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La Iglesia quiere que pasen del dicho al hecho

En una andanada de declaraciones, obispos y cónclaves de la Iglesia pasaron del diagnóstico de los problemas a la exigencia de que la clase política comience los cambios.

 Por Washington Uranga

Pasando del diagnóstico a las exigencias concretas, el discurso de la Iglesia Católica se ha ido volcando en las últimas semanas hacia la demanda de traducir las palabras en hechos. Ayer hubo repetidas declaraciones de obispos e instituciones de la Iglesia en esta línea.
El Consejo Presbiteral que reúne a los obispos y sacerdotes de la arquidiócesis de Córdoba dio a conocer un pronunciamiento en el que señala que “nos damos cuenta de que las palabras no alcanzan y, junto a gran parte de nuestro pueblo, especialmente los pobres y empobrecidos, urgimos a las autoridades y dirigentes de la sociedad a un cambio de mentalidad”. El obispo de San Isidro y titular de Cáritas, Jorge Casaretto, sostuvo que “nuestro país necesita gente que viva lo que se dice” porque “debemos ser coherentes y mucho más conscientes de que uno de los mayores servicios que le podemos hacer a la sociedad es tratar de mostrar una vida de fidelidad a los valores que decimos tener”. En la misma línea, el obispo emérito de Viedma, Miguel Esteban Hesayne, afirmó que en la Argentina “hay católicos que se arrodillan piadosamente en los templos y luego lo ultrajan (a Cristo) en el prójimo hasta matarlo con medidas político-económicas que vienen sembrando hambrientos y enfermos, muertes prematuras y resentimientos en todos los niveles de la sociedad”.
El sábado, con ocasión de la celebración del Corpus Christi (Cuerpo de Cristo), el cardenal de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, oró para que la esperanza de “sentarnos un día a la mesa del banquete celestial nos libre de querer sentarnos al banquete de los suficientes y orgullosos, esos que no dejan ni las migas para alimento de los más pobres”. Y aprovechó el cardenal para pedir a Dios que “nos libre de las internas políticas fratricidas que desgajan nuestra patria”, que “nos curemos de la ambición financiera” y que “el gusto del pan compartido nos sacuda del tono murmurador y quejoso de los medios”.
El obispo de Santiago del Estero, Juan Carlos Maccarone, que junto a Casaretto y a Ramón Staffolani integra la Mesa del Diálogo Argentino, sostuvo ayer que “la crisis que vivimos, entre otros casos de injusta y vergonzante distribución de los bienes, nos exige una privilegiada cercanía con los pobres y el sufriente”. Al hablar en su provincia, el obispo santiagueño afirmó que “es hora de una nueva imaginación de la caridad, que promueva no tanto y sólo eficacia de las ayudas prestadas, sino capacidad de hacerse cercanos y solidarios con quien sufre”.
Refiriéndose a la colecta anual de Cáritas, que se celebrará el domingo próximo bajo el lema “Tu gesto de amor multiplica la esperanza”, Maccarone agregó que “el gesto de ayuda tiene que ser sentido, no como una limosna humillante, sino como un compartir fraterno, y actual de tal manera que los pobres, en cada comunidad cristiana, se sientan como en su casa”. En su comunicado el presbiterio cordobés rescató también “la solidaridad creativa de la gente común que diariamente acompaña al sufrimiento de creciente número de pobres”, advirtiendo que “no queremos ni debemos resignarnos a la corrupción en los diversos ámbitos de nuestra sociedad”.
Si bien todos estos pronunciamientos fueron hechos de manera autónoma por diferentes voceros de la Iglesia Católica, queda en evidencia que las preocupaciones expresadas son similares. “Las diferencias sociales, económicas y culturales fueron creciendo de tal manera que hoy coexisten infinidad de grupos que responden cada uno a sus intereses particulares y no logran aglutinarse en torno de proyectos comunes”, agregó Casaretto a modo de diagnóstico. “Hemos perdido ideales trascendentes capaces de impulsarnos a grandes opciones y sacrificios por el bien común”, subrayó para sostener que “la colecta anual de Cáritas busca ser una respuesta frente a la crisis del bien común ya que nos invita a comprometernos asumiendo ideales como la justicia y la solidaridad”. Su colega Hesayne afirmó que para que la Argentina alcance una “mínima paz social” se requiere de “comunidades cristianas comprometidas” capaces de “construir un mundo socialmente comunitario y económicamente participativo, desde relaciones políticas cargadas con tal densidad humana que resurja una Nación fraterna y justa, solidaria y libre”.

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Casaretto criticó a los que no hacen lo que dicen.
 
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