SOCIEDAD › DENS MACSHANE, MINISTRO BRITANICO PARA EUROPA

“No entiendo por qué no siguen el ejemplo de la Unión”

Aunque es británico, es un verdadero entusiasta del “modelo europeo” y un impaciente por ver al Mercosur, al que conoce íntimamente, expandiéndose por todo el continente. Además, ofrece la nueva Unión de 25 países como un contrapeso a la influencia norteamericana en la región y repudia la “vergüenza” del proteccionismo agropecuario europeo.

 Por Andrew Graham-Yooll

–América latina es vista en Europa como una región difícil para la negociación colectiva. Sin embargo, Europa habla de negociar con la región como un bloque de naciones.
–Existen muy buenos contactos con el Mercosur. Tenemos asociación entre Europa y el Mercosur y buscamos un amplio acuerdo en lo político y económico. Necesitamos que todos hagan concesiones. Recuerdo mi decepción el año pasado cuando detuvimos a un grupo de ilegales latinoamericanos –no voy a nombrar el país para no ofender– y le pedí al ministro de Relaciones Exteriores que los repatriara, porque eran ilegales y habían llegado a través de una organización criminal. Sin embargo, el ministro se negó.
–Probablemente no quería facilitarle la acción a la organización criminal en su propio país.
–No se trata de eso. Eran ciudadanos de su país. He sugerido que necesitamos una triangulación de relaciones entre América latina, los Estados Unidos y Europa. Necesitamos una inversión de la Doctrina Monroe (de 1823), con una presencia europea mucho mayor que la de EE.UU. en América latina. Eso lo quisiera ver y espero que en América del Sur (como ente diferente de América latina) la gente pueda ver con beneplácito los modelos de la Unión Europea. Nuestros países europeos combatieron entre sí hace cincuenta años, y estaban divididos por barreras tarifarias, imposición de visas, gobiernos autoritarios aquí y allá, y abundaba la inestabilidad política. La Cuarta República en Francia tuvo un sinnúmero de gobiernos, estaba inmersa en una guerra terrible en Argelia, y sin embargo pudo formar la Comunidad Europea en 1957. El general Charles de Gaulle no aprobaba de la libertad de expresión en la radio y la televisión mientras fue presidente, pero la democracia es un proceso de autocorrección y Francia hoy es a la vez muy liberal y respetuosa de los derechos humanos. Me sorprende que en América latina exista tan poco interés en copiar la experiencia europea.
–Eso quizá se deba a que existen históricos recelos entre naciones y cierta dificultad para unirse frente a problemas específicos...
–¿Y vamos a comparar eso con la enemistad entre Francia y Alemania, por ejemplo, o compararlo con los problemas de pobreza que enfrentaban algunos países de la Unión Europea cuando ingresaron a la comunidad, como Irlanda y Grecia? Las diferencias y dificultades y las políticas nacionales en países latinoamericanos no son nada nuevo. España y México tenían el mismo PBI per cápita en 1960, y veamos a España ahora. Es uno de los países más ricos y más avanzados de Europa. Miremos a México. Lo que hemos hecho en Europa es aprender de cada uno. No hay un modelo único. En cada etapa económica, social, administrativa, y en el desarrollo de la sociedad civil, aprendemos de prácticas mejores. Sigo sin entender por qué no se apuran en Sudamérica a usar el ejemplo europeo.
–Mantenemos algunas respuestas nacionalistas que han resistido al cambio. Tenemos un camino que recorrer y lo estamos logrando. Tenemos nuestro estilo y nuestra estabilidad. Esto debe ser consolidado antes de establecer una posición común...
–Usted está colocando las cosas al revés. La formación de la comunidad económica europea en 1957 contribuyó a la estabilidad. No se esperó que Francia superara sus problemas en Argelia o que estableciera amplia libertad de prensa. Francia inició la unión europea trayendo consigo a Argelia, un enorme territorio árabe, como parte de Francia. El sur de Italia, en 1960, era tan pobre como lo más pobre de América latina. La vida de los campesinos no había cambiado en siglos. Europa no esperó que Italia se hiciera rica para hacer su ingreso en la unión. La Irlanda queyo conocí de niño, cuando iba de vacaciones, era tan pobre que de cada dos irlandeses uno debía emigrar, a Inglaterra, Escocia, los EE.UU., o Australia, o quizás Argentina. Todavía arriaban ganado por los suburbios de las ciudades. Así de pobre era Irlanda. Hoy tiene un PBI per cápita más alto que el promedio europeo. En términos de ingresos es más rica que el Reino Unido, se ha transformado en país de inmigración en vez de emigración. Repito, nadie esperó que Irlanda se hiciera rica. El problema no pasa por ahí. Fue el acto de bajar barreras aduaneras y avenirse a compartir su soberanía, acceder a que sus políticas de intercambio se diriman en Bruselas en vez de en Dublín. Accedió a que las decisiones políticas puedan ser discutidas con otras naciones en la Unión. Eso llevó a Irlanda a concentrarse en lo que es importante, que es la mejora material de su pueblo, la protección social de sus trabajadores, el respeto por el medio ambiente. He viajado a varios países de América latina, especialmente cuando estaba a cargo de las relaciones con la región, y aquí en Europa siempre nos preguntábamos por qué si aquí tenían un modelo que funcionaba, no una teoría abstracta o un ensayo de algún profesor, no se veía cómo desarrollar otro grupo de naciones que se beneficiaran mutuamente, aun con grandes diferencias económicas y de desarrollo.
–Tenemos un Mercosur y estamos avanzando. Hay diferencias aduaneras y existe un temor a la inestabilidad. Tenemos grandes diferencias en las comunicaciones. Hay que ver los problemas que demoran el progreso a partir de un nivel de Europa en 1957.
–Repito, Europa en los años cincuenta no era vista como estable. Estaba amenazada por la política del bloque soviético, tenía países que atravesaban un proceso de descolonización terrible, su país más grande, Francia, tenía sus problemas. Es un mito que Europa siempre ha sido cómoda, tranquila y democrática. Aquí se necesitó de una gran capacidad de liderazgo. Willy Brandt (1913-92), el dirigente socialdemócrata alemán, llevó a su partido de una oposición a la Unión a un entusiasta apoyo. El general De Gaulle rindió una parte de la soberanía francesa en un acuerdo con Alemania. ¿Se da cuenta de la magnitud de esa decisión? La gente hablaba otros idiomas. Muchas veces había una incomprensión total, entre holandeses e italianos, entre alemanes y franceses. Requirió de líderes como el economista y diplomático francés Jean Monnet (1888-1979) para construir la confianza. Sólo puedo desear que América latina vea los beneficios de semejante modelo.
–En un artículo suyo en el Financial Times del 28 de febrero de 2004, al comentar cuatro libros escritos por el canciller francés, Dominique de Villepin, usted se mostraba entusiasta no sólo por la sabiduría de su colega, sino también por la amistad a nivel ministerial en Europa...
–Es muy cierto. Hay una buena red de contactos personales, entre hombres que se aprecian y respetan. Nos llamamos por el celular y se toman muchas decisiones así. Los ministros para Europa probablemente estén más en contacto entre sí que con sus colegas domésticos. Eso puede ser un error, ya que existe el peligro de perder contacto. Pero, por ejemplo, el viernes estaba en Berlín almorzando con el ministro para Europa alemán, el martes me encontré con el ministro francés en París, anoche estuve con el ministro de Relaciones Exteriores de Polonia aquí en Londres, y esta mañana con Chris Patten, el comisionado de Relaciones Exteriores de Europa en Bruselas, para tratar un tema relativo a los Balcanes. Estamos en contacto permanente y eso no significa que no se sostengan las posiciones nacionales. Todos, países grandes y pequeños, tenemos causas e intereses que defender vigorosamente. Pero se pueden discutir en un ambiente amable. Tenemos problemas en los Balcanes, o en las relaciones con China, o Rusia, y con países de América latina. El poder de Europa para resolver problemasradica en ser una zona de 450 millones de habitantes que constituyen la mayor alianza económica en el mundo.
–¿Cuál sería un mensaje europeo para Sudamérica, para el Mercosur?
–Quizás el mensaje más importante sea la abolición de las barreras aduaneras, que se promueva el comercio, que no tengan miedo al libre comercio. Es la forma más rápida conocida por el hombre para alcanzar la riqueza. En cuanto se meten condiciones comerciales, para proteger esta industria, por temor a afectar al sector agrícola, o se acepta que los bancos estén contra la competencia extranjera, vamos muertos. El libre comercio es como dejar de ser virgen: no se puede ser medio virgen, no se puede ser medio libre. Las energías que se producen y los éxitos comerciales que se logran son extraordinarios cuando todas las regiones compiten libremente para lograr los mejores resultados.
–Vamos, pero comencemos nada más que mirando el proteccionismo europeo.
–El proteccionismo agrícola europeo es una vergüenza absoluta. El gobierno británico lo combate activamente. Pero somos uno entre 25 miembros que participan de la discusión. En mi opinión la gente en América, latina y del norte, que quieren la reducción de las tarifas aduaneras, debería tratar de cambiar la opinión pública constructivamente en torno de sus propias restricciones. No se puede lograr esto con discursos de presidentes en campañas diplomáticas. Tenemos que trabajar con las ONG y con entidades agropecuarias ambientalistas, entre otras, para que todos hagan una causa política. Los países sudamericanos tienen representantes en Europa y deberían hacer campaña para cambiar la opinión europea sobre el proteccionismo. Pero también es necesario que se abran los mercados en América del Sur. La competencia no es una calle de una sola mano. En el Reino Unido hemos adoptado una política de libre comercio y como resultado tenemos pleno empleo, tenemos el único movimiento sindical que crece, o que no cae según los sindicatos, hemos gastado mucho más dinero en el sector social para ayudar a los pobres, hemos construido mejores escuelas y hospitales. Sin una base material, sin una economía de mercado efectiva que genere riqueza, sin empresas que se dedican a emplear en vez de cesantear, no hay impuestos e ingresos para hacer otras cosas bien. Sueño con el día en que América latina descubra su propio Jean Monnet, el padre fundador de la Comunidad Europea. Se dedicó a viajar y conocer a la gente, para hacer contactos. No escribió grandes discursos, no produjo grandes textos. Buscó una unión coherente, que no fuera una que reemplazara políticas individuales, sino que estableciera intereses comunes y que se pudiera adherir a ellas. Anhelo el día en que Sudamérica alcance una verdadera unión, si bien esto significará abandonar algunas ideas de soberanía. Va a ser fundamental aceptar que el poder tiene que ser compartido con los socios para alcanzar una nación más fuerte. Tiene que hallarse el liderazgo para lograr esto. Sudamérica tiene el talento, los recursos, y la cultura. Espero que se den cuenta. Leyendo a Gabriel García Márquez hallo que dice, parafraseando, que no hay nada malo en la región que no se puede corregir si no existieran los Estados Unidos. Si sólo la gente mirara un poco más a Europa que a EE.UU. Tienen que abandonar la obsesión con teorías ideológicas con Washington y aprender de Europa. América latina no está dialogando sobre ideas de unión, falta debate. Muchos intelectuales europeos tienen cierta responsabilidad en esto. Fueron a buscar sostén ideológico, y luego regresaron para hacer cosas bien diferentes. Su trabajo de campo fue para desarrollar temas de su propio interés. Por razones personales, salieron a buscar el drama, y aliados contra Estados Unidos, cosa que jamás harían aquí. Fue una pérdida de tiempo académico. Lo que se necesita es un intercambio intelectual más maduro a niveles políticos normales.
–La Europa expandida ¿va a avanzar hacia la consolidación de un Estado de superpotencia?
–Europa no es un Estado, es una unión de 25 Estados independientes y soberanos que han acordado aportar una cuota de soberanía para obtener un ente común mucho mayor. Eso hace que Europa sea una superpotencia en términos económicos. Tiene autoridad para decidir ciertos conflictos, como pueden ser las operaciones de Microsoft o de Boeing, pero no va a ser una superpotencia en términos militares. Espero que sea un gran poder blando en lo diplomático y político. Europa busca asociarse con los Estados Unidos y no busca oponerse a EE.UU.
–Eso es relativo. Hay serios desacuerdos, ¿no es cierto? La relación histórica británica con Estados Unidos tiene una razón de ser. Sin embargo hay actitudes muy diferentes de Alemania y de Francia, por ejemplo.
–No confundamos relaciones con diferencias en torno del conflicto en Irak. Estas son muy concretas. El pueblo alemán, por ejemplo, votó la reelección de Schroeder sobre la base de la promesa electoral específica de que tropas alemanas no participarían en el conflicto en Irak. Diez años atrás eso no sería tema de debate en Alemania, dado que la Constitución prohibía que un soldado alemán se desempeñara en el exterior. El gobierno de Schroeder reformó la Constitución y permitió la normalidad como Estado en Alemania, que ahora tiene ocho mil soldados en el exterior, en zonas de conflicto como Afganistán. Alemania es el mayor aliado de EE.UU. en mantener la paz en Afganistán. El pueblo alemán, por primera vez desde 1945, tuvo que tomar una decisión acerca del uso de sus fuerzas militares en Irak. Decidieron que no. Pero en muchas áreas, Alemania y los EE.UU. cooperan en la reconstrucción de Irak. Por otra parte, en términos de intercambio, suma tres mil millones de dólares diarios el comercio entre Europa y Estados Unidos. Hay empresas como BMW y Siemens que tienen un interés vital en las buenas relaciones. Una de las editoriales más grandes de Estados Unidos, Random House, pertenece a Bertelsmann, alemana. La gente en Estados Unidos probablemente no se dé cuenta de cuánta mercadería alemana compran todos los días.
–En otro artículo suyo del 27 de marzo de 2004 usted habla de una mejora en las relaciones políticas entre Europa y EE.UU. a pesar del aparente deterioro.
–Irak es un fenómeno importante pero no es determinante para las relaciones entre EE.UU. y Europa. Dentro de Europa hay interminables sutilezas y diferencias. Hay países pequeños pero muy ricos, como los Países Bajos, que son muy pro americanos. Irlanda tiene una política oficial de neutralidad, sin embargo culturalmente y en términos familiares está muy cerca de Norteamérica. Los nuevos miembros grandes en la Unión Europea –como Polonia, República Checa y Hungría– están orgullosos de su nueva afiliación pero también de sus contactos con EE.UU. Por lo tanto, hay debate. Yo me paso bastante tiempo discutiendo aquí contra gente opuesta a Europa en el Reino Unido, y sé que mis colegas en las capitales de la Unión tienen que discutir con sus opositores. Hay diferencias. Europa no es EE.UU., pero eso no significa que se convierta en anti EE.UU.
–¿Habrá un plebiscito en Gran Bretaña en torno de Europa el año que viene? ¿O eso todavía está por decidirse?
–El primer ministro Tony Blair ha anunciado un programa en tres partes. Primero, tenemos que completar negociaciones muy difíciles para alcanzar el tratado constitucional de Europa. Eso involucra derecho internacional que tienen que acordar 25 Estados soberanos. Hay solemnes obligaciones legales que instituir en ese tratado constitucional. Las negociaciones para alcanzar esa etapa son difíciles, como dije. Vamos a ver cómo se completa esa etapa como esperamos. Segundo, habrá un largo debate parlamentario en el Reino Unido para ratificar el tratado. Tercero, el primer ministro ha dicho que luego el pueblo debe decidir, de una vez por todas, si está de acuerdo o no con ser parte de Europa. No hay fechas para esto. Lo que el primer ministro quiere hacer, creo, es llamar a eleccionesgenerales el año que viene, y eso tendrá algún impacto sobre el referéndum. Y esto se hará cuando se cumplan todas las otras etapas. Si tenemos un tratado y el Parlamento lo rechaza, se acabó. Estamos pensando en 18 meses, pero realmente no puedo ser más preciso.
–¿No se arriesga atrasar el reloj? Digo, si el Reino Unido fuera contra Europa.
–No lo creo así en términos concretos. Necesitamos una decisión concreta del pueblo británico acerca de si quiere o no estar en Europa. Por ahora, tenemos al principal partido de oposición, los conservadores, muy en contra de ser parte de Europa. Y es así con los medios. Esos dos grupos están intentando atrasar el reloj hasta el momento en que había 25 naciones compitiendo entre sí con todo tipo de trabas.
–¿No hay un peligro que Europa, tan grande, tan autosuficiente, concentre su atención y política para adentro? Antes se usaba la frase eurocentrismo y viniendo de Buenos Aires me preocupa la capacidad de exclusión que puede adoptar una enorme masa de países ricos que opinan que otros, como América del Sur, no se portan como ellos desean.
–Es un riesgo, y hay debate dentro de Europa acerca de cómo debería mirar para afuera, y como se podría vivir exclusivamente dentro de sus propios puntos de referencia. Creo que sería un gran error, porque Europa tiene que estar atenta a que Asia y Norteamérica tienen un crecimiento más efectivo y han demostrado tasas mayores de crecimiento que en muchas economías europeas. Europa quiere estar presente en el mundo, tener empresas y bancos y servicios en todas partes. Quiere una parte del mundo y ya no puede cerrar sus fronteras. No las puede cerrar ni a la cocaína de Colombia, ni a la heroína de Afganistán, ni al narcoterrorismo. No se puede cerrar Europa a una América latina estable, porque eso trae enormes problemas internacionales. Creo que desde el 11 de septiembre del 2001 se dejó de prestar atención a América latina. El mayor cambio tendrá que surgir del comercio. Si podemos lograr que la región adopte el modelo europeo, que es bajar barreras, aumentar comercio, y crear más actividad material, seguro que la cooperación política surge. Lamentablemente, por ahora, no veo evidencia de un mayor debate en torno del libre comercio entre las naciones de América latina.

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