SOCIEDAD › EMPRESAS SOCIALES PARA CHICOS EN SITUACION DE RIESGO

Una red con mirada al futuro

Un grupo de profesionales creó un espacio para generar trabajo para chicos en riesgo. Proyectan construir un centro ecológico.

 Por Eduardo Videla

El tratamiento psiquiátrico sigue siendo un estigma, casi tanto como la cárcel: así como los chicos de un instituto de menores tienen una vacante asegurada en una prisión de adultos, los pibes que salen de un neuropsiquiátrico infanto-juvenil tienen tan pocas posibilidades de reinserción social como aquéllos, y su futuro apunta hacia el Borda o el Moyano. En busca de una alternativa a esta realidad, un grupo de profesionales del Hospital Tobar García –un centro de salud mental para niños y adolescentes– generó un espacio para que los chicos puedan desarrollar emprendimientos, semillas de futuras salidas laborales. La primera experiencia acaba de lanzarse en el Abasto, en una casa donde un grupo de chicos en situación de riesgo trabajará en la elaboración de comidas, producción de telares y estampado de remeras. La segunda etapa, más ambiciosa, apunta a la construcción de un centro ecológico, el primero en su tipo en la ciudad de Buenos Aires, con materiales reciclados, huerta ecológica, paneles solares y horno de barro, en pleno barrio de Monserrat, en un terreno que ya fue donado por el Estado porteño.
Los emprendimientos surgen dentro de la línea de las denominadas empresas sociales, “que no apuntan sólo al éxito económico sino a la promoción de las personas”, explica a Página/12 Laura Petsoli, terapista ocupacional del Tobar y una de las líderes del proyecto. La iniciativa se sostiene en una red de alianzas, en la que participa la Facultad de Arquitectura de la UBA, a través de Carlos Levinton, titular del Centro Experimental de la Producción de esa casa de estudios.
Levinton diseñó el “ecocentro” a imagen y semejanza de una casa ecológica que inauguró hace cuatro años en la localidad de Guernica (ver recuadro). Pero además es un entusiasta promotor de las empresas sociales.
“Las propuestas innovadoras, en la universidad, pasan hoy por pornerse en contacto con la problemática social y poner el conocimiento a disposición de los nuevos procesos que se dan en la sociedades, como los clubes del trueque y las ONG solidarias”, dice el arquitecto. “En el caso del Tobar García, los chicos de la facultad se juntan con los del hospital para generar empresas sociales”, agrega.
El proyecto cuenta con el apoyo del director del Tobar García, Roberto Yunes. “Por lo general, cuando los pacientes egresan del hospital no tienen un espacio de contención en la sociedad y, tarde o temprano, vuelven a internarse –dice Yunes a Página/12–. Nuestro objetivo es desarrollar experiencias de intercambio con otras instituciones para construir esos espacios, y armar emprendimientos que puedan autoabastecerse.”
El Tobar García está ubicado en el barrio de Barracas, junto al Hospital Borda. Tiene 64 camas; durante 2001 hubo 289 internaciones y 316 egresos; se atendieron 46.300 consultas y prestaciones en consultorios externos, otras 45.300 en hospital de día, y 21.900 en neurología pediátrica y guardia médica.
Pero la propuesta no apunta sólo a los egresados del Tobar. “Queremos integrar a menores en situación de riesgo, como los chicos de la calle o con problemas de violencia familiar”, explica Laura Petsoli. La Casa Abasto –en Anchorena al 600–, que se presentó este fin de semana, es la experiencia piloto para el grupo: allí trabajarán juntos chicos del barrio con pacientes del Tobar. Ahí también funciona la asociación civil En Camino con Otro, impulsora del proyecto.
Para la construcción del ecocentro, los profesionales ya dieron un gran paso: consiguieron que el Estado porteño donara un terreno de 8,66 metros por 35, en Independencia al 1300. Allí está proyectada la construcción de un edificio de dos pisos, donde está previsto el funcionamiento de emprendimientos gastronómicos, una huerta orgánica con maceteros en terraza para cultivar desde verduras y hortalizas hasta hierbas y plantas ornamentales. La construcción del edificio demandaría una inversión del orden de los 50.000 dólares. La idea de empresa social surgió en el norte de Italia, en la década del 70, de la mano del concepto de desmanicomialización, que consiste en el tratamiento de patologías mentales sin aislar a los enfermos sino integrándolos a la sociedad. Experiencias de ese tipo se llevan a cabo desde hace años en la provincia de Río Negro, y desde allí llegó la psiquiatra Diana Jerez, con antecedentes en la formación de empresas sociales en la provincia. “El objetivo es que cuando el paciente se puede ir del hospital –dice Jerez–, tenga una red que lo sostenga en el afuera: ése es el valor agregado de la empresa social.” Un valor que se multiplica cuando se trata de chicos.
“La sociedad enferma a la gente, la interna para curarla y después, cuando sale, la vuelve a enfermar”, define Levinton. Por eso, deberían ser los mismos actores de esa sociedad los que aporten una solución. “La nueva culturas generan nuevas patologías –dice Yunes–. La sociedad tiene que hacerse cargo de lo que ha generado. No es tanto dinero el que hace falta y a lo mejor alguna empresa puede hacer un aporte.”

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Los chicos en la presentación de Casa Abasto, este fin de semana.
 
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