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Domingo, 17 de marzo de 2002

COMO BUSH ESTA VENDIENDO EL DEFICIT QUE VENDRA

El falso guerrero frío

Detrás de la retórica patriótica de Bush hay
un recorte de impuestos que puede causar
un déficit de un billón de dólares.

Por Claudio Uriarte

Podría llamárselo el caso del auténtico falso presupuesto militar. Detrás de una retórica de cruzado contra los países del “eje del mal”, George W. Bush está tratando de esconder lo que realmente constituye el eje rector de su mandato, la única consigna de la que no se aparta según la última persona con que haya conversado: la reducción de impuestos. Y, mediante un truco de prestidigitación político-contable, el presidente está tratando de vestir al emperador desnudo del déficit que viene con los gallardos y vistosos uniformes militares de la “seguridad interior”. Los críticos anticipan un rojo de un billón de dólares para dentro de 10 años, cuando Bush ya no esté en funciones.
La auténtica falsa cruzada empezó poco después del discurso del Estado de la Unión en que Bush anunció la guerra al “eje del mal” encarnado, según él, por Irak, Irán y Corea del Norte. En su mensaje al Congreso sobre el presupuesto 2002, el presidente definió a la “seguridad interior” como su “primera prioridad” y se jactó del “mayor incremento del gasto militar en 20 años”. En un artículo de opinión publicado en el Washington Post con el título “Un presupuesto de guerra”, Mitchell Daniels, director de Presupuesto de la administración, llevó las cosas aún más lejos. Daniels empezó comparando los atentados del 11 de setiembre con Pearl Harbor, y siguió diciendo que, del mismo modo que Franklin Delano Roosevelt había cortado los gastos domésticos para solventar los costos del conflicto, Bush debe ahora hacer lo mismo. “Consecuentemente –escribió Mitchell–, el presidente ha ordenado restringir todas las otras actividades del gobierno.” Pero la analogía no se sostiene. De 1940 a 1945, los gastos de defensa crecieron de un 1,7 por ciento de la economía a un 37,5 por ciento. Por contraste, lo que propone Bush para los próximos cinco años es subir el gasto de defensa de un 3 por ciento del PBI a un 3,3 por ciento.
Lo que se escamotea en esta “matemática borrosa” –la expresión es del propio presidente y fue usada en su campaña electoral para descalificar las propuestas de su competidor demócrata Al Gore– es un cínico pacto de facto entre Bush y el Congreso para disimular el hecho de que la nación se está hundiendo en el déficit gracias a una combinación de despilfarro bipartidario, el republicano a través de la reducción de impuestos, el demócrata a través de una serie de gastos domésticos que ni el presidente ni el Congreso tienen la menor intención de cortar, menos que menos en un año de elecciones parlamentarias como éste. Daniel Mitchell (no confundir con Mitchell Daniels), un economista de la conservadora Heritage Foundation, admitió públicamente que no espera una cruzada contra el gasto. “Políticamente, la razón es que la administración Bush ha decidido, probablemente por muy buenas razones, que ahora existen otras prioridades, y que entrar en una pelea con el Congreso no está entre ellas.” Por el bien de su seguridad interior, desde luego.

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George W. Bush en su última demostración de patriotismo en la base de Fort Bragg.
 
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