PSICOLOGíA › ACERCA DE LA SUBJETIVIDAD PROPIA DE LA “PASION TROPICAL”

La fiesta desesperada nunca concluye

Por Ignacio Lewkowicz

Sábado a la tarde: en la tele, “Pasión tropical”. De pronto aparece Ulises Bueno, un chico aparentemente hermano de Rodrigo, con mucho menos que Rodrigo pero con una banda idéntica y unos temas idénticos y una madre idéntica y una Tota Santillán idénticamente conmovida. La canción es la misma, la banda es la misma: una banda establemente desesperada, lo suficiente como para no tener tiempo de pensar en imagen, ni siquiera imagen de villa, desesperación o algo.
Ulises Bueno canta las canciones de Rodrigo. No tiene voz, pero ejerce la misma enunciación. No imita en nada aquella modalidad; directamente la tiene. Por supuesto está puesto ahí en tanto que hermano de Rodrigo, en tanto que testimonio de la vigencia de la ausencia, en tanto que lo mismo y no lo suficientemente mismo para ser lo mismo.
Las hipótesis críticas inmediatamente objetan la escena: pues, como supimos y padecimos, el pensamiento crítico no puede ver la subjetivación cuando se constituye, sólo la articula conceptualmente cuando se ha vuelto venerable. Puede resultar obvia la maniobra comercial: la madre, la Tota, el apellido, la banda, los derechos de autor, el mito; toda la operación consuma en una boleta de facturación, pero es desentenderse de la subjetivación. También se puede ejercer la impugnación de cuño psicoanalítico: el hermano menor, instrumentado por la madre y en convivencia con la industria, va al lugar desubjetivado de reemplazo o sustituto del hermano santificado, trágicamente muerto.
Ambas hipótesis pueden ser ciertas, pero no es lo que se percibe (en caso de que alguno aún perciba algo). Porque Ulises y todos los que están ahí, están ahí sabiendo que no se trata de ningún simulacro. La desesperación de la fiesta continúa en tanto que fiesta y en tanto que desesperación; no organiza una distribución armónica de lugares (o por lo menos prolija) sino que ejerce, desaforadamente, la cohesión desesperada. Porque se ve que Ulises Bueno es tan bueno como Rodrigo Bueno o como Walter Olmos. El sucesor es eso: el sucesor. La fiesta continúa. Se ve que Ulises en nada imita al hermano, se ve que Ulises en nada quiere diferenciarse de Rodrigo. Ni diferenciarse ni identificarse, su mero estar ahí lo hace cantar como el culo, como canta, conmovedoramente. Ulises no tiene la voz de Rodrigo. Pero la enunciación es la misma. ¿Motivos? Lo que enuncia no es la garganta de un individuo de la especie sino la fiesta desesperada misma. La voz que resulta es la voz de esa disposición, de esa desesperación, de la convicción de que la condición superflua está ahí, a un paso. Canta la enunciación de la situación a su través; canta la composición desesperada de la fiesta a través de un alguien que no quiere afirmarse por diferencia ni por identidad sino por mera cohesión en la situación.
Ese modo de subjetivación que convierte a un superfluo en necesario, que no lo instrumenta como objeto en una operación de otro sino que lo compone en la subjetividad de la fiesta, ese modo de subjetivación es una plenitud cohesiva olvidada de la identidad, de la autonomía, de la explotación, de la subordinación, de los proyectos personales, de cualquier singularidad representada.
La fiesta desesperada no concluye; precisamente por la precariedad admitida en la desesperación de base, ninguna desgracia la hace terminar. Cualquiera de las desgracias esperables confirma la condición desesperada y con ella la posibilidad de la fiesta. Ulises no necesita realizar su singularidad subjetiva: trata de existir. No hay lugar para él en ningún sitio porque para nadie hay ya lugares. No va en busca de su destino porque para nadie hay ya destino. Ulises intenta componerse con la posibilidad desesperada de la fiesta que a su vez necesita componerse con Ulises. La fiesta no quiere negar sus desgracias: no quiere olvidar que estuvieron Rodrigo y Walter. No quiere tampoco decirque faltan. Quiere decir que ellos se fueron, que la fiesta es así, que la desesperación es así. Y que no es bueno ni malo sino meramente así y que por suerte está ahí Ulises para que la cosa sea como es mientras pueda ser lo que es.

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