SOCIEDAD

Cabello dijo que hubiera preferido morir, pero sigue sin pedir perdón

El acusado por la muerte de una mujer y su hijita de tres años lloró ante los jueces durante su declaración, y negó haber estado corriendo una picada. Un policía contradijo su versión.

 Por Carlos Rodríguez

Sebastián Cabello, acusado de doble homicidio con dolo eventual por haber provocado con su auto la muerte de una madre y su hija de 3 años, negó ayer que el día del hecho estuviera corriendo una “picada”, dijo que no puede recordar “cómo ocurrió” el choque y sostuvo que “hubiera preferido estar ahí”, aludiendo al lugar de las víctimas. “Tengo una sobrina de la misma edad”, aseguró Cabello, con lágrimas en los ojos, refiriéndose a la edad que tenía Vanina Rosales, la nena que murió carbonizada junto con su madre, Celia González Carman, en el interior del Renault 6 en el que viajaban y que fue atropellado desde atrás por Cabello, que se calcula que iba a 137 kilómetros por hora en su Honda Civic, equipado como si fuera un auto de competición. Cabello, ante los jueces, hasta recordó que en estos días cumple años una de sus sobrinas, mientras soltaba algunas lágrimas. En el sector del público, a un metro y medio de distancia del acusado, Sergio Rosales, el papá de Vanina y viudo de Celia, se levantó del asiento para gritar: “Y hoy (por ayer) mi mujer hubiera cumplido 43 años”. De inmediato el tribunal le pidió que hiciera silencio.
En su declaración, Cabello dio a entender que luego del impacto se golpeó y perdió el conocimiento, al punto que le habría preguntado “¿qué pasó?” al amigo que lo acompañaba, Daniel Pereyra Carballo. El acusado llegó a decir que se había “despertado” cuando llegó al hospital, pero su declaración no coincidió con la del oficial de la Policía Federal Marcelo Fabián Gay, quien aseguró haber visto a los jóvenes caminando alrededor del Honda Civic chocado. “Estaban lúcidos”, afirmó el policía, quien incluso recordó que a Cabello “le preocupaban los daños que había sufrido su vehículo, la pérdida de su billetera y de un celular”. Nada dijo sobre la actitud que tuvo el imputado respecto del Renault 6 calcinado.
“No puedo recordar lo que hice. Estoy destruido, tengo cuatro sobrinas y las adoro. Esto me mata, me destruye”, dijo Cabello ante los miembros del Tribunal Oral número 30 de la Capital Federal, René Morales Penelas, Dina Elsa Rende de Cagide y Oscar Garzón Funes. Mientras, a sus espaldas, Sergio Rosales y Sara González Carman, la abuela materna de Vanina, se movían en sus asientos, nerviosos y la mujer llegó a murmurar: “Es un verdadero artista”. El choque, que se juzga como homicidio, ocurrió en la madrugada del 30 de agosto de 1999, en la avenida Cantilo, cuando las víctimas regresaban a su casa luego de asistir a una fiesta de cumpleaños. Cabello aseguró en todo momento que venía a la velocidad permitida y en varios momentos del relato dijo que iba por la “autopista Cantilo”, como reforzando la idea de que se trataba de un vía rápida. “No corro picadas porque aprecio mucho a mi vehículo”, dijo el joven, que en el momento del hecho tenía 19 años y que ayer fue acompañado por sus padres, que también lloraron con él durante parte de su exposición.
Cabello puso énfasis en su amor por los fierros al decir que para cambiarle los amortiguadores al Honda Civic había viajado especialmente a Chile, en avión. Luego negó que el auto contara con un sistema de nitrógeno para potenciar el motor y dijo que tenía “un turbocompresor” que, según él, no funcionaba. El imputado aseguró que nunca tuvo accidentes graves, salvo el que se investiga, y que apenas sufrió en otras ocasiones “una rotura de faros”.
Más tarde declaró Pereyra Carballo, el acompañante de Cabello, quien en ningún momento mencionó el supuesto desmayo que alegó su amigo. Cuando relató el choque dijo que advirtió que “un coche que venía atrás hizo luces y nos pegó un topetazo”. Por el impacto, el Honda “se descontroló, fue hacia el carril de la derecha y adelante había otro coche” al que embistieron. Según Pereyra Carballo, lo recuerda “como flashes” porque “todo transcurrió muy rápido”.
A su turno, el subinspector Marcelo Fabián Gay ratificó lo dicho en la etapa de instrucción. Un hombre al que no identificó concurrió a la comisaría y les dijo que el Honda “venía a gran velocidad conjuntamente con un Renault 21 gris y un coche azul y al parecer fue por una mala maniobra que se produjo la colisión con el Renault 6”. Las declaraciones que hizo el policía hicieron menos creíble la versión de Cabello respecto del supuesto desmayo y acerca de su rotunda negativa a la información que indica que venía corriendo una “picada”, práctica habitual en esa zona de Núñez, tal como lo acreditaron en su momento distintas investigaciones periodísticas. Los familiares de la veterinaria Celia González Carman y de su hija Vanina se manifestaron “indignados” por el relato que hizo Cabello ante los jueces. Sergio Rosales dijo confiar en que la Justicia condenará a Cabello a una pena de cumplimiento efectivo y adelantó que su abogado, Marcelo Parrilli, pedirá 25 años de cárcel, la pena máxima para el delito de homicidio con dolo eventual.
Sara González Carman, la mamá de Celia, también solicitó la pena máxima para el delito, pero admitió que se conformaba “con que le den 15 años”. La mujer, muy nerviosa, sostuvo que Cabello era “un pelotudo grandote” que “corría picadas para divertirse”. De ese modo salió al cruce de la versión de la familia del imputado, en el sentido de que esa noche tenía una supuesta emergencia y que por eso iba rápido por la Cantilo.

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Sebastián Cabello, al salir del tribunal donde es juzgado por doble homicidio con dolo eventual.
 
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