SOCIEDAD

La crisis, en una muestra de fotos sacadas por los chicos de una villa

Chicos y adolescentes de un barrio humilde de Morón hicieron un taller de fotografía, con cámaras prestadas y de bolsillo. Retrataron dramáticas historias de la pobreza y la marginación. Ahora se exponen en una muestra.

 Por Mariana Carbajal

“Quería mostrar la crisis, lo que les pasa a los chicos de acá... algunos no tienen ni para comer, andan muy pobres y eso me pone mal”, dice Darío Zamponi, de 14 años, sentado en una sillita media enclenque. “Yo quería mostrar cómo se vive en el barrio, las necesidades que hay”, comenta Lidia Galeano, de 18, mientras algún gallo descarriado deja oír su voz en pleno mediodía. Con la propuesta de usar máquinas de fotos como micrófonos, como diario personal, Darío, Lidia y otros cinco adolescentes de una villa del partido de Morón plasmaron su cotidianidad y la de sus vecinos en rollos blanco y negro. La experiencia se convirtió en una impactante y conmovedora muestra de fotografía documental que se inauguró el jueves en el comedor comunitario del propio barrio, en una jornada de fiesta, y a partir de ayer se exhibirá en la Alianza Francesa de Morón.
El proyecto fue motorizado por la coordinadora de Artes Visuales del municipio de Morón, Elena Chiaramonte, a partir de una idea de la fotógrafa y antropóloga Andrea Chame, y se desarrolló en la villa Presidente Ibáñez, en la zona sur de Morón, donde viven unas 2200 personas.
La muestra es el resultado del trabajo de siete chicos en un taller de fotografía que coordinó Chiaramonte en el barrio. Durante el último año y medio, el grupo recorrió las callecitas más anchas y más estrechas del asentamiento, husmeando en la casa de los vecinos, cámara en mano. Como no todos tenían una, Chame y Chiaramonte se encargaron de recolectar varias entre amigos y colaboradores, y se las prestaron a los chicos. Todos trabajaron con máquinas automáticas compactas. La intendencia de Morón proveyó los rollos y pagó los revelados.
“El objetivo fue que contaran una historia a través de las fotos, que trabajaran desde la intimidad, desde lo cotidiano. Todos terminaron hablando de los problemas de vivir en el barrio”, señaló Chame. “Es interesante cómo los chicos mostraron la preocupación por los vecinos de su barrio. No hablaron tanto de ellos, sino de las necesidades de los otros”, agregó Chiaramonte. Después de una ardua selección del material, la muestra final quedó conformada por cinco historias de seis a ocho fotos cada una. Por la riqueza del material visual, los chicos fueron invitados a exponer en la Escuela de Arte Fotográfico de Avellaneda, en el marco del Festival de Documentalismo que se realizó semanas atrás en Buenos Aires.
Cada vez que ve sus fotos, Darío Zamponi no las reconoce. “¿Estas las saqué yo?”, pregunta incrédulo, sorprendido por las imágenes que pudo capturar con la poket que le prestaron. Tiene dos hermanos. Cursa el 8º año de la EGB. Su papá y el de Lidia Galeano, otra de las chicas que participaron en el taller, son una excepción en la villa Presidente Ibáñez, donde la mayoría de los hombres adultos están desocupados. “Por suerte yo tengo para comer. Mi papá trabaja, pero quería mostrar lo que está pasando con los chicos del barrio”, aclara Darío, sentado bajo un tinglado de la salita del barrio, donde también funciona el comedor comunitario. Ahí se realizó el taller. En una de las fotos de Darío se ven cuatro muchachos en la calle, sin hacer nada. Dice que cada vez hay más pibes así, vagando, que no estudian ni trabajan. “Se vuelcan a la droga, roban mucho, acá por el barrio no, pero por otro lado, sí. Se mandan a robar porque están muy mal, otros no están tan mal, pero igual roban”, dice con el hilo de voz que le permite su timidez.
Jesica Núñez, de 14, eligió fotografiar a su familia. A sus cinco hermanos (de 13, 12, 9, 3 y un mes), a su papá, a su mamá, a su abuelo, a una prima, de 23, que acababa de tener un bebé y se estaba mudando. “La de la prima es una imagen de una crudeza tremenda”, opina Chame. La muchacha está sentada en un colchón apoyado en el piso. Se ven las paredes peladas y parte del moisés recién estrenado. Transmite desolación.
En el barrio Presidente Ibáñez se mezclan casas de material y techo de chapa con algún terreno, con otras más precarias apretujadas en estrechos laberintos. En los últimos años, la población creció considerablemente y se convirtió en moneda corriente el hacinamiento en muchas de las casillas de los nuevos habitantes. Según el último censo de población, el 55 por ciento vive en esas condiciones. Lidia está al tanto de las estadísticas, pero lo ve diariamente y quiso reflejar la situación en sus fotos. “Hay familias que viven en un solo ambiente, donde duermen y comen todos juntos y por ahí son muchos, como el caso de una amiga que son siete”, contó a Página/12. En su casa también son muchos. Lidia tiene ocho hermanos, el mayor de 23 y la más chiquita de 11 meses.
Lidia terminó el Polimodal el año pasado. Tenía pensado seguir la carrera de Técnica en Radiología, pero llegó tarde a inscribirse y empezó a trabajar en una peluquería. “Mis vecinos pasan un poco más necesidades que nosotros. Nosotros, a pesar de ser muchos, vamos bien. No es muy bien, pero para comer tenemos todos los días. No nos podemos quejar”, dice Lidia. Por eso decidió mostrar las necesidades de los otros. En una de sus fotos se ve en primer plano a un nene de unos siete años con una pelota en el patio de su casa y detrás, medio escondida, a una nena de unos tres años que mira con cierto temor a la cámara: “Justo pasaba y como le sacaba fotos a todo, le saqué a él –cuenta Lidia–. Ellos viven en dos ambientes chiquitos y son cinco hermanitos. La casa de la nena tiene un solo ambiente y son siete”.

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Las fotos del barrio Presidente Ibáñez se convirtieron en un impactante documento de la desolación y la falta de perspectivas.
 
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