SOCIEDAD › GUIA PARA QUE LOS PEDIATRAS IMPULSEN LA LECTURA

Médicos que recetan libros

La Sociedad de Pediatría está instruyendo a los médicos para que promuevan la lectura desde el consultorio. Buscan favorecer así el desarrollo intelectual y afectivo de los chicos.

 Por Mariana Carbajal

Desde este año los pediatras también recetarán libros. En los últimos días, los 13.000 miembros de la Sociedad Argentina de Pediatría empezaron a recibir en sus consultorios una guía editada por la institución para motivarlos a promover la lectura en los niños desde la más temprana infancia, para que los bebés se familiaricen con los libros. Entre las estrategias, la SAP sugiere que los médicos armen bibliotecas en las salas de espera, les presten a los chicos algún ejemplar para que lo devuelvan en la siguiente consulta y les hablen a los padres de la importancia del contacto de los niños con los libros.
“Generalmente, en la consulta se prioriza la evaluación del crecimiento y la prevención de posibles problemas relacionados con él, más que aquellos que se vinculan con el desarrollo psicológico”, señala la flamante guía para los pediatras editada bajo el título Invitemos a Leer y elaborada por la SAP con la colaboración de la Fundación Leer y un grupo interdisciplinario de psicopedagogos, licenciados en educación y pediatras. El Programa de Promoción de la Lectura, en realidad, lleva dos años de preparación, según contó su director, el pediatra Oscar Blanco. La idea, recordó, surgió a partir de una charla informal con el actual rector de la UBA, Guillermo Jaim Etcheverry. Y el modelo se tomó de una experiencia similar que, por entonces, estaba llevando adelante la Academia Americana de Pediatría.
“Si uno pone libros en la sala de espera pasan cosas increíbles”, destacó Blanco, que actualmente ejerce en el Hospital Italiano y que ya hizo las primeras experiencias de ubicar una biblioteca en la sala de espera de su consultorio particular. “Cuando aparecen los libros, los chicos se conectan rápidamente. Les piden a sus madres que les lean, cuando se van quieren que les compren uno. Es genial”, contó a este diario. También en el Italiano armaron un rincón de libros. “De acuerdo con experiencias en zonas muy desprotegidas del país, el acercamiento de libros a los más chiquitos ha servido de estímulo para la alfabetización de los mayores”, indicó Blanco.
La guía, además de destacar las bondades del acercamiento temprano de los niños a los libros –como su importancia para la construcción de la subjetividad y el desarrollo del lenguaje del pequeño–, detalla qué tipo de ejemplares prefieren los chicos según su edad, desde su nacimiento hasta los 12 años, para que el pediatra pueda, a su vez, recomendarlos a los padres. “Hay múltiples investigaciones que demuestran que el hábito de la lectura, iniciado temprana y placenteramente por los padres u otros miembros de la familia, y continuado a lo largo del tiempo, ejerce una influencia positiva en el desarrollo intelectual y afectivo de los chicos”, puntualizó Blanco. Y agregó: “De cómo se den estas primeras experiencias, depende en buena medida el vínculo afectivo que en el futuro tengan con los libros”.
Los padres suelen jerarquizar mucho lo que los pediatras les dicen. Por esa razón el objetivo del programa es motivar a los pediatras a que asuman un rol activo en la recomendación de la lectura. El ámbito de la familia -–indica la guía– es el espacio primario ideal para fomentar el placer y el gusto por la lectura. “Los padres, aun cuando no sepan leer, pueden tomar un libro con imágenes y a partir de ellas ‘contar’ un cuento”, menciona el cuadernillo, que en los últimos días empezó a llegar a las manos de los 13.000 pediatras de la SAP distribuidos en todo el país.
Entre las sugerencias a los médicos, la SAP les propone armar una biblioteca en la sala de espera, que presten los libros a sus pequeños pacientes, consultar a los padres sobre los hábitos lectores de la familia y sugerir material de lectura. También, para aquellos que trabajan en hospitales o clínicas, que propongan, si existe un equipo de voluntarios, que lean cuentos en las salas de espera o de internación y desarrollar una biblioteca circulante. Para quienes preguntan por qué tener en cuenta la literatura en momentos de crisis y urgencias nutricionales, Blanco responde: “Precisamente porque estamos mal es que tenemos que ocuparnos de estas cosas. La sociedad ha sabido valorar la importancia de la cultura como posibilidad de sostenimiento de una crisis y del manejo de la esperanza y los valores. El acceso a la cultura es un prerrequisito para el acceso a la salud.” A largo plazo, el acercamiento precoz a la literatura contribuirá a “crear ciudadanos, personas pensantes y autónomas”, señaló el especialista. En el corto plazo, agregó, “contribuye a la felicidad presente del chico”.

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La guía sugiere a los pediatras que tengan libros en el consultorio y los presten.
 
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