de la especie humana. Hay en la crueldad una violencia. Se manifiesta la crueldad en un hacer daño al otro singular, sin que ello cause conmoción subjetiva en quien lo ejecuta. El otro es transformado en objeto; pierde su condición de tal para quedar objetalizado; se lo puede hacer sufrir sin que sea más que un número, y no cualquier número: el 0.
Puede haber un placer en la crueldad, pero ello no la identifica con el sadismo. En el sadismo hay una escena y hay un otro del cual, en esa escena, se goza; en la crueldad, el otro es cero. La crueldad es unidireccional.
Tampoco debe confundirse la crueldad con el odio. En la ambivalencia amor-odio, puede aparecer el impulso a actos crueles pero el amor impide su realización, o en todo caso se realizan bajo “emoción violenta”. Como decía Jacques Lacan, el sujeto es acéfalo en la pulsión. “Perdí la cabeza, no era yo quien hacía eso.” En el acto cruel, en cambio, la decisión corresponde plenamente al sujeto.
Otra noticia de estos días cuenta que las mujeres iraquíes abortan espontáneamente por el terror que les causan los bombardeos. Lo dice sor Maryanne Pierre, una de las cuatro hermanas dominicanas que administran la maternidad Saint Raphael. La cantidad de niños muertos al nacer aumentó cien veces en la primer semana de bombardeos. Más números: “Estos ataques –concluye la religiosa– no sólo matan directamente sino que lo hacen mas aún en forma indirecta. Todos los gobernantes del mundo, en especial Bush y Saddam, deben entender que esto está acabando con toda una generación de iraquíes antes de que tengan uso de razón”. La crueldad tiene efectos claramente deshumanizantes en tanto despojan el sentido de la vida y destituyen a ese otro de su cualidad humana. Ese otro, aniquilado en su capacidad de decisión va dejando de ser humano para convertirse en un despojo (la expresión es de Janine Puget).
Si Saddam y sus secuaces integran, para George W. Bush, el “Eje del Mal”, para la comunidad internacional Bush y sus secuaces han logrado quedar afirmados en el Eje de la Crueldad, que diferencia claramente a las víctimas y a los victimarios y que desde el discurso del dominador propone la destrucción masiva de todo lo humano que existe en el otro, su reducción a un número, a un cero absoluto.
La crueldad no equivale al mal. La idea del mal, en tanto generalidad, permite escapar a la responsabilidad subjetiva frente a actos como la destrucción masiva del otro. Si el otro es el mal, el sujeto queda desresponsabilizado; todo acto de crueldad admite ser realizado en nombre del bien. El mal es muy general; en la crueldad, en cambio, se trata de algo que compromete al sujeto. Si la crueldad es condición misma de lo humano, ello no excluye la responsabilidad de quienes hacen que su potencialidad se ponga en acto cada vez. Muy por el contrario, su reconocimiento pone el acento en la necesidad de acotamiento y de renuncia.
Según sostenemos en otro trabajo, “las perspectivas política, filosófica, cultural y ética nos ubican en una posición compleja. Cómo no desmentir la potencialidad cruel que hay en lo humano y, al mismo tiempo garantizar que no traspasaremos la línea que separa mal de crueldad. Cómo no formularse preguntas acerca de las condiciones socio-históricas que pueden determinar el despliegue del mal radical, sostener la pregunta de cómo nace un genocida y, al mismo tiempo, conservar claramente las diferencias entre víctimas y victimarios, sin conformarnos con el establecimiento de ‘grados de responsabilidad’ y su consecuente disolución de la culpa fundamental por actos homicidas y genocidas”. (Epílogo del libro Clínica psicoanalítica ante las catástrofes sociales. La experiencia argentina, de D. Waisbrot, M. Wikinski, C. Rolfo, D. Slucki y S. Toporosi, de próxima aparición).

* Miembro titular de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo.

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