SOCIEDAD › UN ESTUDIO CIENTíFICO SEñALA QUE EN SECTORES DE WASHINGTON Y NUEVA YORK, LA PROPORCIóN DE SIDA ES MAYOR QUE EN KENIA Y SUDáFRICA

En Harlem, el VIH tiene más registros que en Africa

El informe indica que en el Harlem neoyorquino y en sectores de Washington, las proporciones duplican las de los países africanos. En la Argentina, según los expertos, Capital y conurbano concentran el 50 por ciento, y los bolsones de pobreza son cajas de Pandora.

 Por Pedro Lipcovich

La proporción de personas con VIH en Washington, o en barrios neoyorquinos como Harlem, es superior a la de los países africanos que encabezan la estadística mundial del virus. El dato –puesto de manifiesto en una prestigiosa publicación científica– merece ser examinado porque las características estructurales de la epidemia en Estados Unidos son similares a las de la Argentina: no es ya “incipiente”, tampoco ha llegado a ser “generalizada” sino que está “concentrada” en las grandes ciudades –el 50 por ciento en Ciudad de Buenos Aires y conurbano; el 70 por ciento si se incluyen Santa Fe, Córdoba, La Plata y Mar del Plata–, y ataca especialmente a determinados grupos: una de cada tres travestis, uno de cada diez hombres que tienen sexo con hombres. Además, el estudio de Estados Unidos cuenta con datos precisos, barrio por barrio, todavía no disponibles en la Argentina: las cifras en los bolsones de pobreza del conurbano son una caja de Pandora cuyo contenido no es difícil de adivinar. Los investigadores también advierten que meter más gente en las cárceles tiende a aumentar las cifras de la epidemia, no sólo por la difusión del virus en las prisiones sino porque, presos los hombres, muchas mujeres quedan en situación más vulnerable y se ven llevadas a “monogamias sucesivas” en las que no pueden negociar sexo protegido.

El estudio, publicado en la revista New England Journal of Medicine, está firmado por Wafaa el Sadr, Kenneth Mayer y Sally Hodder, de las universidades de Columbia, Brown y Nueva Jersey. Advierte que “la prevalencia de infección por VIH en algunas poblaciones de Estados Unidos rivaliza con la que existe en países del Africa Subsahariana. Por ejemplo, más de uno de cada 30 adultos en Washington DC son VIH positivos”. El artículo señala que “ciertas poblaciones son especialmente golpeadas: en Nueva York están infectados uno de cada cuarenta negros, uno de cada diez hombres que tienen sexo con hombres y uno de cada ocho usuarios de drogas inyectables; en Washington, uno de cada 16 hombres negros tiene VIH. En varias áreas urbanas, la prevalencia de VIH entre hombres que tienen sexo con hombres llega al 30 por ciento. En comparación, la prevalencia entre la población general es de 7,8 por ciento en Kenia y de 16,9 por ciento en Sudáfrica”.

El trabajo observa que, si bien la cantidad de nuevas infecciones había disminuido un 50 por ciento entre 1984 y 1991, “se estancó en la pasada década. Se había previsto que las terapias antirretrovirales, al reducir a niveles indetectables la cantidad de virus en los fluidos corporales, disminuiría la cantidad de nuevas infecciones, pero esta expectativa no se realizó. Sólo en el último año se infectaron unos 56 mil estadounidenses, y se estima que ya hay más de un millón de personas con VIH en el país”.

“A diferencia de la epidemia generalizada en el Africa Subsahariana, en Estados Unidos el VIH afecta especialmente determinadas áreas geográficas, en particular las regiones urbanas del Nordeste y la Costa Oeste, pero también ciudades y pequeñas poblaciones en el Sur –señala el estudio–. Dentro de estas áreas, a menudo ciertos barrios son desproporcionadamente atacados, sobre todo porque sus residentes practican sexo sin protección en el marco de redes sociales relativamente aisladas. Muchas de las poblaciones más afectadas tienen escasa movilidad social. La magnitud del riesgo de que una persona adquiera el VIH depende fuertemente de su pertenencia a una determinada red social.”

Entre los sectores más afectados señalan al de “hombres que tienen sexo con hombres” y al de “las mujeres negras e hispánicas, cuyo riesgo incrementado de adquirir el VIH es atribuible, más que a conductas de riesgo en lo personal, a situaciones socioeconómicas vulnerables”. Así, “la inestabilidad de las parejas debida a las altas tasas de encarcelamiento entre los hombres de sus comunidades pueden llevar a las mujeres a relaciones de ‘monogamia serial’ o a involucrarse en relaciones abusivas o de dependencia económica en las que no pueden negociar sexo más protegido”.

El estudio propone “intervenciones estructurales”, como “disminuir el desproporcionado encarcelamiento de hombres negros e hispánicos” o incluso “otorgar microcréditos que ayuden a las mujeres a salir de la pobreza”. También, “identificar intervenciones que persuadan a los hombres que tienen sexo con hombres a testearse y, si resultan tener el VIH, hacerlo saber a sus partenaires”.

En la Argentina, Ariel Abaszko –investigador de la Dirección de Sida y Enfermedades de Transmisión Sexual del Ministerio de Salud de la Nación– recordó que “de acuerdo con los criterios de medición de Onusida, que utilizamos por nuestra parte, la cantidad de personas con VIH es de aproximadamente 120 mil, de las que la mitad conocen esa condición. La Ciudad de Buenos Aires y el conurbano suman el 50 por ciento de la epidemia; también hay concentración en la zona de La Plata, Mar del Plata y el Municipio de la Costa. Si se agrega Córdoba y Santa Fe, especialmente Rosario, se llega al 70 por ciento de la epidemia”.

Tal como informó Página/12 el 24 de julio de 2009, según una investigación del Centro Nacional de Referencia contra el Sida, más del 10 por ciento de los hombres que tienen sexo con hombres (HSH) encuestados resultó tener VIH. Desde entonces, según los datos de la Dirección Nacional de Sida, “la infección entre varones que se reconocen como homosexuales volvió a subir levemente”, señaló Abaszko.

Marcelo Vila –coordinador en VIH de la OPS para el Cono Sur– advierte que “la población HSH en diversos países, incluida la Argentina, muestra un amesetamiento en la proporción de personas con VIH, que indica un punto en que se ha detenido el avance en las prácticas preventivas”. Silvana Weller –coordinadora de prevención de la Dirección de Sida de la Nación– comenta que “la identidad de género de la mayoría de estos hombres es masculina, sin perjuicio de que tengan relaciones con hombres; entonces rige para ellos el mandato masculino de que ‘cuantas más veces la pongas, mejor’, y la relativa desestimación de la salud, cuyo cuidado está culturalmente asignado más bien a las mujeres”.

Abaszko señaló que “desde hace varios años se diagnostican aproximadamente dos casos en hombres por cada caso en mujeres”, y observó que, “en los números, localidades carenciadas como La Matanza no tienen cifras comparativamente altas, porque la gente se testea menos y porque muchos de los que allí viven se diagnostican en la Ciudad de Buenos Aires”, y anticipó que “este año iniciamos un muestreo en distintos lugares del país para obtener datos más precisos”. Patricia Pérez, titular de la Comunidad Internacional de Mujeres Viviendo con VIH/sida (www.icwglobal.org), señaló que “en niveles provinciales y municipales se afrontan tantas situaciones difíciles en temas de salud, que éste ha quedado un poco relegado”, y alertó sobre “la falta de servicios amigables para las mujeres, no sólo en VIH/sida sino en salud femenina en general: no hay suficientes servicios ginecológicos, y muchas veces no actúan en el tema del sida, como en el de la salud sexual y reproductiva”.

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El informe merece ser examinado porque hay características similares entre Estados Unidos y la Argentina.
Imagen: EFE
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