SOCIEDAD › DE JUNTARSE EN LA VERDULERIA A LUCHAR CONTRA LA CONTAMINACION EN CORDOBA

Las madres de Ituzaingó

Un pueblo que vive entre fumigaciones, PCB y cables de alta tensión llegó a tener 60 casos de cáncer. La historia de las vecinas que lideran la protesta.

 Por Pedro Lipcovich

Las madres de Ituzaingó, Córdoba, bajaron a Buenos Aires. Desde hace más de un año y medio, este grupo de mujeres viene desarrollando una lucha que empezó con un comentario casi casual: “¿Por qué hay tantos chicos con cáncer en este pueblo?”. Las madres investigaron, recurrieron a las autoridades, no hallaron respuesta, fueron a los medios de comunicación, movilizaron al barrio, sacaron a la luz un explosivo cóctel de contaminantes: el PCB de los transformadores, el arsénico y los metales pesados del agua y la tierra, los campos magnéticos de los cables de media tensión, los plaguicidas de los cultivos de soja que llegan al borde mismo del barrio. Lograron cambios parciales, siguieron peleando, se plantaron delante de las máquinas fumigadoras, recibieron amenazas de muerte y siguen. Juntando moneditas pudieron viajar a Buenos Aires, donde consiguieron que un grupo de diputados presentara un proyecto de ley para prohibir las fumigaciones en cultivos adyacentes a zonas urbanas. También, dialogaron con Página/12.
Todo empezó en febrero del año pasado por un comentario en una verdulería de Ituzaingó –barrio situado a sólo siete kilómetros de la capital de Córdoba, cuyos habitantes, cuando no están desocupados, no suelen ganar más de 300 pesos por mes–. “¿No te parece que hay muchos chicos con cáncer?”, le dijo a Sofía Gatica una vecina. Sí, demasiados chicos y muchos grandes estaban enfermando. Y el barrio estaba conmovido porque pocos días antes le habían diagnosticado leucemia a Brisa, de tres años: “A esa edad ya sabía andar sola en bicicleta, sin rueditas, y ahora no puede porque se agita enseguida, está peladita y tiene que estar con barbijo”, dice Rita Godoy, una de las madres.
Las mujeres hicieron un relevamiento casa por casa: había 60 enfermos de cáncer, la mayoría concentrados en Ituzaingó-Anexo, la zona más humilde del barrio, que tiene 5000 habitantes en total. Entonces, escribieron una nota donde pedían un estudio del agua corriente y, también, del PCB de los transformadores eléctricos, “porque mucha gente del barrio se quejaba de que el agua era mala y porque los transformadores cada tanto explotaban y había un aceite que caía al suelo”, explican.
La nota la presentaron en el Ministerio de Salud de Córdoba para que la leyera el ministro, pero “no la leyeron, la archivaron... ¿cómo es que se dice?”. Cajonear, se llama eso. Pero “en abril del año pasado, los chicos que tenían cáncer se enfermaron, además, de gastroenteritis”, y las madres, hartas de esperar, fueron a la tele: “En Canal 12 nos propusieron ir en vivo: todo el barrio salió a la calle y, al día siguiente, el ministro de Salud nos recibió”. Ese mismo día, EPEC (Empresa Provincial de Energía de Córdoba) retiró los transformadores chorreantes.
A partir de esa batalla, el grupo empezó a reunirse todos los sábados “y la gente del barrio empezó a tomarnos como referente”. Por ejemplo, “cuando a los vecinos con cáncer les cortaban el tratamiento en el hospital porque ‘no hay insumos’, como dicen siempre, nos venían a ver, nosotras llamábamos a los medios y los medicamentos aparecían”.
La mayoría de las madres del grupo tienen chicos con problemas: cánceres, asma, parálisis recurrentes; algunas han tenido chicos fallecidos al nacer por malformaciones; algunas están ellas mismas enfermas; también hay alguna que está sólo por solidaridad barrial.
Los análisis del agua de los tanques domiciliarios y del suelo –todas las calles del barrio son de tierra– señalaron la presencia de arsénico, cromo y plomo: la presión de las madres logró que el barrio fuese incorporado a la red de agua de la capital, pero, cada vez que se levanta viento, el polvo contaminado de las calles vuela a los pulmones.
Y los problemas no terminaban ahí. Se detectaron fuertes campos magnéticos –de probable acción cancerígena– procedentes de líneas de media tensión. Además, Ituzaingó es una península urbana rodeada en tres de sus lados por cultivos de soja, y los plaguicidas de las fumigaciones llegan a las casas y a la gente. Las madres consiguieron que el Concejo Deliberante cordobés prohibiera la fumigación, pero los agricultores incumplían. Vuelta a reclamar y el gobierno cordobés puso vigilancia las 24 horas, pero “cuando fumigaban, la policía nunca estaba; por el ‘cambio de guardia’, decían. Empezaron a fumigar de noche. Los policías decían que no podían entrar porque ‘es propiedad privada’ y hasta porque, decían, no tenían lapicera para anotar”.
Una noche, las madres se metieron en el cultivo; una de ellas tuvo que retirarse por un ataque de asma al acercarse a la máquina humeante; a las demás, los fumigadores las recibieron con palos. La fumigación cesó por un tiempo, pero Sofía Gatica, la única que tiene teléfono, empezó a recibir amenazas, y una vez un desconocido entró en su casa con un arma de fuego.
Los médicos que el gobierno provincial envió para evaluar la situación avalaron los temores de las madres de Ituzaingó. Pero, según ellas, esto tuvo un precio para los profesionales: “Dos de los médicos tuvieron que renunciar y a otro lo despidieron”.
Las mujeres temen represalias a partir de su viaje a Buenos Aires, y “por eso, dejamos todo organizado por si nos pasa algo”, cuentan.
Los reclamos pendientes de las madres son: “Medicamentos para nuestra gente y tratamiento continuo de cada persona enferma”; “Un sistema de trenzado en los cables de media tensión para reducir los campos magnéticos”; “Una franja de protección de cuatro kilómetros para proteger de los agroquímicos”; “Que quiten el PCB y los agroquímicos de las calles, aunque más no sea poniendo una capa asfáltica”.
En su viaje a Buenos Aires (“Tuvimos que hacer una rifa para costearnos, moneda sobre moneda, los pasajes en micro”), las mujeres se entrevistaron con representantes de la Defensoría del Pueblo de la Nación –cuya intervención quedó asegurada–, plantearon el tema en las secretarías de Medio Ambiente y de Derechos Humanos y hablaron con legisladores. Luego de escucharlas, los diputados Mario Cafiero, Alicia Castro y Atilio Cazzioli presentaron un proyecto de ley que prohíba la fumigación “a menos de 2500 metros de zonas o ejidos urbanos”.

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Las mujeres comenzaron a hablar del tema en la verdulería y terminaron como dirigentes barriales.
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