PSICOLOGIA › OTRA VUELTA DE TUERCA SOBRE EL DRAMA DE PATAGONES

El cinismo y sus síntomas

Por Sergio Zabalza*

Quien preste atención a los discursos generados en torno a la tragedia de Patagones, probablemente advierta una dialéctica cuya lógica remeda aquella vieja contradicción entre individuo y sociedad con que la sociología dio sus primeros pasos. Así, por un lado tenemos a quienes vinculan el episodio con la brutal represión de los años ’70, y por otro, los que advierten sobre la supuesta falacia consistente en atribuir causas sociales a los avatares de una estructura psíquica singular. Lo social versus lo individual, como si Emile Durkheim y Gabriel Tarde estuvieran recreando su ya famosa polémica.
En un artículo publicado en esta sección el 7 de octubre, decíamos que el trágico acontecimiento constituyó un síntoma de nuestra época. Intentaremos ampliar este enfoque. Según Jacques Lacan, fue Karl Marx quien inventó el síntoma, al otorgarle un valor positivo y revelador de las prácticas sociales que conforman la subjetividad. Y para Freud, un lapsus, un olvido o un síntoma dan cuenta de la relación con un Otro determinante, el cual no se limita de ninguna manera al adulto de los primeros cuidados, sino que refiere también –por vía de lo simbólico– al entorno social: “En la vida anímica del individuo, el otro cuenta, con total regularidad, como modelo, como objeto, como auxiliar y como enemigo, y por eso desde el comienzo mismo la psicología individual es simultáneamente psicología social en este sentido más lato, pero enteramente legítimo” (Psicología de las masas y análisis del yo).
De este modo, así como una intervención adecuada en el consultorio no deja de tener consecuencias en la polis, la contingencia de un desencadenamiento jamás está aislada del entorno en que se produce. Todo desencadenamiento es un hecho social, en tanto supone una ruptura que antecede a una nueva e inédita relación con ese Otro del que habla Freud.
La pregunta es: ¿cuáles son las coordenadas sociales que denuncian el enredo sintomático en el que todos estamos metidos? Aportamos nuestra respuesta: el cinismo, punto nodal de nuestra época en que el Otro no existe. A diferencia de la mentira, que –por necesitar un Otro a quien timar– genera lazo social, el cinismo no tiene en cuenta ni necesita alteridad alguna; le da igual.
“Vos no existís” es la sintomática frase con que no sólo los chicos suelen ventilar la violencia que los habita; algunos, por su singular relación con ese Otro intolerable, la actúan con el gatillo.

* Psicoanalista. Hospital Alvarez.

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