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Domingo, 30 de enero de 2005

ENFOQUE

El fin del modelo financiero

Por Federico Poli *

La economía argentina está exhibiendo claros signos de fortaleza, gracias a un tipo de cambio real competitivo compatible con un empresariado nacional en condiciones de motorizar el aparato productivo del país.

Los precios relativos vigentes, junto a la solidez de las cuentas fiscales y externas, configuran un escenario de estabilidad y previsibilidad que estimula las decisiones de producción, inversión y exportación de los empresarios argentinos.

La reconfiguración de un modelo de crecimiento con perspectivas de sustentabilidad, está siendo posible gracias al reconocimiento del potencial de nuestro aparato productivo y de la importancia de diseñar un marco viable que siente las condiciones para su desarrollo.

Una de las características salientes de la actual recuperación económica es que ha sido en buena medida motorizada por la inversión. Esta variable ya lleva ocho trimestres consecutivos de crecimiento, a lo largo de los cuales logró duplicar su nivel.

Desde el año 2003 la inversión se está expandiendo cerca de cinco veces más rápido que la actividad agregada, lo que le está permitiendo recomponer su relación con el PBI, pasando de representar sólo el 10,5% del producto a inicios de 2002, a más del 18% del PBI en el tercer trimestre de 2004, registro que no se alcanzaba desde fines del año 2000.

Ahora bien, en lo que se refiere a la composición de la inversión, si bien su crecimiento alcanza tanto a la destinada a la construcción como a la orientada a equipo durable, la tasa de recuperación de esta última resulta superior a la de la primera, reflejando que no se trata sólo de una inversión en “ladrillos” sino una importante inversión en maquinaria productiva.

Se trata, además, de una inversión con características totalmente opuestas a las del pasado: con una fuerte orientación hacia los sectores transables de la economía, motorizada básicamente por los proyectos de pequeñas y medianas empresas, y financiada íntegramente con ahorro interno.

Esta última característica explica por qué la actual fase de expansión no depende de la disponibilidad de recursos externos y, en consecuencia, no está amenazada por la “brecha externa” como sucediera tantas veces en el pasado.

Al mismo tiempo, la conjunción de un tipo de cambio competitivo y la presencia de superávit gemelos (fiscal y de cuenta corriente), coloca a la Argentina en una situación de menor vulnerabilidad frente a los shocks externos.

Por otra parte, la presencia de superávit gemelos tiene importantes implicancias sobre el sector privado ya que, al reducir las necesidades de financiamiento del sector público, éste no desplaza al sector privado de los mercados de capitales, lo que permite reducir las tasas de interés.

Las reducidas tasas de interés actualmente vigentes están reflejando otra importante característica distintiva del actual modelo, relacionada con la desvinculación de la histórica relación entre esa variable y el tipo de cambio. Hoy tenemos las menores tasas de interés de los últimos tiempos con un tipo de cambio competitivo, y no la perversa combinación desobrevaluación cambiaria y altísimas tasas, que destruyeron toda capacidad de producción a lo largo de nuestra historia.

Asimismo, es de esperar que en la medida en que se continúe fortaleciendo el proceso inversor, también se fortalezca nuestro sector exportador. Es decir, dada la alta utilización de la capacidad instalada en la industria, la inversión resulta fundamental para incrementar la producción y la capacidad exportable.

De hecho, desde mediados de 2003 la inversión neta es positiva, es decir que su ritmo de crecimiento es superior a la depreciación del stock de capital existente, dando lugar a una expansión de la capacidad productiva y de infraestructura de la economía.

Estos incrementos en la capacidad de producción, a su vez, se verán potenciados en los próximos meses por los beneficios derivados de la ley de promoción de inversiones, concebida para brindar al sector privado incentivos adicionales para consolidar el dinamismo del proceso inversor en curso.

En este contexto de ampliación de la capacidad instalada, es dable esperar que los mayores volúmenes de producción permitan realimentar el sostenido crecimiento que exhibe la actividad exportadora desde los últimos meses de 2002.

En lo que respecta al año 2004, durante los primeros once meses las exportaciones acumularon un valor cercano a los u$s 31.500 millones, valor record de la serie histórica y que representa un 16 por ciento más que el nivel alcanzado durante igual período de 2003 y 33 por ciento más que el del año 2002.

Pero aún más interesante es analizar lo que sucede al nivel de grandes rubros. Contrariamente a lo sucedido en los últimos años de la convertibilidad, cuando los productos primarios y los combustibles lideraban el crecimiento de las exportaciones, a partir de la devaluación las manufacturas se han convertido en el motor de las ventas externas, protagonismo que no se registraba desde 1997, con incrementos interanuales mayores al 20 por ciento en el último año.

En particular, si en un principio fueron las manufacturas de origen agropecuario (MOA) las que más contribuyeron al crecimiento de las exportaciones, a partir del tercer trimestre de 2004 el liderazgo recayó sobre las manufacturas de origen industrial (MOI). Incluso, a diferencia de lo sucedido con los productos primarios y los combustibles, las ventas externas de manufacturas están registrando importantes aumentos en términos de cantidades exportadas, y no sólo de precios.

En efecto, los datos correspondientes a los primeros once meses de 2004 indican un incremento de las cantidades exportadas del 11 por ciento en el caso de las MOI y del 8,5 por ciento en las MOA, que contrastan con las tasas negativas verificadas para los productos primarios y los combustibles.

En términos generales, el dinamismo que está evidenciando la actividad exportadora, le ha permitido incrementar su contribución al crecimiento relativo del PBI, participación históricamente de escasa significación. De hecho, en el tercer trimestre de 2004, el peso de las exportaciones en la variación del PBI alcanzó el máximo de la serie desde 1993, ubicándose en un nivel similar al registrado por la inversión, aunque por debajo del correspondiente al consumo privado.

En conclusión, estamos frente a la oportunidad histórica de romper con un modelo de valorización financiera de tres décadas, consolidando un verdadero modelo productivo. El futuro no está garantizado sino que depende de lo que hagan el sector público y el sector privado para consolidar este proceso.

* Subsecretario de la Pequeña y Mediana Empresa y Desarrollo Regional.

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