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Domingo, 17 de mayo de 2009

EL BAUL DE MANUEL

 Por Manuel Fernández López

El baúl de Manuel Quintana

Manuel Quintana (1835-1906) fue, después de Caseros, un alumno de Clemente Pinoli en la cátedra de Economía Política. Fue rector de la Universidad de Buenos Aires y, durante los últimos 17 meses de su vida, presidente de la República Argentina. En el único mensaje que alcanzó a presentar en el Congreso de la Nación, destinó un apartado a la cartera de Agricultura, que estaba a cargo de Damián M. Torino. Del texto se desprende una refutación de la tradicional fábula argentina acerca de la “mágica” capacidad productiva del suelo arable en estas latitudes. La agricultura es una actividad históricamente nueva en el país. Los habitantes originarios no araban, eran cazadores o recolectores. Cuando se inició la agricultura, la tierra estaba compactada y no se prestaba a recibir y hacer fructificar la simiente sin una previa primera rotura. Pero ésta no se pudo hacer sola, sino en virtud de una decisión de hacerla, tomada por la máxima autoridad de la República: hacían falta trabajadores con práctica en agricultura de buena calidad, pero debían traerse de Europa y organizar su traslado y su instalación en el campo. Se necesitó un plan y condiciones favorables para la producción: “El aumento de la población del país por la inmigración; la situación económica halagüeña, producida por los óptimos resultados de las últimas cosechas, y las buenas condiciones en que se hallan las colonias y los agricultores, han influido decisivamente para acusar en la estadística agrícola un aumento considerable de los cultivos. En el año 1895, la extensión total sembrada en la República ascendía a 4.892.005 hectáreas, mientras hoy tenemos 12.000.000. Los tres productos principales: trigo, lino y maíz, que, en el año 1902-03, ocupaban 6.803.000 hectáreas de cultivo, se han extendido, en el año 1904-05, en 1.600.000 hectáreas más. La producción de estos cereales sumará 7.900.000 toneladas, lo que importa un aumento de más de 1.000.000 de toneladas sobre el año anterior. Entre los diversos factores que han influido para este resultado, deben contarse la estabilidad de la moneda, fijada por la ley de conversión y en virtud de la cual la agricultura no es hoy un negocio aleatorio por la incertidumbre constante sobre el premio del oro; el precio remunerador de los productos en los mercados extranjeros; y la prolongación de las vías férreas a regiones aptas para los cultivos”.

Damián M. Torino

Entre nosotros, un economista olvidado es el salteño Damián Marcelino Torino (1862-1932): en 1889 participó en la fundación de la Unión Cívica de la Juventud, origen de la Unión Cívica. Doctorado en jurisprudencia, fue juez en Salta y Tucumán e intervino en procesos resonantes de la época. Ejerció la abogacía y el periodismo; diputado nacional por Salta en 1900-04. Ministro de Agricultura de la nación con Manuel Quintana. En este cargo asignó importancia a la educación agraria, como atestigua el siguiente párrafo del mensaje de Quintana al Congreso (1905): “En estos últimos tiempos, la enseñanza agrícola ha recibido un impulso considerable. Funcionan, en la actualidad, seis escuelas agrícolas primarias de carácter esencialmente práctico y destinadas a suministrar los conocimientos de agricultura y ganadería suficientes para el manejo de una chacra. Funcionan, también, una escuela de vitivinicultura y una estación enológica anexa; las escuelas prácticas secundarias de Córdoba y Villa Casilda destinadas a formar peritos para la dirección de grandes establecimientos agrícolas o ganaderos y, por último, el Instituto Superior de Agronomía y Veterinaria de la Chacarita, establecimiento científico y superior destinado a preparar al ingeniero agrónomo y al doctor en veterinaria. Es ésta la primera vez que los tres grados, primario, secundario y superior, de la enseñanza agrícola funcionan en el país”. Vinculado a la familia Uriburu por su casamiento con Amelia Uriburu. Publicó en 1912-19 trabajos que documentan la vida económica argentina en la segunda década del siglo. En 1912, El problema del inmigrante y el problema agrario en la Argentina. Allí decía: “Nuestra ganadería aún es la industria aristocrática que tiene la República; patrimonio casi exclusivo del grande y rico terrateniente, a ella se hallan vinculadas las tradiciones de nuestros más antiguos y pudientes apellidos, notándose en los que los llevan, cierto orgullo y amor propio en ser los conservadores de esta tradición, hacia la que se sienten irresistiblemente atraídos” (p. 153). Poco después, en 1914, publicó Estudios económicos (primera parte), obra que continuó en 1917 con Estudios económicos (segunda parte): Política bancaria y financiera argentina. El problema vitivinícola de Mendoza (1918). Política económica argentina después de la guerra (1919).

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