SOCIEDAD › UNA ENTIDAD CATOLICA QUE “SANA” HOMOSEXUALES

Los exorcistas de los gays

Es una organización con filiales en todo el mundo, que trabaja con el aval del Vaticano. Y está por instalarse en la Argentina. Su misión es ofrecer un tratamiento espiritual para alejar a los “enfermos” de esas prácticas. En su página web ofrece testimonios de homosexuales curados. Y critica que no sea considerada enfermedad.

Quienes quieran “curarse” de la “enfermedad” de la homosexualidad ya no tienen que desesperar: una vez más, como tantas veces en la falible historia que se confeccionaron los hombres, es la Iglesia Católica quien se ofrece para redimir a los pecadores. Courage es una organización cuya principal vía de difusión es la web, un apostolado con el aval del Vaticano. En inglés quiere decir “Coraje”. Coraje para enfrentar a “Satanás” (no el trago sino el funcionario del Infierno), que lleva a la gente decente a tener relaciones contraindicadas por la Creación, que desde siempre dejó en claro dónde va cada cosa. Cuenta con 95 delegaciones en el mundo y, para regocijo de las almas atormentadas argentinas, programa inaugurar una réplica aquí. El tratamiento se basa sobre invectivas divinas para que las ovejas confundidas adopten la castidad y de este modo se mantengan alejadas del vicio. Para llevar a su lado a los indecisos, Courage ofrece testimonios de homosexuales curados y artículos en los que defenestra a quienes toman al ser gay como algo inofensivo. Entre ellos está el monseñor argentino Rodolfo Nolasco, que entre sus contundentes citas bíblicas retoma la de aquella piedra popularizada por el vicario castrense Antonio Baseotto.
“¿Estás tú o algún ser querido experimentando atracciones homosexuales y buscando respuestas? Courage es un apostolado de la Iglesia Católica Romana cuyo propósito es ministrar a aquellos con atracciones hacia el mismo sexo, y a sus seres queridos. Somos la única organización de este tipo en la Iglesia Católica aprobada por el Vaticano.” Con estas credenciales se presenta la organización que enseña a los homosexuales “cómo por medio de una vida interior de castidad”, los pecadores “pueden avanzar más allá de los límites de la identidad homosexual hacia una más completa en Cristo”. Courage invita a “conocer a hombres y mujeres que comparten tus inquietudes, tratándolos on line o en persona en las reuniones, conferencias y días de rememoración”.
Courage posee una red de sacerdotes que coordina los grupos de homosexuales en recuperación. Hasta ahora, la organización se atribuye la salvación de 500 almas que, según sus propios relatos, estaban al borde de la perdición. El papa Juan Pablo II reconoció la obra cuando dijo que “Courage está haciendo el trabajo de Dios”.
Cuando la epidemia de Sodoma y Gomorra se veía venir a fines de 1970, algunos religiosos de Nueva York escandalizados por tanta injuria a la naturaleza se dispusieron a actuar. Su Eminencia Terence Cooke observó que los nuevos sodomitas, “al escoger la dirección de la homosexualidad, se encerraron dentro de una vida que la Iglesia cree no brinda beneficio a la existencia de uno”. Por ello formó “un sistema de apoyo espiritual que pudiera asistir a hombres y mujeres con atracciones hacia el mismo sexo” para que de este modo dejen las lujurias mundanas y “vivan en castidad”. La primera reunión, encabezada por el padre John Harvey, actual director de Courage, tuvo lugar en septiembre de 1980 en el Santuario de la Madre Seton en South Ferry.
Desde entonces y hasta hoy, al comienzo de cada reunión se leen las cinco metas de Courage, que tienen que ser rigurosamente practicadas por cada miembro. La primera, referida a la castidad, establece “tener vidas castas de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia Católica Romana acerca de la homosexualidad”. La segunda, que trata sobre “oración y dedicación”, exige “dedicar la propia vida a Cristo a través del servicio a otros, la lectura espiritual, la oración, la meditación, la dirección espiritual individual, la asistencia frecuente a misa y la recepción asidua de los sacramentos de la Reconciliación y la Santa Eucaristía”. La tercera meta consiste en “fomentar un espíritu de compañerismo en el cual todos puedan compartir pensamientos y experiencias y así asegurar que nadie tenga que enfrentar los problemas de la homosexualidad solo”. La cuarta reclama “estar consciente de la verdad de que amistades castas no son solamente posibles, sino necesarias en una vida cristiana casta. Obrar de este modo provee ánimos al formarse y sostenerse unos a otros”. La quinta meta, la del Buen Ejemplo, propone “tener vidas que puedan servir como buenos ejemplos para otros”.
Los pecadores pueden encontrar un caso de vida ejemplar en el relato de una mujer ex lesbiana. Cuenta que cuando su madre execraba su condición con argumentos religiosos, “yo me desahogaba diciendo que no había tal cosa como el infierno. Pero en realidad estaba recitando todas las mentiras de Satanás. Justificaba mi estilo de vida ante mi hermana diciéndole que yo podía tener toda la diversión que quería y no preocuparme del control natal o de quedar embarazada. Incluso encontré una monja que me aseguró que a Dios no le importaba si yo perseguía relaciones lesbianas. Cuando mi conciencia me incomodaba hablaba a esta monja, quien me afirmaba en el camino que estaba tomando”. Aunque en verdad “estaba experimentando una lucha interior entre el Espíritu Santo y la esclavitud de Satanás”. Cuando lo comprendió, “empecé a asistir regularmente a reuniones de oración y estudios de Biblia. Decidí escuchar la radio cristiana y ver televisión católica”.
Otro que estuvo allí y volvió para contarlo fue Mark, que antes de llegar a Courage había sentido que su camino no era el de Dios. Al tomar conciencia de ello, “experimenté largos períodos sin masturbación. Entré en una larga luna de miel con la fe durante la cual estaba seguro de que Dios estaba sanando mi homosexualidad. Sin embargo, ahora me doy cuenta de que estaba reprimiendo mi homosexualidad y no la estaba encarando. Entonces varias crisis vinieron: renuncié a mi trabajo, una oportunidad de una segunda carrera falló y no tenía lugar donde vivir. Ahí fue cuando las tentaciones volvieron como una venganza y gradualmente volví a entrar en la adicción, yendo de la masturbación frecuente a ver pornografía suave en cable, comprar pornografía, participar en llamadas sexuales, desear tener sexo otra vez, finalmente actuando fuera y navegando en Internet. Retomé donde había dejado y la adicción era peor que nunca”. Hasta que leyó sobre Courage en el libro del padre Benedict El coraje de ser casto. “Empecé a ir a las reuniones y conocí a otros con el mismo ‘aguijón en su carne’ –cuenta–. Fui a una conferencia de Courage, fui a un retiro, di un paso adelante en mi vida de oración e hice nuevos amigos ‘castos’. Leí libros y artículos sobre atracción hacia el mismo sexo.”
Este año, Courage llegó a la ciudad de Cuernavaca, en México, con el nombre no muy viril de “Courage latino”. La organización advirtió que “también tendrá presencia en Perú, Ecuador, Puerto Rico, Argentina y España”.
En http://couragerc.net o en www.courage-latino.org, los columnistas escriben sobre el “error” de la Asociación de Psicólogos Americanos al quitar el rango de enfermedad mental a la homosexualidad; dicen que la tendencia a relacionarse con el propio sexo no es genética y, como el argentino monseñor Nolasco, aseguran que el fenómeno de la homosexualidad está inflado por los medios de comunicación.
Con el título de “Proselitismo perturbardor”, Nolasco escribe sobre la relación imposible entre la homosexualidad y la educación: “La criminalidad de la corrupción de menores es bastante extensa como para ignorarla. Está comprobado que suele ser el camino de la iniciación en las prácticas homosexuales, de las que luego no resulta fácil librarse. Los padres de familia, pues, tienen derecho a exigir a los institutos educativos que no asuman como profesores quienes son conocidos como homosexuales. No son capaces de tal oficio, así nomás. Esto no viola los derechos humanos, ni es discriminación injusta: no queremos que sean maestros de nuestros hijos quienes pretenden que es normal la práctica de la homosexualidad o la drogadicción o el robo”. Párrafo seguido, enuncia: “Esta actitud es tachada de antievangélica y opuesta a la misericordia de Jesús; pero quienes lo dicen olvidan que el Señor perdonaba a los pecadores arrepentidos, mientras que de los que escandalizaban a los niños dijo: ‘Sería preferible que les ataran al cuello una piedra de moler y los hundieran en el fondo del mar’”.
Con la retórica sutil que merecen las calles, en una pared de Piedras al 1200, a metros de la avenida San Juan, una pintada se pregunta: “¿Cree que ser heterosexual tiene cura?”.

Informe: Sebastián Ochoa.

Compartir: 

Twitter

 
SOCIEDAD
 indice

Logo de Página/12

© 2000-2022 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.