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Domingo, 29 de abril de 2007

CRECIMIENTO DEL PRESUPUESTO EN INVESTIGACION CIENTIFICA Y TECNICA

Apuesta al desarrollo

Los recursos destinados a I+D han aumento en los últimos años. De todos modos, ese presupuesto en relación con el PIB sigue siendo menor al de otros países de la región.

 Por Natalia Aruguete

La inversión en investigación en Argentina estuvo sometida a los vaivenes de la coyuntura económica en los últimos años. El gasto en Actividades Científicas y Tecnológicas (ACyT) equivalía al 0,50 por ciento del Producto Interno Bruto en 1997 (1466 millones de pesos), descendió al 0,44 por ciento en el peor momento de la crisis (1388 millones) y retomó la tendencia ascendente a partir de 2004, hasta llegar al 0,61 por ciento el año pasado (3630 millones). Según datos oficiales, este año se destinará a la ciencia un 0,67 por ciento (4504 millones de pesos). Sin embargo, aún se encuentra en niveles inferiores a los destinados por países avanzados y por sus pares de la región, y recién en 2010 el Gobierno tiene planeado llegar al 1 por ciento sugerido por la Unesco, mínimo que un país debe invertir en investigación para no perder el tren del desarrollo.

Las ACyT incluyen Investigación + Desarrollo (I+D), actividades en bibliotecas y museos, recolección de datos sobre fenómenos socioeconómicos, ensayos, normalización y control de calidad, actividades en materia de patentes y licencias y servicios de asesoría.

Según datos de la Secretaría de Ciencia y Tecnología (Secyt), en 2005 el país aportaba 0,46 por ciento del Producto para I+D, Australia el 1,77 por ciento, Estados Unidos el 2,66 por ciento y Japón el 3,18 por ciento. Mientras que en Sudamérica, Brasil y Chile invertían en 2004, 0,91 y 0,70 por ciento respectivamente.

El investigador del Conicet Mario Albornoz destacó que si bien “este gobierno le presta atención a ciencia y tecnología, el dato (0,67 por ciento) es bajo. Por otro lado, medida en dólares, la inversión argentina no recuperó los niveles previos a la devaluación y esto tiene efectos negativos sobre la actualización de equipamientos, que son caros y se pagan en dólares”.

Dentro del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología –integrado por las universidades, los institutos provinciales, el Conicet y organismos nacionales como el INTA, el INTI, la Conea y el INA, entre otros–, el gasto en Recursos Humanos alcanza los dos tercios del total invertido y aproximadamente un 10 por ciento se dispone para equipamiento. Argentina mostró un crecimiento en su aporte a la producción científica internacional en el período 1992-2002. Sin embargo, no pudo mantener su posición relativa en la región. En 1990, la producción local representaba el 21 por ciento del total latinoamericano, equivalente al 60 por ciento del total brasileño y al 137 del mexicano. En 2004 representa tan sólo el 15 por ciento del total regional, habiendo pasado al tercer lugar, luego de Brasil y México, afirma un estudio del Centro Argentino de Información Científica y Tecnológica (Caicyt).

Una constante de la innovación es que el sector público invierte más que los privados, cuando en países industrializados la contribución de las empresas suele superar los 2/3 de la inversión total en desarrollo tecnológico. Es necesario “generar mecanismos innovadores para que el sector privado aumente su aporte en innovación”, opinó Albornoz. El Plan Estratégico Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, impulsado por el titular de la Secyt Tulio Del Bono, propone aumentar la proporción aportada por el sector privado, a partir de “una creciente dinámica empresarial apoyada por instrumentos públicos de promoción”. Según las proyecciones de esa Secretaría, en 2010 la inversión en innovación será de 8918 millones de pesos.

La tendencia concentradora en lo económico y centralizadora en lo geográfico del avance científico se mantiene a nivel mundial. Las grandes firmas invierten en innovación en los países centrales y se limitan a patentar aquí sus licencias. Para el investigador Enrique Valle, esto se debe a que “hay una ausencia de legislación que las obligue a invertir aquí, como sí se da en otros países, mientras que las Pymes no tienen tradición ni demasiadas posibilidades para destinar parte de sus ganancias a investigación”. La Secyt busca revertir estas dos tendencias. “Se están generando mecanismos que estimulen a las empresas que funcionan en Argentina y en el Mercosur a que inviertan en desarrollo tecnológico aquí”, expresó el director Nacional de Planificación y Evaluación, Jorge Fontanals. En diálogo con Cash, el funcionario agregó que por primera vez el Fondo Tecnológico Argentino “está promoviendo que los proyectos sean presentados en forma conjunta por empresas y organismos de desarrollo tecnológico”. En este escenario, los principales clientes del Fontar son Pymes y aproximadamente cincuenta grandes compañías invierten en innovación en el país, entre las que se encuentran Techint, Arcor, el laboratorio Biosidus y la empresa mixta de tecnología satelital Invap.

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En el país, en innovación el sector público invierte más que los privados.

Claves

La inversión en investigación en Argentina estuvo sometida a los vaivenes de la coyuntura económica en los últimos años.

Según datos oficiales, este año se destinará a la ciencia un 0,67 por ciento del PIB: 4504 millones de pesos.

Recién en 2010 el Gobierno tiene planeado llegar al 1 por ciento sugerido por la Unesco, mínimo que un país debe invertir en investigación para no perder el tren del desarrollo.

Medida en dólares, la inversión argentina no recuperó los niveles previos a la devaluación.

La tendencia concentradora en lo económico y centralizadora en lo geográfico del avance científico se mantiene a nivel mundial.

 
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