SOCIEDAD › TIENE 15 AÑOS Y QUIERE CAMBIAR DE SEXO. LOS PADRES LLEVARON SU RECLAMO A LA JUSTICIA

El camino de la identidad de Natalia

Nació varón, pero se siente mujer. A los 13, lo contó en la casa. Desde entonces se viste con ropas femeninas y va a la escuela como alumna. Ahora quiere someterse a un tratamiento de hormonas. Los padres pidieron autorización en la Justicia. El caso abrió un debate sobre el derecho de los menores de edad a la identidad sexual.

 Por Horacio Cecchi

Nati, Natalia, es un nombre ficticio que oculta su verdadero nombre de mujer. Digamos que es un seudónimo periodístico protectivo de su intimidad adolescente. Pero, además, Nati es seudónimo de una historia que ya rebasó nombres e ingresó en los laberintos de la Justicia como un caso jurídicamente inédito, uno de esos casos que los especialistas llaman a sentar jurisprudencia: Nati es una chica de Villa Dolores, Córdoba, de 15 años, que nació con cuerpo de varón y pide cambiar su sexo. Pero por su edad, fueron sus padres –un médico y una docente– quienes hicieron una presentación judicial asumiendo la patria potestad y reclamando a la Justicia que se permita un tratamiento de hormonas para preparar su físico a una futura intervención quirúrgica. “Que le permitan adecuar el cuerpo a su psiquis”, dijo el padre, Javier, a Página/12. El pedido fue rechazado por un juez local, quien sostuvo que la patria potestad no alcanza para sostener una decisión de cambio tan drástica y que deberá decidir la implicada en su mayoría de edad. Ahora el pedido se encuentra en la Cámara de Apelaciones. Entretanto, Nati sigue en Villa Dolores, conviviendo con su interior y luchando a brazo partido con su cuerpo y con la sociedad que la rodea, la contiene según sus miedos y afectos, o la estigmatiza según las categorías aprendidas.
“Soy una chica y quiero el cuerpo que me corresponde”, dijo Nati a La Voz del Interior, que publicó la historia. “Tengo mi grupo de amigas. Ellas me entienden, saben cómo soy y me tratan bien. Los chicos, en cambio, me dicen cosas, creen que soy homosexual. Pero a mí no me gustan los gays, me gustan los hombres con todas las letras.”
Doscientos kilómetros al oeste de Córdoba, con una población de entre 30 mil y 40 mil habitantes, de vocación turística y soporte económico de agricultores paperos, Villa Dolores se descubrió de buenas a primeras en las primeras planas por un caso que rumiaba desde hacía años, pero no terminaba de aceptar. Nati era lo que en el pueblo grande llaman “un secreto a voces”.
Su padre, Javier (también seudónimo protectivo, como el de su esposa y madre de Nati, Alicia) confió a Página/12 que “a los 3 años, mi hija ya presentaba un trastorno en el habla”. “Mi hija”, dirá siempre y en todo momento durante la entrevista telefónica. El trastorno motivó consultas e interconsultas. “Después se fue haciendo una voz fingida, trabada, y fue asumiendo un gran retraimiento y personalidad débil”, agregó Javier. A los 4 años, Nati era motivo de consultas psicológicas que no abandonaría desde entonces.
“No somos de la idea de reprimir porque eso podrá funcionar en un primer momento pero, a la larga, salta por algún lado y es peor”, agregó Javier. Con reprimir hacía mención de “actitudes afeminadas que cada vez se hacían más marcadas”. El juego a vestir la ropa materna no fue un simple juego sino, según lo que se encargaron de decir los hechos, alguna forma de incorporar símbolos de su identidad.
“En un momento parecía algo transitorio. Pero todo fue más allá”, recordó Javier, que en todo momento subrayó: “Nuestra hija presenta un cuadro de transexualismo, que no es lo mismo que homosexualidad. Es un diagnóstico perfectamente tratado en los manuales de Medicina. Es un sexo femenino en lo psicológico y un sexo masculino en lo fisiológico. En algún momento predominó lo psicológico femenino y el fuerte rechazo a sus rasgos masculinos”.
Desde su nacimiento, Nati recibió un nombre masculino y un papel a cumplir en la sociedad representando esa identidad. Pero identidad real y otorgada no coincidieron. Durante años, de forma oculta y tortuosa, Nati fue varón y debió representarlo tanto en sociedad como en familia, incluso para sí. “Vivía conflictivamente situaciones, o las ocultaba, porque sabía que se esperaba otra cosa de él”, dijo Javier. Hasta que a los 13 años su voz feminizada dejó de serlo para empezar a hablarse mujer. “Yo soy una mujer, pero estoy encerrada en un cuerpo de hombre”, les dijo a sus padres, que entonces comenzaban a aprender a entender y a aclarar un recorrido casi tan tortuoso como el que vivía su propia Nati. Esa misma tarde, después de soltar su femineidad en palabras, la presentó en formas: se apareció vestida y maquillada ante ellos como una chica.
“Sentí rechazo, pero no le dije nada –aseguró Javier–. Después empecé a entender. No fue fácil para ninguno. Todo en él, menos su cuerpo, se correspondía con una mujer.”
Alicia reconoció que tan sólo cambiar el nombre de varón asignado por el de mujer elegido por Nati misma fue un tránsito difícil y sostuvo que hubo que hacer un duelo por el chico que no estaba más. Nati tiene un hermano de 17 años y una hermana menor, de 13. En aquel momento, “los hermanos no entendían, aunque desde antes se dieran cuenta –recordó Javier–. Tuvimos que explicarles. Ellos no se opusieron y la ayudaron”.
La sociedad de Villa Dolores no fue drástica de ningún modo pero tragó bilis desde entonces. “Nunca nos dijeron nada –confesó Alicia–, pero sabemos que aquí nos critican por dejarla vestir como una mujer. A su alrededor se hace un gran silencio, ella es algo de lo que no se habla en público, pero nosotros descubrimos miradas, gestos o cuchicheos que la lastiman.”
La decisión de anunciarse mujer, a los 13 años, coincidió con el inicio del secundario. Durante ese año, Nati representó en clases la forma de un Marcos que en familia ya había negado.
“Es algo más que afeminado –dijo a este diario Miguel Angel Ortiz, docente de Sociales durante ese primer año de Nati como varón y vecino del barrio–. Tiene una femineidad concreta, es claramente una mujer en su actitud y en su modo. No tiene un andar sobreactuado. La diferencia es sutil pero no tanto.” Cursaba en la escuela que, además, era espacio de docencia de su madre. “No quiso esa escuela porque no quería proteccionismo –aseguró Javier–. Se cambió a otra escuela el año pasado. Este año ya empezó de otra forma.”
Esa otra forma a la que se refiere el padre surgió de un acuerdo con las autoridades educativas: en lo burocrático, Nati continuó con su documentación de varón a los efectos de la cursada, pero en el terreno que va diseñando la cotidianidad práctica entró vestida como mujer, con las uñas pintadas como cualquier Nati de 15 años, con su nombre de Nati establecido entre sus compañeras, siguiendo las clases de gimnasia con las otras alumnas y utilizando el baño correspondiente a su sexo declamado.
Trámite que deberá continuar con cierta endeblez y cuyo equilibrio dependerá de la voluntad de las partes; hasta que la Justicia se expida sobre un caso en el que no se registra antecedente jurídico, el de un menor de 15 años cuyos padres reclaman mediante el ejercicio de la patria potestad la autorización judicial para efectuar el cambio de sexo. “Lo único que queremos –dijo Javier– es rescatar que solicitamos que se reconozca su derecho de identidad sexual, la aceptación de la diversidad sexual.”
En 2004, cuando la decisión de ser mujer ya había superado el terreno de las palabras, los padres de Nati presentaron un escrito ante el juez del fuero civil de Villa Dolores, Roberto Alvarez, solicitando la autorización judicial que exige la ley para realizar el cambio de sexo. Entonces, aquello que provocó reacciones de diferentes grados y tenores en la sociedad de Villa Dolores ingresó en un terreno casi tan tortuoso como el que vivía la propia Nati: el de los laberintos judiciales. “Este es el primer caso –dijo Héctor Richiazzi, abogado de la familia de Nati– en el que el pedido de adecuación de sexo no es iniciado por el interesado en su mayoría de edad, sino por sus padres, cuando aún no es mayor, apelando a la patria potestad. Ya existieron otros casos en los que se estableció la viabilidad de la intervención, pero el inconveniente de este caso es que no hay antecedentes en el mundo por la corta edad en que se produce. Lo primero que se hizo es requerir un tratamiento hormonal que predisponga al cuerpo a la intervención quirúrgica. El punto es la legitimación de lapatria potestad.” Lo cierto es que la legitimación no tuvo repercusión. El juez rechazó el pedido argumentando que la patria potestad no es suficiente para sostener una decisión de cambio tan drástico y que se deberá aguardar a la mayoría de edad. Los padres de Nati apelaron profundizando sus reclamos de derecho a la identidad y de oposición a la discriminación.
La Justicia ahora deberá decidir. Si el fallo es favorable, Nati iniciará el tratamiento que debería llegar a adecuar su cuerpo a lo que ella siente que es. Si es desfavorable los padres tienen la decisión de continuar hasta la Corte. Entretanto, Villa Dolores sigue rumiando y masticando bilis, intentando que no se note demasiado.

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Natalia, en el medio de mamá y papá. El caso resulta inédito por la edad y por la actitud que adoptaron sus padres.
 
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