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La capa de ozono, vista con lujo de detalles desde el sur argentino

El equipo fue instalado en una base de la Fuerza Aérea en Río Gallegos. Unico en su tipo en América latina, es capaz de medir mediante un rayo láser el espesor de la capa de ozono y la presencia de partículas contaminantes en la atmósfera.

 Por Pedro Lipcovich

Empezó a funcionar en Río Gallegos un aparato único en América latina, destinado a medir, con precisión inédita, el espesor de la capa de ozono y otros fenómenos vinculados con el cambio climático global. El equipo, denominado lidar, funciona sobre la base de rayos láser, que se proyectan a 45 kilómetros de altura. Será operado en un centro de investigaciones de las Fuerzas Armadas asociado con el Conicet. Se lo instaló en esta ciudad austral, no sólo porque la limpidez de su cielo ofrece condiciones óptimas sino, sobre todo, porque está en el borde mismo del “agujero de ozono”, que cada primavera se abre sobre la Antártida y llega al sur de la Argentina y Chile. El sistema también permitirá detectar los “aerosoles”, partículas que el viento traslada a centenares de kilómetros y cuyo análisis permitiría, incluso, evaluar posibles contaminantes atmosféricos originados en la explotación petrolera.
El lidar (de la sigla en inglés Light Detector And Ranging) fue puesto a punto por el Centro de Investigaciones en Láseres y Aplicaciones (Ceilap), dirigido por Eduardo Quel, en el predio del Instituto de Investigaciones Científicas y Técnicas (Citefa) de las Fuerzas Armadas, en Villa Martelli. Desde allí fue trasladado a la base de la Fuerza Aérea en Río Gallegos, donde fue inaugurado por el ministro de Defensa, José Pampuro. El dispositivo –que contó con financiación internacional– trabajará regularmente desde el 15 de agosto.
El aparato proyecta dos rayos invisibles del grosor de un dedo meñique, de láser ultravioleta: ascienden hasta más allá de la capa de ozono, que va desde los 15 hasta los 35 kilómetros de altitud, y, reflejados por las capas superiores de la atmósfera, vuelven a la tierra; pero parte de su energía es absorbida por los átomos de ozono que hayan encontrado en su camino. La luz que regresa a la superficie se recoge mediante espejos cóncavos que la concentran en un punto: desde allí, por fibra óptica, prosigue su complicado viaje para ser analizada por aparatos que establecerán con cuánto ozono tropezó en la estratósfera. Todo el dispositivo está contenido en un recinto del tamaño de un container, y su precisión es más de cien veces superior a la de los anteriores métodos para medir el ozono, basados en el análisis directo de la luz solar.
Tanta precisión puede ser oportuna en momentos en que se procura evaluar si el “agujero de ozono” ha empezado por fin a rellenarse. El adelgazamiento de la capa de ozono, por causa de compuestos fluorocarbonados producidos por industrias, empezó a enfrentarse desde que en 1987 se firmó el Tratado de Montreal, por el cual los países se comprometieron a reducir sus emisiones, pero sus efectos recién ahora pueden empezar a determinarse. La Argentina y Chile son los únicos dos países que, desde la latitud aproximada de Río Gallegos, son abarcados por el agujero antártico, que se abre entre julio y diciembre y alcanza su máximo adelgazamiento entre septiembre y octubre. El aparato instalado en Río Gallegos permitirá medir día por día, para esa zona, la radiación ultravioleta, que se incrementa como consecuencia de la reducción del ozono estratosférico.
Sólo hay 12 “lidares” en el mundo; de ellos, cuatro están en el Hemisferio Sur y uno solo, el que se inauguró ayer, en Latinoamérica. Este cuenta también con otro láser, de luz visible, verde, y éste es el único que, en latitud tan austral, detectará los “aerosoles” y el vapor de agua en la alta atmósfera.
En realidad, todo el mundo conoce un método de detección de aerosoles mediante un haz de luz: es lo que sucede cuando, al entrar un rayo de sol por una ventana, aparecen en el aire, brillantes partículas que habitualmente son invisibles. El lidar efectúa lo mismo, pero a 45 kilómetros de distancia. Durante las pruebas en Villa Martelli, el aparato llegó a detectar, en el aire porteño, partículas contaminantes procedentesde quemas forestales en Tucumán, Mendoza y aun Brasil. En Río Gallegos, se prevé que las partículas provendrán del mar –sales no contaminantes– y de las tormentas de polvo en las erosionadas mesetas patagónicas, pero, también, el análisis de aerosoles “permitirá evaluar efectos atmosféricos de las explotaciones petroleras en la zona”, explicó Eduardo Quel.
En cuanto al vapor de agua, hasta hace pocos años la humedad no ascendía hasta la estratósfera, pero, al aumentar como consecuencia del recalentamiento global, empezó a llegar a esas alturas: “El agua, compuesta por hidrógeno y oxígeno, puede descomponerse en la estratósfera: en tales condiciones interactuar con el ozono, que a su vez está formado por átomos de oxígeno, y reducir el grosor de la capa”, explicó Rubén Piacentini, investigador de la Universidad Nacional de Rosario y el Conicet, quien participó en el proyecto.

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El equipo, denominado lidar, funciona dentro de un container, en un predio de la Fuerza Aérea.
 
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