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Domingo, 30 de enero de 2005

¿Cómo frenar la caída del dólar?

 Por Maximiliano Montenegro

No es un chiste. Esta semana las reservas del Banco Central superaron los 20.000 millones y la discusión que acaparó la atención de economistas, funcionarios de Lavagna y del Banco Central se resume en una pregunta: ¿cómo frenar la caída del dólar? No hace mucho se pensaba que los capitales extranjeros (y los de argentinos enviados al exterior) no volverían jamás al país, y se buscaba perfeccionar los controles de capitales para cerrar la salida de aquellos que no lograron fugarse antes del derrumbe de la convertibilidad. Hoy, en cambio, en el Ministerio de Economía se evalúa mejorar las barreras a la entrada de capitales financieros, porque se cree que, de resultar exitoso el canje de la deuda, una lluvia de inversiones especulativas podría planchar el dólar. Después de la desastrosa experiencia convertible, nadie mira ya la apreciación del peso con simpatía. Es, más bien, un factor que resta competitividad a la producción local y socava la sustentabilidad del nuevo modelo económico.

Esta polémica entre economistas y “hacedores de política” se vincula con un viejo fantasma, que algunos ven al acecho una vez más en la economía argentina: la inflación.

“Nuestra estimación de inflación (aislando factores estacionales) de diciembre fue de 1,4 por ciento, muy por encima del 0,8 por ciento del IPC. Esto refuerza la percepción de una aceleración de la inflación a principios de 2005”, advierte el último informe de Santander Investment. Y agrega que “el riesgo de este rebrote inflacionario” pareciera confirmado por las estimaciones del Central para enero, que extraoficialmente hablan de un IPC del 1,5 por ciento.

“Vos tenés que mantener el dólar a 3 pesos”, cuentan en Economía que le habría ordenado Néstor Kirchner al titular del Banco Central, Martín Redrado. Para sostener el tipo de cambio cercano a esa cotización el Central compró en diciembre un promedio de 61 millones de dólares diarios, porque a la avalancha de liquidación de dólares de los exportadores se agregó que se cortó, por primera vez desde la devaluación, la salida de capitales financieros. Para hacerlo, tuvo que darle a la “maquinita” y emitir unos 900 millones de pesos semanales. A ese ritmo en 3 meses hubiera quedado colmada la pauta de emisión acordada con el Fondo Monetario para todo el 2005. Por eso, en enero, el Central cambió de estrategia. Disminuyó la compra de dólares a un ritmo de 12 millones diarios, y buscó absorber pesos de la economía mediante diversos instrumentos. Uno de ellos, la emisión de Lebac (Letras del Banco Central) tienen el riesgo de presionar sobre la tasa de interés, algo que se contradice con los objetivos de estimular el crédito barato para apuntalar la expansión.

Para algunos consultores y funcionarios la expansión desmedida de los pesos circulantes en la economía es la causa del regreso de la inflación. Tal interpretación suele ser habitual entre los economistas más ortodoxos, para quienes un excedente de emisión monetaria per se es motivo suficiente para avivar el nivel general de precios. Otros, como Roberto Frenkel, aseguran que nadie sabe a ciencia cierta cuál es el nivel de dinero “óptimo” para el funcionamiento de la economía argentina. Y que mientras haya capacidad instalada ociosa en las empresas o márgenes para aumentar salarios desde niveles tan bajos no hay que preocuparse de la inflación (ver aparte).

Esta semana el dólar tuvo dificultades para hacer pie en 2,95, porque a los dólares que aportan los exportadores se sumaron ventas de dólares de bancos y financistas particulares que vieron en los bonos en pesos indexados por inflación una atractiva alternativa de inversión.

Para evitar que el dólar caiga por debajo de 2,90, o incluso de 2,80, en el escenario posdefault –siempre en la hipótesis de éxito del canje– en el equipo económico evalúan aplicar controles a ingreso de capitales financieros de corto plazo, bajo un modelo similar a los que se aplican enChile desde la década pasada. Es un esquema que el FMI siempre aceptó a regañadientes, porque para los burócratas de Washington el modelo ideal es la liberación total de la cuenta de capitales, tal como se aplicó durante la convertibilidad.

En la página 6 de este suplemento, Claudio Zlotnik revela las medidas en estudio:

• Un impuesto a los capitales que permanezcan en la Argentina menos de seis meses.

• Extender de 6 meses a 1 año el plazo mínimo que deben permanecer en el país los capitales invertidos en activos financieros (bonos, acciones).

• Imponer un encaje no remunerado de entre 20 y 30 por ciento a esos capitales.

Curiosa paradoja la que enfrenta la política económica. Si el canje resulta exitoso, Lavagna buscará moderar la acumulación de reservas, procurando apuntar el dólar no muy abajo de los 3 pesos, e imponiendo barreras al ingreso de capitales de corto plazo. Ahora bien, de fracasar, la discusión sería otra. Y volverían a cobrar relevancia las preguntas de siempre. Por ejemplo, ¿es mucho o poco 20.000 millones de dólares para garantizar la estabilidad del peso, y disuadir una corrida cambiaria ante un cambio de expectativas?

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Los presidentes de Argentina y Brasil, Néstor Kirchner y Lula, buscan relanzar el Mercosur antes que sus deficiencias lo inutilicen.

• La idea sería apuntalarlo en 2,90, pero en Economía admiten que podrían bajar de ese umbral.


• El regreso de la inflación en diciembre y enero sería uno de los motivos del cambio en la estrategia del Banco Central, que restringió en el último mes la compra de dólares.


• Para los economistas ortodoxos, sería preferible dejar caer el tipo de cambio, que seguir expandiendo la emisión monetaria para comprar dólares.


• Otros consideran que lo importante es cuidar el dólar alto, y descartan que exista el peligro de un rebrote inflacionario.

 
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