SOCIEDAD

Un cura fue condenado a 24 años de prisión por abuso sexual de chicos

El tribunal que juzgó a Héctor Pared consideró probado que el cura abusaba de menores. El sacerdote de Bosques argumentó que todo es “una cama armada” por su trabajo social con los chicos.

El cura Héctor Faustino Pared dirigía un hogar para chicos pobres y huérfanos en la localidad de Bosques, provincia de Buenos Aires. Hace dos años, fue denunciado por abuso sexual por dos de los niños que estaban bajo su tutela. Suspendido primero, detenido después, el religioso fue condenado ayer a 24 años de cárcel, uno menos que la pena máxima prevista para el delito de “abuso sexual agravado y corrupción de menores”, por el que lo juzgó un tribunal oral de Quilmes.
El miércoles último, después de pronunciar su alegato, el fiscal José María Gutiérrez había pedido 25 años de reclusión para Pared, en el juicio que se le seguía por abuso sexual, corrupción de menores y torturas. Después de ese pedido, el cura lloró frente a los jueces y, con voz entrecortada, proclamó su inocencia: “Lo único que pido es la verdad. Muchas veces he marchado por la justicia y ahora soy yo quien la pide”, dijo. Y alegó que fue víctima de “una cama armada” por políticos de la zona, debido a que “molestaba mi trabajo con los chicos”.
Pared tiene 45 años y una historia de participación en movimientos de tomas de tierras, en la diócesis de Quilmes, y hasta en las marchas de silencio en Catamarca. Pero ese pasado se oscureció con las denuncias formuladas por varios chicos que concurrían al Hogar Hermano Francisco, donde se desempeñaba como director desde 1992.
La sentencia fue dictada por el Tribunal Oral en lo Criminal Nº 3, de Quilmes, integrado por los jueces Alicia Anache, Armando Topalian y Martín Arias Duval, quienes dieron como probados los delitos de abuso sexual y corrupción agravada en los casos de cuatro menores, en uno de los cuales comprobó que hubo acceso carnal. En cambio, absolvió al cura en uno de los casos en que fue acusado. Los jueces consideraron que los daños sufridos por los niños no alcanzan para tipificar la figura de torturas.
La denuncia contra Pared fue realizada en octubre de 2000 por el técnico agrónomo Julio González, quien había sido empleado del hogar. El profesional hizo mención de seis casos de niños que eran sometidos a malos tratos y castigos corporales. Pero poco después apareció una nueva denuncia, formulada bajo identidad reservada por una presunta víctima del sacerdote.
“Apenas ingresé al hogar, en 1994, fui sometido a castigos corporales por el padre Pared, quien me pegaba con una manguera de goma”, dijo el testigo, un chico huérfano que había llegado al hogar cuando tenía 13 años. “Lo más grave fue cuando empezó a manosearme los genitales, pidiéndome que me bañara en la ducha junto a él, y me amenazó diciéndome que me iba a hacer pelota si contaba lo que había pasado.” El chico denunció también que había sido violado.
Desde un principio, el cura argumentó que las denuncias obedecían a una persecución política. Pero en noviembre de 2000 el entonces obispo de Quilmes, Jorge Novak, lo separó de su cargo al frente del hogar. Ya tenía orden de captura de la Justicia, pero el sacerdote estuvo prófugo y fue detenido recién en enero de 2001 en la localidad bonaerense de Baradero. Desde ese entonces está preso en la Unidad Penal de La Plata.
En la sentencia, el tribunal consideró como agravante de la pena la “extensión del daño provocado a las víctimas y el desprecio total del condenado hacia los niños”. Y como atenuante, la falta de antecedentes del acusado en ese tipo de delitos.
En el juicio, el defensor oficial Facundo Ferrari argumentó en su alegato que “los niños fueron y siguen siendo manipulados” para perjudicar a su defendido.
El fiscal, por su parte, recordó en forma detallada los testimonios de los niños víctimas de abusos, y de los testigos que trabajaban o concurrían en forma habitual al hogar. También hizo hincapié en las afirmaciones de los peritos oficiales, psicólogos y médicos forenses, quienes describieron ante los jueces los “signos orgánicos” de abusos que sufrieron los chicos, y destacaron que la personalidad del imputado es “compatible con la del abusador sexual”.

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Héctor Pared dirigía en la localidad de Bosques un hogar para chicos pobres y huérfanos.
 
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