SOCIEDAD › RELACIONES PELIGROSAS EN TORNO DEL DOBLE CRIMEN

Entre las drogas y el poder

La amiga de una de las víctimas habla de las relaciones que mantenían con hombres del poder. La acusan de ser “entregadora”.

 Por Alejandra Dandan

Un nuevo personaje se ha incorporado en las últimas horas como pieza clave en el doble crimen que sacude a la provincia. Es Cristina Juárez, una de las amigas de Leyla Bshier de Nazar, la primera de las dos jóvenes asesinadas. Cristina Juárez fue la primera persona que denunció formalmente la desaparición de la chica, fue quien la había alojado en Santiago durante su última estadía, es una de las mujeres ligadas al mundo de la noche y sus declaraciones sirvieron para detener al único procesado por el doble homicidio.
Ahora que la causa ha cambiado de juzgado y se sospecha de las investigaciones que condujeron a aquel procesamiento, los abogados de Leyla y la fiscalía piden su detención. Están convencidos de que habría estado en el escenario del crimen y hasta hablan de que “entrega” para cubrir una deuda por drogas. Cristina declaró cinco veces en la causa. Habla de las relaciones que mantenía Leyla con “un diputado”, con Alberto Vittar, uno de los empresarios con pedido de captura, y entra en contradicciones cuando vincula al único procesado con el último momento en el que vio a su amiga. Su detención podría provocar al menos un escándalo si se conocen los contactos entre las chicas de la noche, las fiestas donde circula la droga y el mundo del poder. Ayer, por lo pronto, negó las acusaciones en su contra.
Hasta ahora, Cristina venía teniendo uno de los roles más importantes de la causa. Una denuncia suya ante el Comisario Julio Rodríguez, de la seccional 12 de La Banda, abre las mil hojas de expediente al que tuvo acceso Página/12. Allí, el 17 de enero a las 13.50, declara la desaparición de su amiga Leyla Bshier de Nazar. Habían pasado apenas 24 horas desde el último momento en el que la había visto con vida. Su relato cobra importancia en la causa porque fue la persona que estuvo con Leyla la noche del miércoles 15 hasta la madrugada del 16, el momento en el que se sospecha que se habría llevado a cabo la fiesta que terminó en homicidio.
En sus declaraciones, Cristina da todos los detalles sobre esa última noche, sobre las relaciones de trabajo con Leyla y sobre las personas con quienes venían vinculándose. Esta historia comienza el 8 de enero, cuando Leyla llega de Tucumán para pasar unos días en casa de su amiga. A las 22 de ese día, Cristina la fue a buscar a la Terminal de Omnibus, de allí pasaron a recoger a otra amiga y se fueron al Hotel Savoy. Allí, Cristina atendió a un cliente mientras Leyla la esperaba. Finalmente, ese mismo día entraron a Saravah, uno de los lugares de copas de Santiago que se ha convertido en otra de las piezas clave de la historia. El 28 de abril, frente a Mario Castillo Solá, el primer juez de la causa, Cristina decía: “Que en Saravah, Leyla dejó un bolso en la cocina y se fueron a sentar, circunstancia en que vino Antonio Vittar y se sentó junto a ellas”.
Antonio Vittar es un comerciante reconocido de Santiago, que está incorporado a la lista de quienes tienen pedido de captura. Según Cristina, esa primera noche de Leyla, estuvieron un rato sentadas con él, y “permanecieron hasta las 5.00 y 5.30, cuando Vittar las llevó primero a Viviana y luego a la deponente y Leyla a su casa”.
Durante el interrogatorio, el juez le pidió que identifique los números de teléfonos que habían entrado a su celular, el mismo aparato que compartía con Leyla. En ese momento, Cristina fue diciendo distintos nombres, mencionó al Consejo Federal de Inversiones y de ahí un “amigo Roberto” entre sus clientes, luego a un tal Darío, después al dueño de una Papelería de Santiago, luego al hijo del dueño de una de las fábricas de sándwiches locales y finalmente “al Obispado, de donde la hablaba un conocido de nombre Mario, que requería sus servicios”. En la lista de enlaces entre ese mundo cultivado por las chicas de la noche, existe un diputado incorporado por otra testigo en la causa. Esa testigo es Blanca Rosalba Jiménez, pariente de Lludgar. De acuerdo con su relato, fue “el padre de (Cristina) la Gringa Juárez quien le mencionaba que había un diputado que salía con Leyla”. En otra declaración, esta vez del 25 de febrero de 2003, frente a la División de Investigaciones de la Unidad Regional 2 de la Policía, Cristina se detuvo en algunos comentarios hechos por Leyla pocas horas antes de su desaparición. “Le dijo que tenía muchas ganas de hablarlo a uno de los funcionarios locales que era un cliente de ella, diciendo que era joven, lindo y que pagaba bien.” En esa ocasión, Cristina mencionó el cargo del funcionario, que consta en la causa.
La sucesión de contactos, de relaciones y los detalles del tipo de escenarios por los que andaban no parecen tener efectos directos sobre los móviles o el escenario del crimen. Sin embargo, podrían explicar otros aspectos de la investigación relacionados a las complicaciones, trabas y defectos que ha tenido el proceso durante los primeros meses.
Por lo pronto, los padres de las dos chicas asesinadas no dudan en denunciar que a Leyla la entregó una amiga suya, dedicada a la prostitución, para desvincularse de la desaparición de un envío de drogas. “La amiga de mi hija vende drogas a los hijos del poder. Hace dos años le mandaron una encomienda desde Tucumán que desapareció, y ella dijo que mi hija fue la que retiró el paquete”, dijo Younes Bshier, apuntando a Cristina Juárez. Ayer mismo, la acusada negó haber entregado a su amiga. Ahora, el pedido de captura de “La Gringa” Juárez, realizado por la fiscalía, y sus declaraciones, podrían generar un escándalo en la provincia si comienza a destaparse ese submundo donde sus compañeras han hablado de fiestas en las que las drogas se convierten en el entorno de la prostitución.

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Cristina Juárez se convirtió en una pieza clave del caso.
 
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