PSICOLOGíA › LA SITUACION Y LA IMPORTANCIA DE LOS HOSPITALES DE DIA

“Suplir aquel gesto, aquella mirada”

 Por SERGIO ZABALZA *

La actual dotación de profesionales en los hospitales de día de la ciudad de Buenos Aires no alcanza y su esforzada tarea está degradada. En primer lugar porque, salvo excepciones, no hay remuneración alguna para los que desempeñan dichas responsabilidades y, en segundo, porque la cantidad de centros con tales características es insuficiente para una población cada vez más urgida por dispositivos capaces de brindar una oferta terapéutica amplia y creativa.

En efecto, además de responder acabadamente a la perspectiva de la desmanicomialización, el hospital de día aloja una de las modalidades que el padecimiento subjetivo adopta en este principio de siglo: seres disgregados por la fragilidad de un cuerpo cuya carencia simbólica se traduce en aislamiento, alienación e incapacidad para operar eficazmente en el quehacer cotidiano.

Ya no estamos frente a los clásicos y floridos desencadenamientos que los viejos manuales solían describir. Nos encontramos con pacientes cuya escasez de recursos se manifiesta a través de pequeños desenganches del Otro, sea éste el prójimo, el principio de realidad o las normas de convivencia. Por eso, más que pesados cócteles farmacológicos o largas internaciones, estos casos reclaman el enchapado simbólico que sólo una estructura de actividades y profesionales puede brindar para suplir el gesto, la mirada o la palabra que en su momento faltaron.

Ahora bien, cualquiera que recorra los servicios de salud mental de la ciudad comprobará que la principal dificultad clínica acusada por los profesionales en el tratamiento de la psicosis reside en cómo evitar que el poder de la transferencia se torne perseguidor para el paciente.

Por eso, resulta desconcertante verificar que se desmerezcan estos dispositivos cuyo principal eje descansa en el trabajo en grupo, que, además de abaratar costos, habilita ricos y diferentes canales de intervención.

Así, el grupo de pares se transforma en una ayuda indispensable para el profesional tratante quien, cada vez que es convocado al lugar de Amo, desvía hacia el resto de los integrantes esa inquietante demanda de certeza: “¿Y ustedes qué opinan?”, solemos enunciar durante el desarrollo de talleres y asambleas.

No en vano, Eric Laurent (“El sujeto psicótico escribe” en La psicosis en el texto, ed. Manantial) conjeturaba que el rol de secretario del alienado con el que Lacan describió la tarea del analista en la psicosis (El seminario, libro 3, Las psicosis), consiste en expedir las cartas (o, en términos informáticos, reenviar el mensaje).

Por su parte, en Proyecto de una psicología para neurólogos, Freud fundamentaba la emergencia de las cualidades en la conciencia –esa alteridad distinguida según nexos con el mundo exterior– en una desviación con respecto a la pauta monótona del período psíquico. Esta diferencia, a la que Lacan denominó síncopa de existencia, es el desvío que el dispositivo de hospital de día introduce con su ritmo de ámbitos, actividades y diversos profesionales.

Así, el dispositivo de hospital de día es un intento de establecer transferencias que, lejos de guiarse por ideales adaptativos, permitan que la principal creación del sujeto, el síntoma, se oriente hacia el lazo social.

* Psicoanalista. Autor de La hospitalidad del síntoma. Integrante del dispositivo de hospital de día del Hospital Alvarez.

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