SOCIEDAD

Un paseo entre reptiles y fotos con la boa al cuello

Boas, lagartos, pitones y hasta un cocodrilo importado de la Florida son la atracción en el puerto de Mar del Plata, en especial, los días no aptos para playa.

 Por Carlos Rodríguez

Los dos, padre e hijo, van caminando entre pitones, boas, lagartos, yararás y víboras de cascabel. “Son reptiles, se arrastran, pero al menos nunca llegarán a funcionarios”, dice el padre mientras se ríe de su ocurrencia. “Ahhh...”, dice Tomás, de 5 años, como si se quedara más tranquilo, entre la atracción y el temor que le despiertan esos personajes exóticos. Los animales, no los políticos. En la Expo Animal Planet, instalada a metros del puerto de Mar del Plata, los chicos pueden pasar un largo y entretenido rato, mirando y tocando o cargando sobre los hombros, si se animan, a pitones amarillas o verdes que miden cinco o seis metros y que posan para las cámaras. La estrella, sin embargo, es otro habitante de la exposición que se llama Fausto y pesa cien kilos. Es un cocodrilo de los pantanales de Florida, Estados Unidos, que creció en cautiverio por haberle vendido el alma al diablo a cambio de su nombre. De todos modos, a Fausto se lo ve sonreír mientras abre sus fauces de color verde claro. El bicho acepta las caricias y los besos que le da su cuidador. Ayer a la tarde, las pitones hicieron un show frente al mar, trenzadas al cuello de bellas modelos.
Raúl Bachmann, un argentino de origen alemán, es el herpetólogo de la Expo Animal Planet, que funciona todos los días, de 8 a 23, en Juan B. Justo 402. Lo que estudió Bachmann es una rama de la biología que se especializa en el conocimiento de los reptiles. “En el zoológico es imposible este contacto con animales que tienen mala fama, pero como éstos fueron criados en cautiverio, están acostumbrados al contacto con chicos y grandes”, explica el anfitrión. “A Faustito (se refiere al cocodrilo), lo estamos tocando desde que nació, hace 7 años”, dice como si hablara de un hijo.
“Este tipo de contacto y lo que nosotros contamos hacen que los chicos salgan más informados y que los padres, que son los más miedosos, pierdan un poco ese temor”, insiste el instructor, aludiendo a lo común que es hoy que los niños tengan, como mascotas, iguanas o arañas, en lugar de perros o gatos. Bachmann presenta a otra de las atracciones, una araña del tipo Goliat, que puede alcanzar un diámetro de 33 centímetros. Habla con displicencia sobre la peligrosidad de esos bichos peludos: “No tenemos ninguna araña cuya picadura sea mortal, apenas equivalen a 20 picaduras de abejas”, todas juntas, en una sola dosis.
Los únicos animales muy peligrosos son las yararás y las víboras de cascabel, pero “a ésas no las sacamos” de los cofres de vidrio dentro de los cuales son exhibidas. Todos los bichos provienen de regiones tropicales y subtropicales que tienen temperaturas permanentes de entre 25 y 35 grados. Bachmann hace un pequeño show con Fausto, el cocodrilo gentil, a quien toma fuertemente de la cola para arrastrarlo fuera de la pileta símil pelopincho en la que pasa buena parte del tiempo. Después, el cuidador acaricia la cabeza del reptil, le da un beso sobre la nariz rugosa y de a poco consigue que abra toda su boca, que muestre esos dientes que pueden desgarrar a sus presas. Bachmann comenta ante un público sorprendido: “Es como un perrito”.
Los visitantes pueden también fotografiarse con una pitón adherida al cuello, como una corbata multicolor. “Tocala, tocala, es como acariciar una cartera”, le dice un hombre a su mujer, tratando de convencerla para que pierda el miedo. Karina, una rubiecita de apenas 6 años, quiere llevarse de recuerdo a una de las enormes víboras. “Son suavecitas”, repite a cada rato, mientras acaricia una pitón de color amarillo que en su plenitud puede llegar a medir hasta siete metros.
Los instructores, luego de las fotos, brindan información que pone un poco nerviosos a los valientes que posaron con las víboras. “Las pitones se comen vivas a sus presas, las muerden con fuerza y las engullen, hasta que las matan por asfixia”. Y brindan otros detalles escabrosos: “Si los llegara a morder una de éstas, lo peor que pueden hacer es intentar sacar la mano, se las destrozaría porque nunca aflojan. A mayor resistencia, mayor fuerza en la mordida. Hay que pedir ayuda para que alguien les abra la boca”.
Ayer por la tarde, en San Martín y la rambla, frente al mar, se hizo un espectáculo denominado Las Bellas y las Bestias. Desfilaron las modelos Silvina Luna (que eludió el reto de la víbora colgada al cuello), Ximena Capristo, Sabrina Rojas, Lorena Liggy, Eliana Guercio y Fátima Flores. Con algunas prevenciones, casi todas las chicas tomaron las pitones en sus manos y el público rugió como si se tratara de la mismísima selva.

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Frente a la peatonal, las modelos hicieron un show con las pitones.
 
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