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Domingo, 17 de marzo de 2002

Plan B - Plan C

Duhalde se enfrenta al dilema de seguir con el Plan A de Remes que hasta ahora no le ha dado resultado. O decidir por el Plan B o por el Plan C.

Por Roberto Navarro

El ministro de Economía reconoció en más de una oportunidad que sin apoyo financiero inmediato del FMI su plan se caía. Ahora que quedó claro que los fondos no llegarán en los tiempos que la estrategia de Remes Lenicov requiere, hay varios candidatos a ocupar su puesto, con recetas que, supuestamente, sacarían a la economía del pozo prescindiendo de ayuda externa. En la última semana, Eduardo Duhalde recibió un par de propuestas económicas, a las tuvo acceso Cash. Por un lado, el ex presidente del Banco Central, Javier González Fraga y el consultor financiero Pedro Lacoste le plantearon abrir ya el corralito. La idea le gustó tanto al Presidente que en el Gobierno lo bautizaron como el Plan B. Este consiste en la liberación total de cajas de ahorro y cuentas corrientes y se conseguiría emitiendo alrededor de 20 mil millones de pesos. Gran parte de esa suma se volcaría a comprar dólares, que así se dispararía su cotización por encima de los 4 pesos. Paridad que convertiría a la Argentina en un país de fuerte perfil exportador. Pero Duhalde también recibió otra propuesta, que también lo entusiasmó. El economista del Polo Social, Daniel Carbonetto, le propuso al Presidente suspender el pago de deuda pública por tres años, reestatizar YPF y crear un ingreso universal para los desocupados que permita la reactivación de la economía. Este fue denominado en la Casa Rosada como el Plan C.
Aunque el jefe de la misión del FMI, el indio Anoop Singh, fue cauto en sus opiniones, funcionarios y economistas que hablaron con él entendieron el mensaje. El FMI quiere que se abra el corralito y que el Banco Central no intervenga en el mercado cambiario. Nadie duda que más de la mitad de los fondos liberados se convertirían rápidamente en dólares y que sin intervención del Central la divisa volaría hacia alturas difíciles de calcular. Atrás del superdólar se iría el resto de los precios de la economía. El resultado de esta jugada sería que el Estado conseguiría superávit fiscal, porque aumentaría la recaudación vía inflación y no incrementaría sus gastos al mantener congelados salarios y jubilaciones. A la vez, el nuevo superdólar significaría un abultado saldo comercial con el exterior. Ese superávit fiscal y comercial serían imprescindibles para que Argentina pague su deuda.
En sintonía con esa postura del FMI, González Fraga se posicionó como ministeriable al proponer abrir ya el corralito. El economista que en estos días ha sido mencionado con más posibilidades de reemplazar a Remes Lenicov piensa que, antes de extender la actual agonía, es preferible jugarse a implementar un shock económico. Dice que el país debe arriesgarse incluso a sufrir una nueva hiperinflación, porque, si no se hace nada, el resultado sería el mismo. Y porque, en todo caso, es un costo menor para lograr sincerar la economía y comenzar un período de desarrollo sustentable. Nada dice, en cambio, que con su receta provocaría una brutal caída de los ingresos de asalariados y jubilados.
Daniel Carbonetto es amigo personal de Duhalde y aún confía en que el Presidente cumpla con su palabra de cambiar el modelo. El economista habla de un Estado que recomponga su autoridad y su capacidad para intervenir en mercados monopólicos y oligopólicos. La propuesta de reestatizar YPF tiene como finalidad principal enviar una señal al resto de las multinacionales de que el poder está en manos del Estado y que, si quieren hacer negocios en el país, deben cumplir con las reglas del juego que el Gobierno establezca. Carbonetto apuesta a reactivar el consumo mediante un amplio seguro de desempleo y un plan de obras públicas. Para financiarlo propone utilizar los 3500 millones que el Gobierno se comprometió a emitir en todo el año. Su razonamiento es que si la economía no despega, finalmente se tendrán que emitir 6 mil o 7 mil millones para cerrar las cuentas fiscales.
Los colaboradores que conocen al Presidente y que le acercan distintas ideas consideran que Duhalde es un pragmático; que no le importa si los planes son de uno u otro: si cree que le pueden ser útiles, los toma. Sabeque la ayuda del FMI no llegará a tiempo y que si no cambia sucumbirá al ritmo de la caída de reservas del Banco Central y del derrape de la recaudación. La propuesta de González Fraga y Pedro Lacoste, que ya estuvieron asesorándolo en los primeros días de su gestión, tiene el apoyo de la banca extranjera, que quiere abrir el corralito, y de los grandes grupos exportadores. El plan de Carbonetto lo seduce porque se apropiaría de las banderas de los políticos que, en este momento, tienen mejor imagen: Elisa Carrió y Luis Zamora. Pero también escucha otras voces, que le hablan de planes productivos y de profundas reformas en el sistema financiero. En los próximos días el Presidente se tendrá que decidir. A continuación los principales lineamientos de los planes económicos que estudia el Presidente:
Plan B:
n González Fraga propone liberar totalmente el dinero de las cajas de ahorro y las cuentas corrientes. En total se trata de aproximadamente 37 mil millones de pesos que quedarían a disposición de sus dueños. Una parte seguiría circulando por el sistema bancario, porque es el dinero que utilizan empresas y particulares para realizar operaciones diarias. Alrededor de 20 mil millones podrían salir del sistema para comprar dólares. Como los bancos no cuentan con ese dinero, el Banco Central lo emitiría y se los entregaría a través de redescuentos. Luego la misma autoridad monetaria tendría que vender los dólares que la gente demandaría. A una paridad de 4 a 5 pesos, el Banco Central se desprendería de unos 5000 millones de dólares. En este punto González Fraga disiente con el FMI, que no quiere que el Central intervenga con sus reservas.
n Liberado el dinero de las cajas de ahorro y cuentas corrientes, queda pendiente el tema de los plazos fijos reprogramados. La idea de JGF es canjearlos por un bono estatal. Es decir implementar un nuevo Plan Bónex. De esa manera se liberaría totalmente el sistema financiero y, al no haber más depósitos, en unos meses se eliminaría el índice de indexación CER. Esta es una medida reclamada por las empresas que temen que la inflación les haga perder lo que ganaron con la licuación de pasivos que se concretó con la pesificación de sus préstamos.
n A partir de ahí, la economía fijaría precios con un sistema de indexación en base a metas de inflación similar al que se usa en Chile. JGF y Lacoste piensan que luego de un período de turbulencias, los mercados se calmarían y el dólar encontraría un precio de equilibrio. En ese momento, armarían un Presupuesto creíble y comenzarían a realizar pequeños pagos de la deuda externa para demostrar la voluntad del país de cumplir con sus compromisos. En ese contexto se renegociaría la deuda pública, condición imprescindible para que se reinicie el flujo de inversiones externas.
Plan C
n En los antípodas de la propuesta de González Fraga, que quiere comenzar ya a pagar la deuda, Carbonetto propone suspender de manera unilateral todo pago de capital e intereses por tres años. La idea es canjear los actuales bonos por otros a 30 o 40 años de plazo, con una tasa de interés del 2 por ciento anual. Aunque no impulsa una quita en el capital, un canje en estas condiciones reduciría el pago total en más del 50 por ciento.
n La segunda medida fuerte es la reestatización de YPF. Carbonetto asegura que el país debe recuperar el control directo de ingresos en dólares de un recurso no renovable, como es el petróleo. Pero sostiene que el motivo fundamental para implementar esta medida es que el Estado recupere su autoridad. Para el economista del Polo Social, la actitud de las petroleras, que operan de manera cartelizada, aumentando sus precios a pesar del pedido en contrario del Presidente y se resisten a aceptar retenciones, constituye una insubordinación al poder estatal.
n Carbonetto también impulsa la estatización del sistema de jubilaciones y pensiones, unificando todas las cajas en manos de la Anses. La medidasignificaría ingresos extras para el Estado de más de 4000 millones de pesos anuales, que deberían invertirse en obra pública y construcción de viviendas, para reactivar la economía.
n La otra medida para que despegue el consumo interno sería la creación de un amplio seguro de desempleo, que le dé un ingreso a los que no lo tienen y se convierta en un piso salarial que impida la constante caída de los sueldos de los trabajadores.
n Carbonetto auspicia un sistema de retenciones múltiples a las exportaciones para los distintos sectores, que le asegure al fisco mayores ingresos. La idea es fijar un tipo de cambio a partir del cual efectuar retenciones. Por ejemplo, determinarlo en 1,70 y la diferencia hasta 2,50 de la cotización libre del dólar queda como retención. Pero ese techo sería distinto para cada sector. Los bienes que el país desea desarrollar para la exportación, porque considera que le van a resultar en mayor desarrollo industrial y generación de empleo, sufrirían menores retenciones. Los commodities serían los que tendrían que cargar con un nivel de retenciones mayor.
Con el FMI esquivo para brindar el reclamado auxilio financiero, Duhalde se enfrenta al dilema de seguir con el Plan A de Remes Lenicov que hasta ahora no le ha dado resultado. O decidir por el Plan B o por el Plan C.

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Crisis Economica

El FMI pone cada vez más exigencias a Jorge Remes Lenicov, lo que hace naufragar la estrategia gradualista del Plan A del Gobierno.
Ante esa encrucijada, en la última semana Eduardo Duhalde recibió un par de propuestas económicas.
En el Gobierno las denominaron Plan B y Plan C.
El Plan B fue elaborado por el ex presidente del Banco Central, Javier González Fraga, y el consultor financiero Pedro Lacoste.
Plantea abrir ya el corralito. Emisión monetaria y dólar recontraalto. Y empezar a pagar la deuda.
El Plan C fue preparado por el economista del Polo Social, Daniel Carbonetto.
Propone suspender el pago de deuda pública por tres años, reestatizar YPF y crear un ingreso universal para los desocupados que permita la reactivación de la economía.

 
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